España

El relato indecente

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Permítanme que les cuente una pequeña anécdota: En cierta ocasión necesitaba comprar un par de zapatos nuevos, de los llamados “24 horas” (que al parecer es una marca comercial que ha terminado por denominar el género) para mi trabajo. Me acerqué a una tienda de ropa especializada, una “central de uniformes”, en las que además de ropa profesional de todo tipo, también tienen calzado variado para los sufridos pies de los trabajadores. Me probé un 46 y me quedaba largo, así que la dependienta me sacó otro par del 45 y finalmente me quedé con éstos. Volví al mostrador con ambas muestras, pagué el par elegido y me fui.

Justo antes de salir hacia el trabajo, pasadas unas horas de la compra, saqué los zapatos de la caja, ajusté los cordones, me los puse y me monté en el coche sin apenas caminar con ellos. Ya en el trabajo, notaba algo extraño en el pie derecho, como cierta holgura, pero como siempre me han quedado los zapatos más holgados en el pie derecho (o más justos en el izquierdo, que lo tengo un poco más ancho), no le di mayor importancia. Al cabo de un par de horas, en plena madrugada, la sensación de holgura me pareció mayor. Tanta, que miré los números en la suela y me di cuenta de que la dependienta había desparejado las dos cajas y me había dado un 45 para el pie izquierdo y un 46 para el pie derecho. Me cabreé considerablemente, porque ahora tendría que verme en la desagradable situación de devolver un zapato usado, aunque sólo fuera por ocho horas, y porque además tendría que ir de nuevo a la tienda, enfrentarme a la más que probable mala cara de la dependienta, pelear para que reconociera su error (inocente, pero suyo al fin y al cabo; y habitualmente las tiendas no reconocen sus errores) y porque estaba cansado y me iba a tener que acostar al menos dos horas más tarde de lo que tenía previsto.

Finalmente el cambio lo hice sin mayor problema, aunque no sin malas caras. Lógico: Poniéndome en el lugar de la tienda, no sólo habían cometido un error de lo más tonto, sino que habían arruinado el segundo par que quedaba primero desparejado y ahora emparejado pero medio usado, por lo que era lógico que no les hiciera ninguna gracia. Pero reconocieron que no tuve otra opción: Ni podía dejar mi puesto para cambiarme de zapatos, ni podía ir a la tienda a las dos de la mañana.

De vuelta en casa, ya en la cama, mientras invocaba el sueño, pensé: ¿Cómo lo contará la dependienta? “¡Vino un tipo a devolver unos zapatos usados! ¡Qué poca vergüenza tiene la gente!”. Reducida la historia a la mínima expresión, puede parecer algo completamente diferente. Omitiendo el error para justificarse, aplicando un juicio de valor inmediatamente después, también. Lo he visto muchas veces en primera persona y en estos días lo veo continuamente en prensa y televisión. Imaginen el relato: “Se fue a trabajar y aunque se dio cuenta de la confusión, siguió usando los zapatos. Al día siguiente fue a la tienda y devolvió los zapatos, sin el más mínimo remordimiento por entregarlos desgastados, poniendo además el puesto de trabajo de la dependienta en peligro y haciéndola responsable de compensar al comercio del error con cargo a su nómina”. Tal cual.

En estos días se está hablando mucho de Pablo Iglesias, de su partido Podemos y de sus vínculos supuestos con Venezuela, entre otras tantas acusaciones. Todos los días se publican noticias y comentarios que reducen a la mínima expresión la información y amplifican la tendenciosidad con un enfoque sesgado. Al igual que mi pequeña anécdota, la realidad es manipulable mediante la elección de las palabras con que se describe. No es difícil imaginar el titular: “Pablo Iglesias devolvió unos zapatos usados en Alcampo”. Menudo hijo de su madre, el “coletas”.

Todo este ruido mediático, procedente de los medios conservadores, patrióticos, nacionalcatólicos y democristianos, tan píos ellos, es la sinfonía del relato indecente de la realidad que cada día martillea a la opinión pública española. Desde sus atriles no se hace periodismo porque no se informa de manera objetiva, ni tampoco se opina con honestidad, porque hacen la guerra con armas de tergiversación masiva y han declarado el “sin cuartel” a favor del Gobierno. Y si su guerra ya era cruenta frente a la izquierda rosa pálido del PSOE, frente a la izquierda rojo intenso de Podemos está al borde de llegar al punto de fusión.

