Fascinaciones

6 desagradables verdades que te harán mejor persona

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(Este artículo es una traducción libre de este artículo original en Cracked)

Puedes dejar de leer si tu trabajo va de maravilla, estás contento con tu vida y eres feliz con tus relaciones personales. Que tengas un buen día, amigo, este artículo no es para ti. Estás haciendo las cosas bien, estamos orgullosos de ti. Para que no sientas que has perdido el tiempo al hacer clic en esta entrada, aquí tienes una foto de Lenny Kravitz vistiendo una bufanda gigante.

Para el resto de la gente, vamos a intentar algo: Nombra cinco cosas destacables de ti mismo. Escríbelas o simplemente dilas en voz alta. Pero ojo, no vale decir cosas que eres (p.e., soy un buen tío, soy honrado), sino cosas que haces (p.e., gané un campeonato nacional de ajedrez, hago el mejor chili de Massachusetts). Si no te resulta fácil, bueno, esto es para ti, y te va a joder escucharlo. Mi única defensa es que desearía que alguien me lo hubiera dicho a mi allá por 1995.

#6. Al mundo sólo le preocupa lo que puede obtener de ti.

Digamos que la persona que más quieres acaba de recibir un disparo. Está tirada en la calle, desangrándose y gritando de dolor. Un extraño se acerca y dice “¡Apártense!”. Mira la herida de bala de tu ser querido y saca una navaja… va a operar ahí mismo, en plena calle.
“Muy bien, ¿quién es el herido?”

Tú preguntas, “¿Es usted médico?”. El extraño dice, “No”. Tú dices, “pero, usted sabe lo que hace, ¿verdad? Es usted un médico militar retirado, o…” En este momento el extraño se ofende. Te dice que él es un buen tipo, que es honrado, que es puntual. Te dice que es un buen hijo con su madre, y que tiene una vida rica llena de hobbys divertidos y hace hicapié en que nunca dice palabrotas. Confundido, le dices “¿Y qué cojones tiene eso que ver con que mi mujer/marido/mejor amigo/familiar esté aquí tirado desangrándose? ¡Necesito a alguien que sepa tratar una herida de bala! ¿Puede usted hacerlo o no?”. Entonces el extraño se irrita… ¿Por qué estás siendo tan frívolo y egoísta? ¿No eres capaz de valorar ninguna de sus otras cualidades? ¿Acaso no acabas de escuchar que él siempre se acuerda del cumpleaños de su novia? Con todas las cosas buenas que él hace, ¿realmente importa si tiene conocimientos de cirugía?

En un momento de pánico, coges al extraño por los hombros con tus manos ensangrentadas y lo sacudes, gritando, “Sí, le digo que nada de esas tonterías importan, porque en esta situación en concreto, lo que necesito es a alguien que sepa parar la hemorragia, maldito tarado gilipollas”.
“No lo pillo… ¿Vale si me pongo una bata de laboratorio? Un momento, sólo deja que…”
Y esta es mi terrible verdad sobre el mundo adulto: Te encuentras en esa situación cada día. Sólo que tú eres el idiota de la navaja y la víctima que se desangra es la sociedad en su conjunto. Si quieres saber por qué la sociedad te da de lado, o por qué no consigues el reconocimiento que crees que mereces, es porque la sociedad está llena de gente que necesita cosas. Necesita casas, comida, entretenimiento, relaciones sexuales satisfactorias. Tú has llegado en esa situación de emergencia, con tu pequeña navaja, por el simple hecho de nacer. En el momento en que llegaste al mundo, entraste a formar parte de un sistema diseñado puramente para resolver las necesidades de la gente.
“Aquí tienes la mierda que pediste. Ahora lárgate”

O bien procuras satisfacer esas necesidades desarrollando un conjunto de habilidades únicas o el mundo te rechazará, sin importar lo bueno, generoso y educado que seas. Serás pobre, estarás solo, te quedarás fuera a la intemperie. ¿Te parece esto miserable, zafio o materialista? ¿Es que el amor y la bondad no importan? Por supuesto que importan, siempre que cubras las necesidades de los demás. Porque verás…

#5. Los hippis estaban equivocados

He aquí la mejor escena de la historia del cine:

Para los que no podáis ver el video, es el famoso discurso que Alec Baldwin da en la obra maestra Glengarry Glenn Ross. El personaje de Baldwin (que es el malo de la película) se dirije a una habitación llena de individuos y les hace un agujero nuevo en el culo, diciéndoles que serán despedidos a menos que “cierren” las ventas que se les han asignado:

“¿Eres una buena persona? No me importa una mierda. ¿Un buen padre? ¡Que te jodan! Ve a casa a jugar con tus hijos. Si quieres trabajar aquí, cierra“.

Es brutal, grosero y raya en lo socipático, pero también es una expresión realista y cruda de lo que el mundo espera de ti. La difrerencia es que… en el mundo real, la gente considera que hablarte así está mal y por ello ha decidido que es mejor dejar que fracases.

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Esta secuencia cambió mi vida. Si supiera cómo hacerlo, la pondría como tono de alarma para despertarme cada mañana. Alec Baldwin fue nominado al Oscar por la película y sólo salía en esa escena. Como gente más inteligente que yo ha destacado, la genialidad de ese discurso es que la mitad de la gente que ve la escena piensa: “Vaya, debe de ser horrible tener un jefe así” y la otra mitad piensa, “¡Sí, joder, salgamos a vender esas putas casas!”

O, como dicen en el blog The Last Psychiatrist:

“Si estuviéramos en esa habitación, algunos entenderían la situación como parte del trabajo, y se contagiarían de la fuerza del mensaje, incluso valorando positivamente la vehemencia del jefe: “¡Este tío es genial!”; mientras otros se lo tomarían de forma personal: “este tío es un gilipollas, no tiene derecho a hablarme así”, o siguiendo la maniobra estándar cuando el narcisismo se enfrenta con un poder superior, echaríamos humo en silencio, fantaseando sobre cómo encontrar la manera de delatar su hipocresía. ¡Qué satisfacción!”

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Ese párrafo pertenece a una reveladora crítica de los “hipsters” y su aparente dificultad para encontrar trabajo (aunque no le hace justicia resumirlo así, mejor lee el artículo entero), y el tema es que la diferencia en esas dos actitudes (indispuesto frente a motivado) determina en gran manera si tendremos éxito o no en la sociedad. Por ejemplo, algunas personas quieren responder a ese discurso con la frase de Tyler Durden en Fight Club: “Tú no eres tu trabajo”.

Pues bien, en realidad, sí lo eres. Por descontado, tu “trabajo” y la forma en la que te emplees no tienen por qué ser la misma cosa, pero en ambos casos no eres sino la suma total de tus habilidades útiles. Por ejemplo, ser una buena madre es un trabajo que necesita habilidades. Es algo que una persona puede hacer y que es útil para otros miembros de la sociedad. Pero no te equivoques: Tu “trabajo”, aquello útil que haces por otras personas… es todo lo que eres.

