Los cambios

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Aún no me cabe en la cabeza por qué se ha sustituido algo con tanto recuerdo y solera por otra cosa tan genérica, tan falta de identidad propia y tan insulsa. Otro recuerdo de mi niñez barrido por el avance imparable de los cambios.

El petróleo y Canarias

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Yo tampoco quiero ver petróleo derramado en las costas canarias. Pero es que los argumentos contra el petróleo que estoy oyendo me parecen discutibles y matizables… Veamos:

“El petróleo es malo”:

Canarias es un importador masivo de petróleo, y más teniendo en consideración la proporción a su territorio y su población. La economía canaria depende del petróleo de manera profunda. Sus derivados mueven los aviones y los barcos que traen a los turistas y los medios de transporte que los mueven por las islas (guaguas, coches de alquiler, taxis, etc); generan el 95% de la electricidad que se consume en Canarias en TODOS los sectores de producción (primarios, secundarios y terciarios), hasta sirve para desalar el agua que consumimos. No sólo eso, sino que, como archipiélago dependiente del exterior, traemos una gran parte de los bienes que consumimos de fuera, y esos bienes viajan en medios propulsados por el petróleo.

“Canarias puede sustituir el petróleo con energías renovables”:

En primer lugar, el transporte de personas, que es la aplicación primordial del combustible fósil en Canarias, es una quimera en la actualidad. El vehículo eléctrico está en pañales y sólo se aplica en soluciones privadas, pero es que además la electricidad necesaria para cargar las baterías de este tipo de vehículos provendría igualmente de combustible fósil en su mayor parte.

En segundo lugar, no hay barcos ni aviones eléctricos. ¿Cómo vendrían los turistas?

En tercer lugar: Las alternativas ecológicas no gustan a los ecologistas. ¿Quién quiere ver su isla llena de molinos de viento, cultivos solares, centrales hidroeléctricas? ¿Cómo se protege el paisaje y la costa al tiempo que se plantan estos sistemas de gran impacto visual y que necesitan abarcar tanta superficie en territorio reducido para ser fructíferos? ¿Cuánta superficie hay que dedicar en Canarias a la generación de energías limpias? Los molinos de viento corrompen el paisaje, los huertos solares abarcan grandes terrenos y convertir la energía del mar requeriría sacrificar vida marina.

En cuarto lugar: Las energías renovables son MUY costosas. Un molino de viento, por ejemplo, tarda de 7 a 15 años en amortizarse (a partir de ahí empezaría a ser rentable) y la inversión necesaria tendría que salir de las arcas públicas “a pachas” con las empresas privadas de turno, que no, no son mejores que Repsol (ni peores). La factura de la luz se incrementaría mínimo un 200% mientras pagaríamos las subvenciones a las empresas privadas con nuestros impuestos. Y todo esto sólo serviría para sustituir un 15% del combustible fósil.

Un buen ejemplo a escala de esto: En toda Canarias hay muchas casas que tienen una pequeña placa solar para calentar el agua de la ducha, pero pocas o ninguna tienen todas las placas solares necesarias para proveer TODA la electricidad necesaria en el hogar. ¿Por qué? Porque nadie o casi nadie quiere o puede gastarse la gran cantidad de dinero necesaria para ello.

“Allí donde se extrae petróleo hay un pueblo explotado y desastres ecológicos”:

De acuerdo. ¿Y qué responsabilidad tenemos los que consumimos petróleo por ello? Aunque se evite la extracción de petróleo en nuestras costas, Canarias seguirá siendo un consumidor masivo de petróleo a corto y medio plazo. Si el problema se reduce a que sólo nos preocupa si nos afecta a nosotros y a lo nuestro, admitamos nuestro egoísmo, y no adoptemos posturas de compromiso con ideales de justicia, igualdad y buenrollismo universal. No hay nada de justo, igualitario o bueno en que otro punto del planeta se vaya al guano para beneficiarnos nosotros. Luego también nos escandalizamos cuando vemos a los países del primer mundo (nosotros incluidos) hacer y deshacer en países con recursos petrolíferos, con el último ejemplo de Libia.