Mientras a Pablo Iglesias se le acusa de haber “asesorado al régimen chavista de Venezuela” sin decir en qué ni con qué efectos, se oculta deliberadamente que España ha vendido todo tipo de armamento y equipamiento militar y antidisturbios a Venezuela durante años con PP y PSOE al frente del Gobierno. El relato indecente de la realidad también consiste en ocultar a la opinión pública aquello con lo que contrastar las verdades monolíticas y sectarias que se les pretende contagiar. Y lo que es peor: se transmite la idea de que un politólogo profesor de univerdad que comparte sus ideas teóricas con un gobierno extrajero es mucho más peligroso y dañino que las armas que ese gobierno pueda emplear en la práctica contra sus ciudadanos, salpimentado con la hipocresía y el cinismo de ser quienes satanizan los mismos que se lucran con el negocio del diablo. No será un medio conservador quien critique al Ministerio de Defensa ni a las empresas contratistas españolas que se lucran bajo su ala el que armen al régimen venezolano. Eso no; eso forma parte del juego del poder, que como sabemos, está por encima de la moral en minúsculas de los defensores de la moral en mayúsculas.

Amazon.es comienza a funcionar :D

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En Microsiervos echan un vistazo a la página de Amazon.es.
De momento en lo relativo a libros, como comentan en Microsiervos, Amazon no podrá marcar ninguna diferencia, ya que los precios están marcados por ley, aunque esto no afecta a los libros de editoriales extranjeras (una buena excusa para empezar a leer en inglés). Sin embargo, en el resto de artículos podrá hacer sus descuentos y promociones habituales.

Una particularidad de la tienda inglesa es el llamado FREE Super Delivery, por el cual hacen envíos gratuitos a España (incluso Canarias). En la página española no hay nada parecido, quizás por una falta de acuerdo con Correos. Lo que sí se mantiene, por suerte para los que vivimos fuera de la fiscalidad IVA, es el descuento del 18% respectivo en nuestras compras.

Acabo de hacer un simulacro de compra (es decir, he llegado hasta el punto previo a confirmar el pedido) en la página .ES y la .UK, y el artículo elegido me sale más barato en el dominio español de la famosa tienda. Quizás sea por el cambio de divisa; no lo sé. La cuestión es que no podríamos estar más de enhorabuena. Lástima que este desembarco de Amazon en España se haya dado en una época de crisis en la que los bolsillos de los españoles tienen poco que salvar a final de mes para gastar en artículos de ocio.

Algo que habría que recalcar (aunque posiblemente los usuarios lo noten en seguida) es que muchos de los productos ofertados son comunitarios, bien del propio Reino Unido o de otros países europeos. Por ejemplo, si buscamos una edición en blu ray de alguna película, nos van a salir las ediciones de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia… hay que tener mucho cuidado con esto a la hora de elegir. Tiene su lado positivo, y es que muchas veces las ediciones de otros países son bastante mejores que las españolas. Para los que aman el doblaje (servidor es fanático de la V.O., así que no es mi problema) esto puede ser un inconveniente, ante la falta de pistas en castellano.

En definitiva… creo que la llegada de Amazon a España es una gran noticia. Ahora sólo falta que tengamos más dinero para hacer compras online (de ilusiones también se vive).

Nota: Después de hacer pruebas con diversos artículos, he comprobado que en función de cuáles sean, la compra puede salir más barata en un dominio o en otro. Así que habrá que tener a mano una calculadora e ir mirando los precios de cada artículo para ver en cuál de los dos Amazon nos oferecen el mejor precio…

Los patriotas

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En estos días resulta imposible disociar fútbol de política. No es que sean como aceite y agua en el común de las fechas del año, pero se ha intensificado la guerra de trincheras en las últimas horas a cuenta de esos advenimientos mesiánicos populares conocidos como “los clásicos”, esta vez por partida cuádruple, en poco más de dos semanas.

Se veía venir. Los ánimos andaban caldeados y gente como yo, que no sigo el fútbol por sano desinterés, ha terminado absorbida por la carga noticiera en cualquier medio que consulte. Los periódicos en papel y en edición digital, los foros de opinión, las redes sociales… bullen. Y es imposible abstraerse. Al final te enteras de todas las miserias humanas que están rodeando los encuentros entre los dos equipos más grandes y simbólicos de la liga española, Real Madrid y F.C. Barcelona. Y al final, uno participa, tanto como testigo del disparate como opinando sobre él.