Hay una razón por la que los cirujanos consiguen más reconocimiento que los guionistas de comedias. Hay una razón por la que los mecánicos son más reconocidos que los hipsters en paro. Hay una razón por la que tu trabajo se convierte en tu etiqueta si tu muerte sale en las noticias (“quáterback de la NFL muere en suicidio/asesinato”). Tyler dijo “Tú no eres tu trabajo”, pero también fundó y dirigió una exitosa fábrica de jabones y se convirtió en el líder de un movimiento político y social internacional. Él era por supuesto su trabajo.

Era la moraleja que nadie pareció pillar de la película.

O piénsalo de este modo: ¿Recuerdas cuando Chick-fil-A se declaró en contra del matrimonio homosexual? ¿Y cómo a pesar de las protestas, sigue vendiendo millones de sandwiches cada día? No es porque el país esté de acuerdo con ellos, es porque hacen bien su trabajo fabricando deliciosos sandwiches. Y eso es todo lo que importa.

No tiene por qué gustarte. A mí no me gusta cuando llueve el día de mi cumpleaños. Llueve y punto. Las nubes se forman y hay precipitaciones. La gente tiene necesidades y quienes resuelven esas necesidades son valorados. Estos son los mecanismos simples del universo y no dependen de lo que nosotros queramos.

Esto es ridículo. ¿No he cometido ni un sólo delito y me pasa esto?

Si protestas diciendo que tú no eres un capitalista superficial y materialista y que no estás de acuerdo en que el dinero lo sea todo, sólo puedo decir, ¿quién dijo nada de dinero? No estás comprendiendo el sentido más amplio de todo esto.

 

#4.  Lo que produces no tiene que hacer dinero, pero tiene que beneficiar a los demás.

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Probemos con un ejemplo no monetario para que no te quedes atascado en el dinero. El sector demográfico al que se dirige Cracked está fuertemente formado por hombres jóvenes de veintipocos años. Por lo tanto, en nuestros foros y en muchos de los mensajes privados que me llegan leo varias docenas de historias al año de tipos que sufren y están solos e insisten en que las mujeres no se les acercan a pesar de que son los tíos más majos del mundo. Podría explicar lo erróneo de este planteamiento, pero mejor será que lo haga Alec Baldwin:

En este caso, Baldwin es la mujer atractiva que tienes en el punto de mira. Ella no te lo pondrá tan claro como él (la sociedad nos enseña a no ser así de sinceros con los demás) pero la ecuación es la misma. “¿Un buen tio? ¿A quién le importa una mierda? Si quieres trabajar aquí, cierra

Entonces… ¿Qué ofreces? Porque la chica tipo Zooey Deschanel de la librería con la que sueñas despierto se pasa una hora dándose crema en la cara cada noche y se siente culpable cuando almuerza cualquier cosa que no sea ensalada. Será cirujano dentro de diez años. ¿Y tú?

Pues soy el puto amo en “captura la bandera”…

“¿Qué, entonces estás diciendo que no puedo conseguir chicas como esa a menos que tenga un buen trabajo y gane mucho dinero?” No, tu cerebro llega a esa conclusión para que tengas una excusa para descartar a cualquiera que te rechace, para pensar que están siendo superficiales y egoístas. Estoy preguntando ¿qué ofreces? ¿Eres inteligente? ¿Interesante? ¿Talentoso? ¿Ambicioso? ¿Creativo? Ok, ahora bien, ¿qué haces para demostrar esos atributos a los demás? No digas que eres un buen tío, eso es lo mínimo. Las chicas guapas tienen a “buenos tíos” alrededor 36 veces al día. El paciente se está desangrando en plena calle. ¿Sabes cómo operar o no?

“¡Pues yo no soy machista, ni racista, ni egoísta ni superficial ni agresivo como todos esos gilipollas que hay por ahí!”

Lo siento, sé que escuchar esto es duro, pero si todo lo que puedes hacer es enumerar una lista de defectos ajenos que no tienes, apártate del paciente. Hay un chico guapo e ingenioso con una prometedora carrera listo para hacerse cargo y operar.

¡Espera! ¡Te dije que no te pegaría!

¿Esto te rompe el corazón? Muy bien, ¿y ahora qué? ¿Vas a lamentarte por ello, o vas a aprender a parar una hemorragia? Depende de ti, pero no te quejes de que las chicas guapas se enamoren de capullos; se enamoran de esos capullos porque ellos tienen otras cosas que ofrecer. “¡Pero sé escuchar!” ¿Seguro? ¿Por sentarte silenciosamente al lado de una chica guapa para estar cerca de ella (y pasar cada segundo pensando lo suave que será su piel)? Adivina, hay otro tío en su vida que también sabe hacer eso, pero además toca la guitarra. Decir que eres un buen tío es como si el eslógan de un restaurante fuera “nuestra comida no te pondrá enfermo”. Eres como un estreno de cine cuyo título es “Esta película está en español” y el subtítulo es “Se ve claramente a los actores”.

Creo que es por esto por lo que puedes ser un “buen tío” y aun así sentirte fatal contigo mismo. Especificamente…

#3. Te odias a ti mismo porque no haces nada.

 

“Entonces, qué quieres decir, ¿que tendría que leer un libro sobre cómo ligar?”

Sólo si el primer capítulo del libro es “Empieza a convertirte en el tipo de persona que las chicas quieren tener alrededor”.

“Vamoooooos… sé que escondí una botella de vodka por aquí”

Porque ese es el paso que suele saltarse… siempre se dice “¿Cómo puedo encontrar trabajo?” y no “¿Cómo puedo convertirme en el tipo de persona que los empresarios buscan?”. Se piensa “¿Cómo voy a gustar a las chicas guapas?” en vez de “¿Cómo me convierto en el tipo de persona que gusta a las chicas guapas?”. Porque claro, la segunda premisa podría significar dejar algunas de tus aficiones favoritas y prestar más atención a tu aspecto, y Dios sabe qué más. Incluso podrías tener que cambiar tu personalidad.

“¿Pero por qué no puedo encontrar a alguien a quien le guste tal y como soy?”, preguntarás. La respuesta es “porque los humanos necesitan ciertas cosas”. ¿La víctima está desangrándose y tú te limitas a mirarla y quejarte de que las heridas de bala no se curan solas? Otro vídeo:

Todo el que ha visto este vídeo se ha sentido un poco más feliz, aunque no por las mismas razones. ¿Puedes causar el mismo efecto en la gente? ¿Por qué no? ¿Qué te impide ponerte un tanga y una capa y subirte a un escenario y agitar tu pene frente al público? Ese tío conoce el secreto para tener éxito en la vida: Que hacer lo que sea que pueda llamarse eso… es mejor que no hacer nada.

“¡Pero es que no destaco en nada!” Bien, tengo buenas noticias: Échale horas suficientes de práctica y serás más o menos bueno en cualquier cosa. Yo era el peor escritor del mundo cuando era niño. Sólo era un poco mejor a los 25. Pero mientras  fracasaba miserablemente en mi profesión, escribí en mi tiempo libre durante ocho años seguidos, un artículo a la semana, antes de llegar a hacer algún dinero con ello. Me llevó 13 años ser lo suficientemente bueno como para entrar en la lista de los más vendidos de The New York Times. Probablemente me costó unas 20.000 horas de práctica pulir mi mala escritura.