¿No es suficiente como para no ver este problema desde un sólo punto de vista?

Volvamos al principio: Yo tampoco quiero ver un vertido de petróleo en la costa canaria. Pero eso no quita que las protestas me parezcan poco realistas, un tanto hipócritas y algo egoístas.

El paquete que no llega: La aduana en Canarias

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Vivimos en un país de pandereta, donde las normas, que en principio pueden manar de una base lógica y justa, terminan aplicadas de forma esperpéntica e indiscriminada por gente que o no sabe hacer su trabajo o corre mejor suerte haciéndolo como le viene en gana.

El pasado 9 de diciembre se me ocurrió hacer otro pedido más a Amazon, en esta ocasión, a la división española, Amazon España. Un paquete algo más voluminoso que de costumbre (lo más grande que había pedido hasta el momento era una placa base de ordenador y mis pedidos, por lo general, suelen ser películas y discos) que puso a prueba mi confianza en que llegara sano y salvo y, sobre todo, a tiempo. La fecha estimada de recepción del paquete estaba señalada para el 12 de diciembre, aunque yo ya contaba con al menos cuatro días de retraso como norma general por experiencias anteriores.

En dos días el paquete había salido de Francia, había llegado a Alemania y de ahí había aterrizado en Madrid. No me lo podía creer: al fin y al cabo había pagado los portes mínimos (poco más de 2€). Sabiendo que estaba en Madrid, hice un cálculo mental y pensé que llegaría a Gran Canaria en un par de días y a Lanzarote en otro par más.

Pasaron esos días y alguno más y no había noticia del paquete. Entré en la página de Amazon y comprobé que el paquete seguía en Madrid. Me alarmé y pensé en lo peor… Cuando hice los trámites pertinentes para averiguar la suerte del envío, comprobé que no me había equivocado: El paquete estaba retenido. Había estado durmiendo el sueño eterno en Madrid durante siete días. ¿Por qué no se molestó nadie (exculpo totalmente a Amazon) en contactar con el destinatario del envío? Nunca lo sabremos. Amazon contactó con UPS ante mis preguntas y estos, finalmente, me llamaron. Necesitaban mi NIF para facturarme el despacho y el IGIC (el IVA canario, por así decirlo). Pregunté cuánto habría que pagar y me dijeron que 22€ de despacho, su correspondiente impuesto y el IGIC que grava la factura del artículo, en este caso, un 5% sobre 88€, unos 4.40€. Finalmente, el artículo, que en principio me suponía un ahorro de unos 30€ frente al precio de las tiendas de mi barrio, sólo me costó 4 ó 5 € más barato a costa de esperar casi dos semanas.

Obviamente, no me importa pagar IGIC. Es lo justo y sólo es un 5% del precio en factura, una cantidad que en una ganga no impide que la compra sea ventajosa respecto a los precios locales (tampoco me molesto en comprar por internet cuando el ahorro no supone más que un 5%). El problema de toda esta situación, además de las molestias causadas y el retraso sufrido, es que liquidar el IGIC de un envío comercial requiere la intervención de un agente de aduanas. El despacho no es sino eso: La comisión del agente por hacer su “trabajo”, y un agente de aduanas cobra normalmente entre 20 y 50 euros, independientemente de las características y coste del envío.

Un momento… ¿Incluso si el envío viene de Península o va a la Península? Sí. ¿Incluso si no es comercial? Sí. ¿Incluso si es un envío entre particulares? Sí. ¿Incluso si son bienes usados sin más valor que el personal o sentimental? Sí. ¿Incluso un autoenvío por mudanza? Sí. Sí, sí y sí. Para triste sorpresa de todos los que se han visto en esta situación, y que llenan los foros y blogs de internet de lamentaciones, quejas y gritos en el cielo, aduanas puede parar cualquier paquete. De nada sirve especificar un valor ínfimo, que es regalo o que son bienes usados, o que tú eres el pagador, remitente y destinatario, uno y trino: Cada día circulan por las aduanas millones de paquetes virtualmente imposibles de fiscalizar; por lo tanto, se selecciona una cantidad bajo determinados criterios y se procesa. El tiempo que se dedica en analizar un envío no puede resultar baldío a ojos de la Hacienda Pública, por lo que no tiene sentido una jornada fallida en la que se exculpara un alto porcentaje de cajas de efectos personales usados o paquetes de bajo valor comercial… Todos han de pagar un tributo merced al valor en factura o, en su defecto, razonable del contenido… y un agente de aduanas velará porque así sea.