No es cuestión de concatenar las tonterías que se han dicho y hecho por unos y otros en los últimos días, especialmente desde el último sábado, cuando se jugó el primero de los episodios de esta tragedia nacional (internacional, dirán algunos) concentrada, sino que basta con la última perla de la idiocracia española en estado puro:

http://www.marca.com/2011/04/19/futbol/copa_rey/1303218831.html

“Los madridistas quieren llenar Mestalla de banderas españolas”

El símbolo como arma arrojadiza. Eso sí, “sin violencia”, dicen. Preguntémonos ahora qué es violento y qué no. Por qué un desprecio violenta el ánimo y las ideas igualmente que un directo al rostro y una patada en la espinilla. Por qué la sinrazón y la intolerancia hacen estragos en el estómago como la más aguda de las gastroenteritis. Esta iniciativa que han inventado y están promoviendo desde sectores de aficionados del Real Madrid es una llamada a la confrontación, inútil, entre posturas opuestas, que por chillar más alto no van a entenderse jamás. A los barcelonistas que se consideren españoles el símbolo les redunda y a los que no, los solivianta. ¿Para qué sirve, entonces? Para meter el dedo en el ojo y remover.

El símbolo como ejemplo de cinismo. En 2009, las hinchadas del Athletic de Bilbao y el Barcelona silbaron durante el himno español. Fue una manifestación libre y popular, ejemplo de libertad de expresión, pero innecesaria, y sobretodo, ridícula de puro incongruente. La Liga todavía puede tomarse como una serie de encuentros de equipos “confederados” que no coinciden en nada más, obviando que dicha liga se denomine española, pero esta competición es la Copa del Rey de España y no hay más Santo Tomás, se toma o se deja, libremente. Tan libres son unos de sentir inspiración por lo que representa como son otros de rechazarla de pleno y no participar en ella. Lo que resulta verdaderamente absurdo es adherirse libremente a una actividad netamente simbólica y aborrecer el símbolo en sí mismo, para luego volver a abrazarlo al final (a la copa y al monarca). Es el colmo del cinismo. Como también lo es querer integrar en nuestra realidad realidades ajenas que no estamos dispuestos a tolerar. Si tanto preocupa a los contrarios al nacionalismo que los catalanes sigan siendo parte de su país, ¿por qué tanto rechazo a su identidad, su cultura, su idiosincrasia? ¿Cómo se puede pretender poseer algo que se desprecia? Cínicos.

El símbolo como muro de separación. Cataluña y España se están separando. Y lo están haciendo a nivel social y psicológico, algo mucho más temible y alarmante que la separación administrativa que tanto temen y esperan unos y otros. La historia política reciente es una colección de desencuentros desde los ámbitos judiciales y políticos, y ahora, las brisas con las que a algunos tanto les gusta avivar las brasas para arrimarse al colorcito se están tornando en huracanes. El fútbol y las pasiones que concita están haciendo de combustible y convirtiendo la hoguera a la que muchos se acercan por interés en conflagración que va a engullirnos a todos, en una pira fúnebre de los lazos entre Cataluña y el Estado. Esta “iniciativa de las banderas” es un ataque al sentido común y a la tolerancia. Puro enfrentamiento, por el mero placer de ejecutarlo, participar en él y gozar de unos minutos de camarilla gregaria, pero nada más. No va a convencer a nadie. No sirve para convencer a catalanistas de lo maravilloso de ser español. No sirve para ganarse el respeto de los que silbaron hace dos años. No sirve ni siquiera para zanjar una rencilla. Es un acto estúpido porque es ejemplo de un patriotismo paleto y profundamente irresponsable.

Los patriotas. Los patriotas de este país no sirven para construir un país. Ni los de un sitio ni los de otro. Los patriotas de este país, al igual que los señores de la guerra viven de la guerra, al igual que los señores del terror viven del terror… viven del enfrentamiento. No tienen patria si nadie la pone en duda, si nadie la ataca, si nadie la cuestiona, si nadie está enfrente para recibir y lanzar piedras. A los patriotas de este país no les importa si su patriotismo termina siendo letal para el mismo organismo que dicen querer y amar. Pondrían palos en la rueda y volarían los puentes aun si la bicicleta fuera un tándem en el que fueran montados y los puentes sirvieran para pasar ellos mismos. A los patriotas de este país, encabezados por medios de comunicación vendidos irresponsablemente a los réditos del sensacionalismo y seguidos de la turba ignorante, no les preocupa la patria, ni el país, sólo les preocupa el egoísta placer de intolerar, con abusiva suficiencia, al prójimo. Ya nos arrepentiremos todos, actores y testigos.