¿No te hace demasiada gracia emplear todo ese tiempo en desarrollar una habilidad? Bueno, tengo buenas noticias y malas noticias. Las buenas noticias son que el mero hecho de hacer algo te ayudará a salir de tu burbuja. Soporté años de tedioso trabajo de oficina porque sabía que estaba aprendiendo a hacer algo único mientras tanto. La gente abandona porque se tarda mucho en ver los resultados, porque no son capaces de ver que el proceso ES el resultado.

Las malas noticias son que no tienes otra alternativa. Si quieres trabajar aquí, cierra.

Porque en mi modesta opinión, no te odias a ti mismo porque tengas baja autoestima, o porque otra gente sea cruel contigo. Te odias a ti mismo porque no haces nada. Ni siquiera tú te quieres a ti mismo “tal como eres”… es por eso que sufres y me mandas mensajes privados preguntándome qué creo que deberías hacer con tu vida.

Paso 1: Levántate.

Haz el cálculo: ¿Cuánto tiempo dedicas a lo que han hecho otros (TV, música, video juegos, internet) frente a lo que haces tú mismo? Sólo uno de los dos te otorga valor como ser humano.

Y si no te gusta escuchar esto y respondes con algo que escuchaste de niño y que suena parecido a “¡Es el interior lo que importa!”, entonces lo único que puedo decir es…

#2. Tu interior importa en la medida de lo que consigas hacer gracias a él

Estando en el negocio en el que estoy, conoces a docenas de aspirantes a escritor. Se consideran a si mismos escritores, se presentan en sociedad como escritores, saben que en lo profundo de su ser, tienen alma de escritores. Lo único que les falta es ese pequeño detallito… escribir alguna puñetera cosa.

Pero, ¿realmente importa eso? ¿Es tan importante “escribir cosas” para considerar quién es un escritor y quién no lo es?

Por el amor de Dios, sí.

He conocido “escritores” que han producido menos texto que lo que hay en la lista de la compra de esta mujer.

Hay una réplica típica a todo lo que he dicho hasta el momento, y para cualquier voz crítica en tu vida. Es esa cosa que te dice tu ego para evitarte tener que hacer el trabajo duro de mejorar: “Sé que en el fondo soy una buena persona”. También puede formularse como “Sé quién soy” o “Tengo que ser yo mismo”.

No me malinterpretes; quién eres lo es todo. El tipo que construyó de cero una casa para su familia lo hizo por ser quien era. Toda cosa mala que has hecho en tu vida comenzó con un impulso negativo, algún pensamiento rebotando dentro de tu cabeza hasta que actuaste en consecuencia. Y toda cosa buena que hayas hecho es lo mismo. Quién eres es la metáfora para la tierra de la cual crecen tus frutos.

¿Te has fijado cómo la cámara apunta hacia arriba, y no hacia la base del árbol?

Pero he aquí lo que todo el mundo ha de saber, y lo que muchos de vosotros no aceptáis:

“Tú” no eres nada salvo tu fruto.

A nadie le importa tu tierra. “Quién eres en tu interior” no significa nada salvo aquello que produce para los demás.

En tu interior, eres una persona compasiva. Fantástico. ¿Se traduce eso en hacer algo al respecto? ¿Llega a tu conocimiento una terrible tragedia en tu sociedad y dices “Oh, esos pobres niños. Hacedles saber que están en mi pensamiento”? Porque si es así, que te jodan. Averigua qué necesitan y ayuda para que lo obtengan. Cien millones de personas vieron el vídeo “Kony” y prácticamente todos ellos llevaron a esos pobres niños africanos “en sus pensamientos”. ¿De qué sirvió la energía conjunta de todos esos “pensamientos”? Para una puta mierda. Mueren niños cada día porque millones de personas nos decimos a nosotros mismos que sentir compasión es lo mismo que actuar en consecuencia. Es un mecanismo interno controlado por la parte vaga de tu cerebro para evitarte el tener que hacer algo de verdad.

“Sólo quiero que sepa que la llevo en el pensamiento. Buena suerte. Hágame saber si eso la cura”.

¿Cuántos de vosotros estáis actualmente en la situación de andar diciendo “¡Ella/él se sentiría atraído por mí si supiera lo interesante que soy!” ¿En serio? ¿Cómo se manifiestan al exterior todos vuestros interesantes pensamientos e ideas? ¿Qué te llevan a hacer? Si la chica o el chico de tus sueños pusiera una cámara oculta que te siguiera a todos sitios durante un mes, ¿quedaría impresionado/a con lo que vería? Recuerda que no puede leer tu mente, sólo puede observarte. ¿Querría formar parte de esa vida?

Todo lo que te pido que hagas es aplicar el mismo rasero contigo mismo que aplicas a los demás. ¿No tienes un amigo religioso cuyo único gesto de ayuda a los demás es “rezar una oración”? ¿No te toca la moral? Ni siquiera entro en si las oraciones funcionan o no; no cambia el hecho de que ellos eligen ayudar en una manera en la que no tienen que moverse del sofá. Se abstienen de cualquier vicio, tienen buenos pensamientos, su interior es todo lo puro que puede ser, pero ¿que fruto da esa tierra? Deberían saberlo mejor que nadie… he copiado la metáfora del fruto de la Biblia. Jesús dijo algo así como “un árbol se juzga por su fruto” repetidas veces. Por supuesto, Jesús nunca dijo “si quieres trabajar aquí, cierra“. No, él dijo “Cada árbol que no de un buen fruto se corta y se arroja al fuego”.

La gente no reacciona bien cuando se les dice esto, igual que los comerciales no reaccionaron bien cuando Alec Baldwin les dijo que necesitaban echarle pelotas o resignarse a limpiarle los zapatos. Lo que nos lleva al último punto…

#1. Todo tu interior luchará contra el esfuerzo de mejorar.

La mente humana es un milagro, y nunca la verás emplearse con más belleza que cuando lucha contra la evidencia de que necesita cambiar. Tu psique está equipada con capas y capas de mecanismos defensivos diseñados para abatir cualquier cosa que quiera evitar que todo siga igual. Pregúntale a cualquier adicto.

Por lo que incluso ahora, algunos de los que estáis leyendo esto os encontrais conque vuestro cerebro os bombardea con razones para rechazarlo. Desde mi experiencia, puedo ver que esas razones vienen a ser algo así como…

*Interpretación intencionada de la crítica como un insulto

“¿Quién es este tío para llamarme vago e inútil? Una buena persona nunca me hablaría así. Escribió todo esto para sentirse superior a mí y hacerme sentir mal por cómo llevo mi vida. ¡Voy a pensar mi propia crítica para igualar las cosas!”

*Centrarse en el mensajero para evitar escuchar el mensaje

“¿Quién es ESTE tío para decirme a MÍ cómo vivir mi vida? ¡Ni que él fuera un santo! No es más que un don nadie de internet. Voy a encontrar algo sobre él con lo que reafirmarme de que es estúpido y que todo lo que dice son estupideces. Este tipo es tan pretencioso que me dan arcadas. ¡Vi su viejo video de rap en YouTube y sus rimas son una porquería!”