La situación es tan absolutamente ridícula que, teniendo intención de enviar una botella de vino canario a un familiar en la Península, terminé adquieriéndolo en una tienda online afincada en aquellas tierras. ¿Por qué? Pues porque con impuestos y trámites arancelarios incluídos tocaba pagar más de 40€ adicionales mediante Paquete Azul de Correos (las empresas de mensajería habrían resultado aún más caras). Y no sólo eso: El destinatario del envío/regalo habría tenido que tomarse mil y una molestias para recoger el envío, entre otras, pagar (¿no era un regalo?) el IVA correspondiente al importe de la botella con lo que, primero, Aduanas envilece el regalo declarando su valor a quien lo recibe y en segundo lugar, obligándolo a pagar por él.

Como último apunte, mi recomendación es, a la hora de valorar una compra por internet, considerar siempre el precio hipotético resultante de sumar al PVP el despacho y el impuesto (IGIC, IVA). Para enviar cosas entre península y Canarias o al revés, alguno he conocido que se ha tomado un fin de semana para viajar con Ryanair o similares y llevar algo personalmente. Si no se tiene la posibilidad, no se me ocurre otra cosa que rezar al calvo de la Lotería para que tu paquete no sea elegido por los dioses aduaneros.

Enlaces de interés:

Canarias Bruta

Devinum

Amazon.es comienza a funcionar :D

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En Microsiervos echan un vistazo a la página de Amazon.es.
De momento en lo relativo a libros, como comentan en Microsiervos, Amazon no podrá marcar ninguna diferencia, ya que los precios están marcados por ley, aunque esto no afecta a los libros de editoriales extranjeras (una buena excusa para empezar a leer en inglés). Sin embargo, en el resto de artículos podrá hacer sus descuentos y promociones habituales.

Una particularidad de la tienda inglesa es el llamado FREE Super Delivery, por el cual hacen envíos gratuitos a España (incluso Canarias). En la página española no hay nada parecido, quizás por una falta de acuerdo con Correos. Lo que sí se mantiene, por suerte para los que vivimos fuera de la fiscalidad IVA, es el descuento del 18% respectivo en nuestras compras.

Acabo de hacer un simulacro de compra (es decir, he llegado hasta el punto previo a confirmar el pedido) en la página .ES y la .UK, y el artículo elegido me sale más barato en el dominio español de la famosa tienda. Quizás sea por el cambio de divisa; no lo sé. La cuestión es que no podríamos estar más de enhorabuena. Lástima que este desembarco de Amazon en España se haya dado en una época de crisis en la que los bolsillos de los españoles tienen poco que salvar a final de mes para gastar en artículos de ocio.

Algo que habría que recalcar (aunque posiblemente los usuarios lo noten en seguida) es que muchos de los productos ofertados son comunitarios, bien del propio Reino Unido o de otros países europeos. Por ejemplo, si buscamos una edición en blu ray de alguna película, nos van a salir las ediciones de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia… hay que tener mucho cuidado con esto a la hora de elegir. Tiene su lado positivo, y es que muchas veces las ediciones de otros países son bastante mejores que las españolas. Para los que aman el doblaje (servidor es fanático de la V.O., así que no es mi problema) esto puede ser un inconveniente, ante la falta de pistas en castellano.

En definitiva… creo que la llegada de Amazon a España es una gran noticia. Ahora sólo falta que tengamos más dinero para hacer compras online (de ilusiones también se vive).