*Centrarse en la forma para evitar escuchar el fondo

“Voy a buscar en el artículo hasta encontrar algún chiste que resulte ofensivo sacado de contexto y hablaré y opinaré sólo sobre eso. He escuchado que una simple palabra ofensiva puede hacer pasar desapercibido el resto del libro”.

*Pintar las cosas de color de rosa

“¡Las cosas no están tan mal! Sé que amenacé con suicidarme el mes pasado, pero ahora me siento mejor. Es totalmente posible que si sigo igual que hasta ahora, las cosas mejoren más tarde o más temprano. Tendré mi gran oportunidad, y si sigo haciendo favores a esa chica guapa, al final le gustaré!”

*Pretender que cualquier esfuerzo por mejorar de alguna forma signifique traicionarte a ti mismo

“Ajá, ¿así que se supone que tengo que deshacerme de todos mis cómics manga y empezar a ir al gimnasio seis horas al día y darme un bronceado falso como todos esos gilipollas de Jersey Shore? Porque claro, ESA ES LA ÚNICA ALTERNATIVA”.

Y muchas más. Recuerda, la tristeza es cómoda. Es por lo que tanta gente la prefiere. La felicidad necesita esfuerzo.

Y también necesita valor. Es increíblemente cómodo saber que mientras no crees nada, nadie podrá criticar lo que hayas creado.

Es mucho más fácil sentarse a criticar las creaciones de otros. Esta película es estúpida. Los niños de esa pareja son unos malcriados. La relación de esa otra pareja es un desastre. Ese ricachón es un superficial. Este restaurante es una mierda. Este articulista de internet es un capullo. Mejor dejo un comentario hiriente para exijir que lo despidan. Ves, he creado algo.

Oh, espera, ¿se me olvidó mencionarlo? Cualquier cosa que trates de crear o desarrollar, ya sea un poema, una nueva habilidad, o una nueva relación… te encontrarás inmediatamente rodeado de no-creadores que lo denostarán. Quizás no lo harán en tu cara, pero lo harán. Tus amigos borrachuzos no quieren que te vuelvas abstemio.  Tus amigos gordos no quieren que empieces una dieta y hagas ejercicio. Tus amigos parados no querrán ver que te embarcas en una carrera.

Simplemente recuerda que únicamente están expresando su propio miedo, ya que denostar el trabajo de otros es una excusa más para no hacer nada. “¿Por qué debería crear yo nada cuando las cosas que crean otros apestan? Podría haber escrito una novela ya, pero voy a esperar a tener algo bueno, ¡no quiero escribir algo como Luna Nueva!”. Mientras no produzcan nada, su trabajo será siempre perfecto y estará por encima del reproche. O si producen algo, se encargarán de hacerlo guardando las distancias. Harán algo intencionadamente malo para dejar claro a todo el mundo que ese no es el verdadero fruto de su esfuerzo. El verdadero fruto de su esfuerzo habría sido impresionante. No como la porquería que haces tú.

Lee los comentarios a nuestro artículo. Cuando se vuelven desagradables, es siempre desde el mismo ángulo: Cracked tiene que despedir a este columnista. Este capullo tiene que dejar de escribir. No hagáis ningún video más. Al final siempre es “Dejad de crear. Esto es diferente de lo que yo habría hecho, y la atención que estáis recibiendo me está haciendo sentir mal conmigo mismo”.

No seas esa persona. Si eres esa persona, no seas esa persona por más tiempo. Esto es lo que hace que los demás te odien. Esto es lo que hace que te odies a ti mismo.

¿Qué harías con esto? ¿Perseguir brujas o inaugurar las Olimpiadas?

Qué tal esto: Un año. El fin de 2014, esa es nuestra meta. O un año a partir de la fecha en que leas esto. Mientras otra gente te dice “¡Hagamos una propuesta de Año Nuevo para perder 10 kilos!” yo te digo que te comprometas a hacer ALGO, joder… Desarrollar una habilidad, adquirir una mejora para tu caja de herramientas humana, y ser lo suficientemente bueno en ello para impresionar a la gente. No me preguntes el qué… maldita sea, escoge algo al azar si no sabes qué hacer. Toma clases de kárate, o baile de salón, o alfarería. Aprende a usar el horno. Construye una pajarera. Aprende a dar masajes. Aprende un lenguaje de programación. Rueda una peli porno. Hazte superhéroe y lucha contra el crimen. Comienza un videoblog en YouTube. Escribe para Cracked.

Pero la clave es, no que te centres en conseguir algo grande para ti mismo (“Voy a encontrar una novia, voy a hacerme rico…”) sino que simplemente te centres en dotarte de una habilidad que te haga tan sólo un poco más interesante y valioso para otras personas.

Hostia puta, ¡aprendiendo español puedo hablar con 400 millones de personas con las que antes no podía!

“No tengo dinero para tomar clases de cocina”. Entonces busca en el puto Google “cómo cocinar”. Ahora han filtrado el porno, es más fácil que nunca. Joder, tienes que acabar con esas excusas. O ellas acabarán contigo.

‘Gravity’

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No hace muchas semanas el trailer de ‘Gravity’ (Alfonso Cuarón, 2013) me cogió totalmente por sorpresa en la sala de cine, momentos antes de ver esa oda a los mechas que es ‘Pacific Rim’ (Guillermo del Toro, 2013). Llevo un tiempo desconectado de la actualidad cinematográfica y ni siquiera sabía que existía el proyecto, y el trailer me dejó sin aliento. Me pareció soberbia la escena que adelantaban y sobre todo, lo minimalista del trailer, que mostraba lo justo para dejar con la boca abierta y con ganas de más.

Llegó el día de que se estrenara en los cines y por fin pude disfrutar de la cinta, en un 3D que refundaba su concepción comercial a fin de convertirse en un elemento más de la narración. Una narración fastuosa, hiperbólica, inmersiva y técnicamente sobresaliente, al servicio de un mensaje de hondo calado expuesto de manera honesta y abierta: Renacer tras la adversidad, superar el vacío existencial y tomar el control de nuestra existencia.

Atención, a partir de aquí describo e interpreto la trama con detalle. Esta entrada está dirigida a quien ya ha visto la película. Si no es tu caso, por favor, no sigas leyendo y corre al cine.

Primera parte.

El personaje de Sandra Bullock, la doctora Ryan Stone, es una brillante profesional que se ve abocada en ambarcarse en una misión espacial después de que la NASA cancelara la inversión en su laboratorio y le ofreciera el puesto de ‘mission specialist’ como salida. Durante unas tareas de mantenimiento del telescópio Hubble, el Control de Misión en Houston informa a los astronautas que debido a la destrucción de un satélite se ha producido una nube de escombros que viaja en órbita terrestre a miles de kilómetros por hora. En principio, parece que no se cruzarán en su camino, pero pasados unos minutos, Houston advierte que los resultados de la explosión han causado una reacción en cadena imprevisible al dañar otro satélite que a su vez también viaja despedazado hacia su posición, con el grave peligro que esto implica. Sin casi tiempo para reaccionar, los tripulantes de la nave espacial tienen que ponerse a salvo, pero es demasiado tarde y la nube de escombros acaba con la vida de varios de ellos, destroza la nave y pone a la doctora Stone y al veterano comandante Matt Kowalsky (George Clooney) en una desesperada lucha por sobrevivir.

Tras la primera catástrofe, Kowalsky arriesga su vida para rescatar a Stone, que ha salido despedida hacia el vacío y se encuentra en estado de shock, incapaz de tranquilizarse y tomar el control de la situación, tan siquiera de comunicarse por radio. Kowalsky no sólo la rescata físicamente, sino que actúa de ancla emocional y psicológica gracias a su veteranía y madurez mientras toma la iniciativa de cara a la supervivencia de ambos. En definitiva, se alza como una figura paternal sobre una Stone inhabilitada para cuidar de sí misma, atrapada por el temor y la inseguridad, retraída a un estado de infantilidad. Iniciando una maniobra arriesgada de acercamiento a los restos de su nave, con objeto de rescatar el cadáver de un compañero y pedir ayuda, ambos viajan por el vacío conversando sobre sus vidas. Kowalsky trata de que Stone mantenga la calma y controle su respiración para que no acabe con sus ya diezmadas reservas de oxígeno, cosa que apenas logra.

Durante el desplazamiento, Stone confiesa a Kowalsky que perdió a su hija de cuatro años por un golpe en la cabeza ocasionado por un simple tropiezo. La insignificancia y lo fortuito del accidente es tan desproporcionado a su fatal desenlace que el impacto emocional devastó aún más a Stone. Admite que desde entonces vive como un autómata una existencia fría y vacía, una vida más propia de una máquina que de un ser humano. “Voy allí donde me dicen. Mi vida es levantarme, coger el coche, y conducir. Simplemente, conduzco”. El plan es alcanzar al ISS y utilizar la Soyuz para la reentrada. Desafortunadamente, la cápsula desplegó el paracaidas y esto impide una reentrada segura, por lo que tendrán que utilizarla para llegar a la estación china y utilizar su cápsula para la reentrada.

La nube de escombros completa un giro orbital y les sorprende de nuevo cuando han alcanzado los restos de la ISS. La fuerza del choque provoca una fuerza centrífuga que amenaza con enviarlos a ambos a la deriva y Kowaslky decide sacrificarse para que Stone consiga aferrarse a la nave y sobrevivir. Kowalsky desancla el mosquetón que le unía a Stone, y metafóricamente, rompe el vínculo que los mantenía unidos. Mientras se aleja a la deriva, Kowalsky le radia mensajes de ánimo, fuerza y coraje para que Stone luche por su vida. Ella logra aferrarse a la Estación a pesar de la traumática pérdida. Al límite de su resistencia, observa que el paracaídas de la Soyuz está enredado en la ISS y se ve obligada a desconectarlos. Logra llevarlo acabo y entrar por una esclusa. Acuciada por la falta de oxígeno del traje y la experiencia traumática que ha vivido, siente la necesidad de despojarse de él como ritual de limpieza, se desnuda y adquiere una posición fetal que la relaja y tranquiliza mientras respira profundamente. Es un nuevo comienzo para la doctora Stone, ahora en un estado de “gestación” previo a su renacimiento.

Segunda parte.

El objetivo de Stone es operar la nave Soyuz que está acoplada a la ISS para llegar hasta la estación china Tiangong. Stone se mueve por el interior de la nave de manera pausada y tranquila, sientiéndose a salvo, pero al poco de entrar en la ISS, los daños causados por la nube de escombros provocan un incendio que se extiende por toda la estructura. Stone tiene que luchar contra el fuego y la destrucción para alcanzar la Soyuz de manera desesperada. Su esfuerzo da resultado y logra alcanzar el habitáculo, dentro del cual se prepara para desacoplarse de la estación. No entiende las instrucciones ni el cuadro de mandos escrito en ruso, pero tiene unas nociones básicas gracias a unos ejercicios de entrenamiento que actúan a modo de instinto primario y opera los cohetes. La fatalidad se hace presente de nuevo cuando la falta de combustible no le permite llevar a cabo su plan. Stone sucumbe y se rinde. Decide suicidarse e inicia la decompresión de la cabina para morir indoloramente por hipoxia. Entrando en la somnolencia debida a la falta de oxígeno, Stone tiene una alucinación en la que Kowalsky aparece en la Soyuz y le revela cómo usar los cohetes auxiliares de aterrizaje para impulsar la cápsula hacia la Tiangong. La alucinación entremezcla el recuerdo soterrado del entrenamiento sobre la Soyuz con el recuerdo reciente de la persona de Kowalsky, lo que revela que su subconsciente está tomando el control de su instinto de supervivencia. Con fuerzas renovadas, Stone pone rumbo a la Tiangong. Debido a que la estación comienza a caer hacia la Tierra, Stone es incapaz de acoplar la Soyuz. Con valentía, voluntad de sobrevivir y con su nueva actitud se eyecta de la Soyuz y valiéndose de un extintor como método de propulsión, alcanza la cápsula china Shengzou, asumiendo un riesgo inconmesurable. Sin la más mínima pista al estar todo en chino, un idioma que desconoce por completo, reúne coraje e instinto y opera la cápsula. Lleva a cabo la reentrada rodeada de escombros de la Tiangong, que se ha deshecho en la entrada, en una nube de partículas similar a una lluvia de meteoritos y emerge del mar en un paisaje prehistórico, alejado de cualquier signo de civilización. Debido a la estancia en el espacio, lucha por ponerse en pie venciendo su propio peso y se alza como un ser humano completamente nuevo.

Análisis.

Toda la primera parte está cargada de simbología sobre el estado de incompetencia emocional de Stone y su insuficiencia personal. Su dependencia de Kowalsky, materializada por la cuerda que los une y las veces que le salva la vida es tan patente como el contraste entre la personalidad de uno, equilibrado, maduro, de vuelta de todo y capaz de disfrutar de cada pequeña o gran cosa que se le pone delante, y una doctora Stone apática, autómata, anclada en su luto interior. La segunda mitad de la película expone una tesis incontestable: No se puede vivir en un trauma constante, alimentándonos diariamente de la autocompasión y comportándonos como máquinas poco más que meramente funcionales. El personaje de Bullock quedó devastado por la pérdida que sufrió y desde entonces está alimentándose del drama personal, consumiéndose a sí misma. Es insegura, siente miedo, se colapsa. Lo expone perfectamente hablando con Clooney: “Mi vida es levantarme, coger el coche, y conducir. Simplemente, conduzco”. El paradigma de estar muerto en vida, de huir hacia delante, de ser un fantasma de lo que fue en otro tiempo y que simplemente, vaga. Y esta tesis concluye que eso no es humano y quien lo sufre está deshumanizado. Lo humano es luchar, superar adversidades y levantarse cuantas veces haga falta. Levantarse es rehacerse, y rehacerse es renacer. Por eso Bullock nace de nuevo en una alegoría diáfana (deliberadamente clara) cuando tiene que superar su propia muerte, no la física sino la psicológica, que asume cuando intenta suicidarse bajando los niveles de oxígeno de la Soyuz. Toda su gestación comienza desde el momento en el que tiene que tomar las riendas de la situación: Clooney muere porque la figura paternal, protectora, vinculante, aquella que la ata a un estado de dependencia y por lo tanto, debilidad y vulnerabilidad confortables, tiene que desaparecer para que se valga por ella misma. Y la catársis del personaje a través de su gestación regresiva se convierte en alegoría de la especie humana. No en vano, cuando Bullock ameriza y alcanza tierra firme, el lugar está completamente desprovisto de civilización, un paisaje que aparenta ser una estampa de ese mundo en el que comienza la evolución de las especies. Bullock llega del espacio en una “lluvia de meteoros” como se especula que llegó la vida a la Tierra. Interesantísimo el planteamiento de fondo, Bullock se va enfrentando no sólo a su gestación regresiva como un modo de reinicio vital, sino a la involución de la especie humana en conjunto, dada la lucha que lleva a cabo con las máquinas al principio y luego con elementos más profanos como el fuego o el agua.