Nota: Después de hacer pruebas con diversos artículos, he comprobado que en función de cuáles sean, la compra puede salir más barata en un dominio o en otro. Así que habrá que tener a mano una calculadora e ir mirando los precios de cada artículo para ver en cuál de los dos Amazon nos oferecen el mejor precio…

Estar en deuda

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Pongamos por caso: Progenitores que creen en dar trabajo y responsabilidades a sus vástagos para enseñarles de qué va esto de la vida. El trabajo y el esfuerzo, la recompensa y la meta. La ocupación, las obligaciones, las responsabilidades. Que no se vive del aire, que hay que estar preparado para esforzarse y hacerse cargo del timón de la propia vida y quizás de las de otros. Pongamos por caso que estos padres encargan a un hijo que cuide el jardín, regularmente, entre los 12 y los 18 años, como se ve en las películas americanas, para que el niño-chaval aprenda un par de cosas, colabore y aporte a la familia. Imaginemos ahora que este chico, a los 18, decide emanciparse. Imaginemos que, grácilmente, decide exigirle a los padres que le den el dinero equivalente al coste de haber pagado a un jardinero durante 6 años.

Supongo que habremos pensado lo mismo. Este chico, además de tener el entendimiento afectado por la edad y las hormonas, no está teniendo en cuenta que lleva toda su vida mantenido. Que ha generado costes y disfrutado de bienes que no ha sufragado ni directa ni indirectamente. Y que el monto de todo ello ha sido bastante superior al aporte teórico de sus labores como jardinero. Que es él quien está en deuda con sus padres, y no al revés.

Ahora dejemos la ficción y acudamos a la realidad, que ya sabemos que es más tozuda. A mediados de julio leía una noticia que me dejó en estado de shock: El Tribunal Supremo sentenciaba que un señor iba a tener que “indemnizar” (entrecomillo porque no sé si será el término correcto en este contexto) a su ex-pareja por haberse dedicado durante 15 años a ser ama de casa y madre de una hija. La sentencia señalaba que la mujer, en caso de haber sido una asalariada, habría percibido por el trabajo unos 600 euros mensuales, que multiplicados por los 15 años de matrimonio, montaban unos 108.000 euros. Y que es él quien tiene que compensarla a ella porque supuestamente se benefició durante los años de matrimonio de la contribución de la mujer a la casa y a la unidad familiar.

Al igual que en el caso del hipotético jardinero adolescente, la realidad  no tiene ni pies ni cabeza. Vayamos por partes:

En primer lugar, habría que distinguir entre lo material y lo inmaterial. Se puede contabilzar el trabajo del hogar en relación con el coste de una empleada. El coste de “ser madre” no es contabilizable porque no se puede contratar a nadie para ejercer dicha función. Pero en este sentido, es obvio que el marido también ejerció de padre a pesar de trabajar fuera de casa, aunque no se dedicara a ello “en exclusiva”. Si esto no fuera así, tendríamos que admitir, en aras a la igualdad, que las mujeres trabajadoras no ejercen de madres (es más: Que en familias donde ambos progenitores trabajan, el niño no tiene quien le ejerza de padre o madre, pobre). Por tanto, exigirle una compensación como si llevara quince años desentendido de su vástago es abusivo y desmedido.

En segundo lugar, ¿En qué se basa el juez para afirmar que esta señora estuvo quince años dedicada en cuerpo y alma a sus labores con la férrea disciplina de un régimen laboral equivalente? El juez lo supone. Quizás la mujer era una madre modelo y una adicta a las labores del hogar, como quizás fue una madre convencional que se tomaba el cuidado de la casa con parsimonia y comodidad, exprimiendo más momentos para su solaz que el oficinista más vago e indolente. Lo que no se supone, porque queda constatado, es que el marido proveyó durante quince años para tres personas sin fallar un día.

En tercer lugar. No se vive del aire. Una madre soltera no subsiste con 600€ (ni siquiera una soltera sin hijos). Y eso lo sabe cualquiera. Por tanto, es más que lógico admitir, tras hacer un simple cálculo de ingresos menos gastos, que la mujer aportó menos a la economía familiar (del marido, vamos) de lo que se benefició de ella. Y si tenemos en cuenta el tren de vida que proveía el esposo a su mujer, más aún. ¿Quién está en deuda con quién?