El componente más sensible de la narración, la hija de Stone y su patética muerte, cimentan el trauma que la tiene sumida en una “no existencia”. Tenía que ser la negación de la muerte más traumática, la de alguien a quien ella dio la vida, el punto de partida inequívoco de una historia que se cierra cuando la protagonista aprende a querer seguir viviendo y a volver a nacer cuantas veces hagan falta. Un círculo perfecto.

Tratando estos temas, Cuarón, de forma muy inteligente, otorga un papel tangencial a la espiritualidad. La religión, retratada por un sencillo Buda presente en la Shengzou que Stone advierte durante la reentrada, es decir, al final de su proceso personal (cuando Stone ha completado su renacimiento y es autosufciente), actúa como elemento externo, de acompañamiento, pero nunca como acicate de la protagonista ni como ayuda activa. Stone lo consigue todo por sí misma y desprovista de otra fé más que la que tiene en sus propias capacidades.

En definitiva, ‘Gravity’ es una apuesta por nosotros mismos.

El paquete que no llega: La aduana en Canarias

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Vivimos en un país de pandereta, donde las normas, que en principio pueden manar de una base lógica y justa, terminan aplicadas de forma esperpéntica e indiscriminada por gente que o no sabe hacer su trabajo o corre mejor suerte haciéndolo como le viene en gana.

El pasado 9 de diciembre se me ocurrió hacer otro pedido más a Amazon, en esta ocasión, a la división española, Amazon España. Un paquete algo más voluminoso que de costumbre (lo más grande que había pedido hasta el momento era una placa base de ordenador y mis pedidos, por lo general, suelen ser películas y discos) que puso a prueba mi confianza en que llegara sano y salvo y, sobre todo, a tiempo. La fecha estimada de recepción del paquete estaba señalada para el 12 de diciembre, aunque yo ya contaba con al menos cuatro días de retraso como norma general por experiencias anteriores.

En dos días el paquete había salido de Francia, había llegado a Alemania y de ahí había aterrizado en Madrid. No me lo podía creer: al fin y al cabo había pagado los portes mínimos (poco más de 2€). Sabiendo que estaba en Madrid, hice un cálculo mental y pensé que llegaría a Gran Canaria en un par de días y a Lanzarote en otro par más.

Pasaron esos días y alguno más y no había noticia del paquete. Entré en la página de Amazon y comprobé que el paquete seguía en Madrid. Me alarmé y pensé en lo peor… Cuando hice los trámites pertinentes para averiguar la suerte del envío, comprobé que no me había equivocado: El paquete estaba retenido. Había estado durmiendo el sueño eterno en Madrid durante siete días. ¿Por qué no se molestó nadie (exculpo totalmente a Amazon) en contactar con el destinatario del envío? Nunca lo sabremos. Amazon contactó con UPS ante mis preguntas y estos, finalmente, me llamaron. Necesitaban mi NIF para facturarme el despacho y el IGIC (el IVA canario, por así decirlo). Pregunté cuánto habría que pagar y me dijeron que 22€ de despacho, su correspondiente impuesto y el IGIC que grava la factura del artículo, en este caso, un 5% sobre 88€, unos 4.40€. Finalmente, el artículo, que en principio me suponía un ahorro de unos 30€ frente al precio de las tiendas de mi barrio, sólo me costó 4 ó 5 € más barato a costa de esperar casi dos semanas.

Obviamente, no me importa pagar IGIC. Es lo justo y sólo es un 5% del precio en factura, una cantidad que en una ganga no impide que la compra sea ventajosa respecto a los precios locales (tampoco me molesto en comprar por internet cuando el ahorro no supone más que un 5%). El problema de toda esta situación, además de las molestias causadas y el retraso sufrido, es que liquidar el IGIC de un envío comercial requiere la intervención de un agente de aduanas. El despacho no es sino eso: La comisión del agente por hacer su “trabajo”, y un agente de aduanas cobra normalmente entre 20 y 50 euros, independientemente de las características y coste del envío.

Un momento… ¿Incluso si el envío viene de Península o va a la Península? Sí. ¿Incluso si no es comercial? Sí. ¿Incluso si es un envío entre particulares? Sí. ¿Incluso si son bienes usados sin más valor que el personal o sentimental? Sí. ¿Incluso un autoenvío por mudanza? Sí. Sí, sí y sí. Para triste sorpresa de todos los que se han visto en esta situación, y que llenan los foros y blogs de internet de lamentaciones, quejas y gritos en el cielo, aduanas puede parar cualquier paquete. De nada sirve especificar un valor ínfimo, que es regalo o que son bienes usados, o que tú eres el pagador, remitente y destinatario, uno y trino: Cada día circulan por las aduanas millones de paquetes virtualmente imposibles de fiscalizar; por lo tanto, se selecciona una cantidad bajo determinados criterios y se procesa. El tiempo que se dedica en analizar un envío no puede resultar baldío a ojos de la Hacienda Pública, por lo que no tiene sentido una jornada fallida en la que se exculpara un alto porcentaje de cajas de efectos personales usados o paquetes de bajo valor comercial… Todos han de pagar un tributo merced al valor en factura o, en su defecto, razonable del contenido… y un agente de aduanas velará porque así sea.

La situación es tan absolutamente ridícula que, teniendo intención de enviar una botella de vino canario a un familiar en la Península, terminé adquieriéndolo en una tienda online afincada en aquellas tierras. ¿Por qué? Pues porque con impuestos y trámites arancelarios incluídos tocaba pagar más de 40€ adicionales mediante Paquete Azul de Correos (las empresas de mensajería habrían resultado aún más caras). Y no sólo eso: El destinatario del envío/regalo habría tenido que tomarse mil y una molestias para recoger el envío, entre otras, pagar (¿no era un regalo?) el IVA correspondiente al importe de la botella con lo que, primero, Aduanas envilece el regalo declarando su valor a quien lo recibe y en segundo lugar, obligándolo a pagar por él.

Como último apunte, mi recomendación es, a la hora de valorar una compra por internet, considerar siempre el precio hipotético resultante de sumar al PVP el despacho y el impuesto (IGIC, IVA). Para enviar cosas entre península y Canarias o al revés, alguno he conocido que se ha tomado un fin de semana para viajar con Ryanair o similares y llevar algo personalmente. Si no se tiene la posibilidad, no se me ocurre otra cosa que rezar al calvo de la Lotería para que tu paquete no sea elegido por los dioses aduaneros.

Enlaces de interés:

Canarias Bruta

Devinum

Estar en deuda

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Pongamos por caso: Progenitores que creen en dar trabajo y responsabilidades a sus vástagos para enseñarles de qué va esto de la vida. El trabajo y el esfuerzo, la recompensa y la meta. La ocupación, las obligaciones, las responsabilidades. Que no se vive del aire, que hay que estar preparado para esforzarse y hacerse cargo del timón de la propia vida y quizás de las de otros. Pongamos por caso que estos padres encargan a un hijo que cuide el jardín, regularmente, entre los 12 y los 18 años, como se ve en las películas americanas, para que el niño-chaval aprenda un par de cosas, colabore y aporte a la familia. Imaginemos ahora que este chico, a los 18, decide emanciparse. Imaginemos que, grácilmente, decide exigirle a los padres que le den el dinero equivalente al coste de haber pagado a un jardinero durante 6 años.

Supongo que habremos pensado lo mismo. Este chico, además de tener el entendimiento afectado por la edad y las hormonas, no está teniendo en cuenta que lleva toda su vida mantenido. Que ha generado costes y disfrutado de bienes que no ha sufragado ni directa ni indirectamente. Y que el monto de todo ello ha sido bastante superior al aporte teórico de sus labores como jardinero. Que es él quien está en deuda con sus padres, y no al revés.

Ahora dejemos la ficción y acudamos a la realidad, que ya sabemos que es más tozuda. A mediados de julio leía una noticia que me dejó en estado de shock: El Tribunal Supremo sentenciaba que un señor iba a tener que “indemnizar” (entrecomillo porque no sé si será el término correcto en este contexto) a su ex-pareja por haberse dedicado durante 15 años a ser ama de casa y madre de una hija. La sentencia señalaba que la mujer, en caso de haber sido una asalariada, habría percibido por el trabajo unos 600 euros mensuales, que multiplicados por los 15 años de matrimonio, montaban unos 108.000 euros. Y que es él quien tiene que compensarla a ella porque supuestamente se benefició durante los años de matrimonio de la contribución de la mujer a la casa y a la unidad familiar.

Al igual que en el caso del hipotético jardinero adolescente, la realidad  no tiene ni pies ni cabeza. Vayamos por partes:

En primer lugar, habría que distinguir entre lo material y lo inmaterial. Se puede contabilzar el trabajo del hogar en relación con el coste de una empleada. El coste de “ser madre” no es contabilizable porque no se puede contratar a nadie para ejercer dicha función. Pero en este sentido, es obvio que el marido también ejerció de padre a pesar de trabajar fuera de casa, aunque no se dedicara a ello “en exclusiva”. Si esto no fuera así, tendríamos que admitir, en aras a la igualdad, que las mujeres trabajadoras no ejercen de madres (es más: Que en familias donde ambos progenitores trabajan, el niño no tiene quien le ejerza de padre o madre, pobre). Por tanto, exigirle una compensación como si llevara quince años desentendido de su vástago es abusivo y desmedido.

En segundo lugar, ¿En qué se basa el juez para afirmar que esta señora estuvo quince años dedicada en cuerpo y alma a sus labores con la férrea disciplina de un régimen laboral equivalente? El juez lo supone. Quizás la mujer era una madre modelo y una adicta a las labores del hogar, como quizás fue una madre convencional que se tomaba el cuidado de la casa con parsimonia y comodidad, exprimiendo más momentos para su solaz que el oficinista más vago e indolente. Lo que no se supone, porque queda constatado, es que el marido proveyó durante quince años para tres personas sin fallar un día.

En tercer lugar. No se vive del aire. Una madre soltera no subsiste con 600€ (ni siquiera una soltera sin hijos). Y eso lo sabe cualquiera. Por tanto, es más que lógico admitir, tras hacer un simple cálculo de ingresos menos gastos, que la mujer aportó menos a la economía familiar (del marido, vamos) de lo que se benefició de ella. Y si tenemos en cuenta el tren de vida que proveía el esposo a su mujer, más aún. ¿Quién está en deuda con quién?

Esta sentencia es fruto de la corriente revanchista del feminismo malentendido que está calando en el discurso de la conciencia social, que está convirtiendo algo necesario y positivo en una guerra de trincheras de mujeres contra hombres. No se busca la igualdad, sino la compensación histórica por los “crímenes del machismo”. Aunque de esos crímenes, en casos como este, no haya ni rastro. Ya ven el crimen de ser trabajador por cuenta ajena, salvo el crimen de sufrir a jefes, compañeros, horarios desmedidos, desplazamientos, desórdenes alimentarios, falta de descanso, presión, estrés, pasar pocas horas con tus hijos, tener poco tiempo libre…

P0cas cosas hay más tristes que trabajar para los demás y que no te lo reconozcan ni te lo agradezcan. Aunque el que te hagan culpable de ello por medio de una sentencia debe de estar a la par, como mínimo.

Los ‘perroflautas’ del 15M

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Reconozco que no soy muy amigo de determinadas tendencias. Entre ellas hay una que suele ponerme en alerta, por mucho que  intente evitarlo: El conjunto de estética y forma de vida llamado genéricamente (y con mala baba) perroflautismo. No haré una descripción para no caer en maniqueísmos, pero ustedes saben. Y si no, tendrán su propia idea.

Como digo, hay tendencias comunales o grupales que no me suelen gustar. A mi juicio tienen más de impostura que de postura, tanto ideológica como de personalidad, cuando en el fondo vienen a servir para lo mismo, construirnos una armadura ante la falta de encaje con la que nos vemos a nosotros mismos dentro de la sociedad. Debajo de esa armadura hay, por supuesto, individuos, cada uno con su maravilloso e hiperpoblado mundo interior. Pero si algo nos caracteriza, como animales sociales, es que tendemos a ser gregarios y a adoptar dinámicas grupales.  Por ello a veces es fácil que, sin quererlo y de forma inconsciente, imitemos determinadas actitudes y maneras, de forma que un observador externo pueda trazar una línea con la que homogeneizar un conjunto de individuos bajo una misma imagen. Sería, lo que llamamos normalmente, un prejuicio. Algo fácil de propiciar cuando todo el mundo viste la misma armadura, traje o uniforme.

De la gente que ha participado en las sentadas de Sol y otras ciudades españolas, por lo visto y oído, se podría decir que ha habido una importante presencia de perroflautas. Estudiantes, jóvenes desempleados, supongo que ni-nis también, con esas ropas alternativas, esos peinados, esas actividades lúdico-festivas (nunca faltará el malabarista greñudo y descamisado) y esas proclamas idealistas tan de manual… un buen puñado de personas que poco tienen que ver, a priori, con el trabajador asfixiado por los pagos de la hipoteca, responsable de una familia, baqueteado en decenas de trabajos y empresas diferentes (o en uno sólo al que dedicó su vida, para verse despedido de cualquier manera tanto tiempo después) que en los últimos años ha sido el principal afectado por la Crisis y que está sumido en la amargura y la descreimiento. Muchos de los que han criticado a la gente de Sol han sido especialmente incisivos en esto.