Esta sentencia es fruto de la corriente revanchista del feminismo malentendido que está calando en el discurso de la conciencia social, que está convirtiendo algo necesario y positivo en una guerra de trincheras de mujeres contra hombres. No se busca la igualdad, sino la compensación histórica por los “crímenes del machismo”. Aunque de esos crímenes, en casos como este, no haya ni rastro. Ya ven el crimen de ser trabajador por cuenta ajena, salvo el crimen de sufrir a jefes, compañeros, horarios desmedidos, desplazamientos, desórdenes alimentarios, falta de descanso, presión, estrés, pasar pocas horas con tus hijos, tener poco tiempo libre…

P0cas cosas hay más tristes que trabajar para los demás y que no te lo reconozcan ni te lo agradezcan. Aunque el que te hagan culpable de ello por medio de una sentencia debe de estar a la par, como mínimo.

Los ‘perroflautas’ del 15M

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Reconozco que no soy muy amigo de determinadas tendencias. Entre ellas hay una que suele ponerme en alerta, por mucho que  intente evitarlo: El conjunto de estética y forma de vida llamado genéricamente (y con mala baba) perroflautismo. No haré una descripción para no caer en maniqueísmos, pero ustedes saben. Y si no, tendrán su propia idea.

Como digo, hay tendencias comunales o grupales que no me suelen gustar. A mi juicio tienen más de impostura que de postura, tanto ideológica como de personalidad, cuando en el fondo vienen a servir para lo mismo, construirnos una armadura ante la falta de encaje con la que nos vemos a nosotros mismos dentro de la sociedad. Debajo de esa armadura hay, por supuesto, individuos, cada uno con su maravilloso e hiperpoblado mundo interior. Pero si algo nos caracteriza, como animales sociales, es que tendemos a ser gregarios y a adoptar dinámicas grupales.  Por ello a veces es fácil que, sin quererlo y de forma inconsciente, imitemos determinadas actitudes y maneras, de forma que un observador externo pueda trazar una línea con la que homogeneizar un conjunto de individuos bajo una misma imagen. Sería, lo que llamamos normalmente, un prejuicio. Algo fácil de propiciar cuando todo el mundo viste la misma armadura, traje o uniforme.

De la gente que ha participado en las sentadas de Sol y otras ciudades españolas, por lo visto y oído, se podría decir que ha habido una importante presencia de perroflautas. Estudiantes, jóvenes desempleados, supongo que ni-nis también, con esas ropas alternativas, esos peinados, esas actividades lúdico-festivas (nunca faltará el malabarista greñudo y descamisado) y esas proclamas idealistas tan de manual… un buen puñado de personas que poco tienen que ver, a priori, con el trabajador asfixiado por los pagos de la hipoteca, responsable de una familia, baqueteado en decenas de trabajos y empresas diferentes (o en uno sólo al que dedicó su vida, para verse despedido de cualquier manera tanto tiempo después) que en los últimos años ha sido el principal afectado por la Crisis y que está sumido en la amargura y la descreimiento. Muchos de los que han criticado a la gente de Sol han sido especialmente incisivos en esto.

Y es cierto que muchos de los que han participado en las manifestaciones son jóvenes idealistas sin experiencia real en el sistema que critican, o muy poca. Basta con haber tenido dieciocho años, haber sentido dentro la convicción de que las cosas estaban “superclaras”, haberse puesto a currar en trabajos basura y tener ahora más de treinta y estar más quemado que el cenicero de un bingo. Uno reconoce los patrones al oírlos hablar, se reconoce la poca separación del cuadro, la falta de visión general, cómo todo está clarísimo a esas edades por la falta de los matices que da la experiencia, que con los años te va haciendo dar pasitos atrás de forma que vamos viendo más y más del cuadro hasta hacernos una idea general.

Sin embargo, el enfoque con el que hay que afrontar estas manifestaciones no es ese. No es denunciar lo fácil (en teoría) que lo tienen los jóvenes inexpertos para salir a la calle a protestar por problemas que apenas han empezado a sufrir. La reflexión a hacer, y muy seriamente, es por qué los demás, los que ostentan merecidamente el puesto de sufridores oficiales de la Crisis, no han (no hemos) hecho ni dicho nada; por qué han tenido que salir en tromba los que menos motivos tenían para hacerlo en nuestro lugar. La paradoja es tal, como si en un estado de represión moral y religiosa, salieran monjes célibes a luchar por la libertad sexual de un pueblo resignado a fornicar a oscuras, pero más convencido del derecho a criticar a los protestantes por su condición de asexuados que de luchar por si mismo.

Quizás no es que estos jóvenes de Sol estén usurpando el grito de protesta, sino que el resto hemos usurpado el pasotismo, la falta de iniciativa y el estar a verlas venir propia de la adolescencia. La falta de valentía, de ánimo y propósito para luchar por los derechos de todos, perroflautas o no, está instalada entre las clases más afectadas por toda esta locura de ignominia macroeconómica. Cada vez estamos más y más constreñidos entre prerrogativas neoliberales e intereses incompatibles con los ideales sociales más básicos conquistados en el pasado siglo. ¿Son los perroflautas los que no saben de lo que hablan o son los demás los que no saben por qué callan?

Estafados (o casi)

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Hace mucho tiempo, sobre todo a partir de las innumerables discusiones que hay en internet en torno a la mal llamada piratería, que se viene hablando del abusivo mercado de precios del ocio en España. Resulta incomprensible, cuando no turbador e indignante, que países con mayor renta per cápita tengan, además, mucho más baratos los artículos de ocio. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Estados Unidos…

Los distribuidores alegan que se debe a la piratería, cómo no. Que el mercado español no puede abaratar los precios porque se hundiría. La verdad, les guste a ellos o no, es que el problema del mercado español es un sistema de distribución arcaico y sobretarificado por el cual muchas bocas quieren morder la misma manzana y al final, para saciar el estómago, se engordan las manzanas de manera que todos se lleven un bocado más grande. ¿Quién “paga el pato”? El consumidor, como siempre, que es quien va a abonar el precio al peso de una manzana que en otros sitios cuesta mucho menos.

Mi última compra por internet ha consistido en dos ediciones especiales blu ray: Por un lado, Avatar Edición Coleccionista, 3 discos. Por otro, la Alien Anthology, 6 discos. La compra la llevé a cabo en Amazon UK. Esta tienda on-line tiene dos ventajas mayúsculas: Primero, gastos de envío gratuitos a España, la opción FREE Super Delivery. Sí, tal cual suena. La segunda, que a los residentes en Canarias nos descuenta el 18% de VAT (IVA) del precio de los artículos, ya que no pagamos IVA.

Recibí el paquete con ambos artículos, en apenas una semana (algo impensable cuando compras a tiendas españolas, manda narices), tras pagar 47€. ¿Mucho o poco? Veamos… Tiendas españolas: FNAC, DVDgo… Tienen ambos artículos a entre 49€ y 65€… ¡cada uno! Y eso sin contar los gastos de envío, que por supuesto no son gratuitos. Ahora recordad que la libra es más fuerte que el euro y que los británicos tienen una mayor renta per cápita que los españoles. ¿Cuánto le cuesta a un británico friki satisfacer su afición y su hobby coleccionista? Mucho menos que a un español, obviamente. La comparación no es sólo odiosa, es insultante.

En resumen: Lo que en UK, a pesar de que la libra es más fuerte que el euro, me sale a 47€, sin gastos de envío y puesto en casa en una semana (y no olvidemos que Canarias está más lejos que el resto) en España me costaría alrededor de unos 120€ y me tardaría en llegar un mes. La pregunta es, ¿de verdad creen los distribuidores españoles que voy a contribuir voluntariamente a que me estafen? Lo siento pero no. Mi dinero se lo van a llevar distribuidores británicos. Yes, sir.  Y animo a todo el mundo a hacer lo mismo. Que lo llamen piratería si quieren.

 

Nota: Por supuesto, al comprador peninsular le habría salido la compra por algo más, unos 55€. Sigue siendo un precio irrisorio comparado con la estocada en la cerviz que nos endiñan las tiendas españolas.