Y es cierto que muchos de los que han participado en las manifestaciones son jóvenes idealistas sin experiencia real en el sistema que critican, o muy poca. Basta con haber tenido dieciocho años, haber sentido dentro la convicción de que las cosas estaban “superclaras”, haberse puesto a currar en trabajos basura y tener ahora más de treinta y estar más quemado que el cenicero de un bingo. Uno reconoce los patrones al oírlos hablar, se reconoce la poca separación del cuadro, la falta de visión general, cómo todo está clarísimo a esas edades por la falta de los matices que da la experiencia, que con los años te va haciendo dar pasitos atrás de forma que vamos viendo más y más del cuadro hasta hacernos una idea general.

Sin embargo, el enfoque con el que hay que afrontar estas manifestaciones no es ese. No es denunciar lo fácil (en teoría) que lo tienen los jóvenes inexpertos para salir a la calle a protestar por problemas que apenas han empezado a sufrir. La reflexión a hacer, y muy seriamente, es por qué los demás, los que ostentan merecidamente el puesto de sufridores oficiales de la Crisis, no han (no hemos) hecho ni dicho nada; por qué han tenido que salir en tromba los que menos motivos tenían para hacerlo en nuestro lugar. La paradoja es tal, como si en un estado de represión moral y religiosa, salieran monjes célibes a luchar por la libertad sexual de un pueblo resignado a fornicar a oscuras, pero más convencido del derecho a criticar a los protestantes por su condición de asexuados que de luchar por si mismo.

Quizás no es que estos jóvenes de Sol estén usurpando el grito de protesta, sino que el resto hemos usurpado el pasotismo, la falta de iniciativa y el estar a verlas venir propia de la adolescencia. La falta de valentía, de ánimo y propósito para luchar por los derechos de todos, perroflautas o no, está instalada entre las clases más afectadas por toda esta locura de ignominia macroeconómica. Cada vez estamos más y más constreñidos entre prerrogativas neoliberales e intereses incompatibles con los ideales sociales más básicos conquistados en el pasado siglo. ¿Son los perroflautas los que no saben de lo que hablan o son los demás los que no saben por qué callan?

Los patriotas

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En estos días resulta imposible disociar fútbol de política. No es que sean como aceite y agua en el común de las fechas del año, pero se ha intensificado la guerra de trincheras en las últimas horas a cuenta de esos advenimientos mesiánicos populares conocidos como “los clásicos”, esta vez por partida cuádruple, en poco más de dos semanas.

Se veía venir. Los ánimos andaban caldeados y gente como yo, que no sigo el fútbol por sano desinterés, ha terminado absorbida por la carga noticiera en cualquier medio que consulte. Los periódicos en papel y en edición digital, los foros de opinión, las redes sociales… bullen. Y es imposible abstraerse. Al final te enteras de todas las miserias humanas que están rodeando los encuentros entre los dos equipos más grandes y simbólicos de la liga española, Real Madrid y F.C. Barcelona. Y al final, uno participa, tanto como testigo del disparate como opinando sobre él.

No es cuestión de concatenar las tonterías que se han dicho y hecho por unos y otros en los últimos días, especialmente desde el último sábado, cuando se jugó el primero de los episodios de esta tragedia nacional (internacional, dirán algunos) concentrada, sino que basta con la última perla de la idiocracia española en estado puro:

http://www.marca.com/2011/04/19/futbol/copa_rey/1303218831.html

“Los madridistas quieren llenar Mestalla de banderas españolas”

El símbolo como arma arrojadiza. Eso sí, “sin violencia”, dicen. Preguntémonos ahora qué es violento y qué no. Por qué un desprecio violenta el ánimo y las ideas igualmente que un directo al rostro y una patada en la espinilla. Por qué la sinrazón y la intolerancia hacen estragos en el estómago como la más aguda de las gastroenteritis. Esta iniciativa que han inventado y están promoviendo desde sectores de aficionados del Real Madrid es una llamada a la confrontación, inútil, entre posturas opuestas, que por chillar más alto no van a entenderse jamás. A los barcelonistas que se consideren españoles el símbolo les redunda y a los que no, los solivianta. ¿Para qué sirve, entonces? Para meter el dedo en el ojo y remover.

El símbolo como ejemplo de cinismo. En 2009, las hinchadas del Athletic de Bilbao y el Barcelona silbaron durante el himno español. Fue una manifestación libre y popular, ejemplo de libertad de expresión, pero innecesaria, y sobretodo, ridícula de puro incongruente. La Liga todavía puede tomarse como una serie de encuentros de equipos “confederados” que no coinciden en nada más, obviando que dicha liga se denomine española, pero esta competición es la Copa del Rey de España y no hay más Santo Tomás, se toma o se deja, libremente. Tan libres son unos de sentir inspiración por lo que representa como son otros de rechazarla de pleno y no participar en ella. Lo que resulta verdaderamente absurdo es adherirse libremente a una actividad netamente simbólica y aborrecer el símbolo en sí mismo, para luego volver a abrazarlo al final (a la copa y al monarca). Es el colmo del cinismo. Como también lo es querer integrar en nuestra realidad realidades ajenas que no estamos dispuestos a tolerar. Si tanto preocupa a los contrarios al nacionalismo que los catalanes sigan siendo parte de su país, ¿por qué tanto rechazo a su identidad, su cultura, su idiosincrasia? ¿Cómo se puede pretender poseer algo que se desprecia? Cínicos.

El símbolo como muro de separación. Cataluña y España se están separando. Y lo están haciendo a nivel social y psicológico, algo mucho más temible y alarmante que la separación administrativa que tanto temen y esperan unos y otros. La historia política reciente es una colección de desencuentros desde los ámbitos judiciales y políticos, y ahora, las brisas con las que a algunos tanto les gusta avivar las brasas para arrimarse al colorcito se están tornando en huracanes. El fútbol y las pasiones que concita están haciendo de combustible y convirtiendo la hoguera a la que muchos se acercan por interés en conflagración que va a engullirnos a todos, en una pira fúnebre de los lazos entre Cataluña y el Estado. Esta “iniciativa de las banderas” es un ataque al sentido común y a la tolerancia. Puro enfrentamiento, por el mero placer de ejecutarlo, participar en él y gozar de unos minutos de camarilla gregaria, pero nada más. No va a convencer a nadie. No sirve para convencer a catalanistas de lo maravilloso de ser español. No sirve para ganarse el respeto de los que silbaron hace dos años. No sirve ni siquiera para zanjar una rencilla. Es un acto estúpido porque es ejemplo de un patriotismo paleto y profundamente irresponsable.

Los patriotas. Los patriotas de este país no sirven para construir un país. Ni los de un sitio ni los de otro. Los patriotas de este país, al igual que los señores de la guerra viven de la guerra, al igual que los señores del terror viven del terror… viven del enfrentamiento. No tienen patria si nadie la pone en duda, si nadie la ataca, si nadie la cuestiona, si nadie está enfrente para recibir y lanzar piedras. A los patriotas de este país no les importa si su patriotismo termina siendo letal para el mismo organismo que dicen querer y amar. Pondrían palos en la rueda y volarían los puentes aun si la bicicleta fuera un tándem en el que fueran montados y los puentes sirvieran para pasar ellos mismos. A los patriotas de este país, encabezados por medios de comunicación vendidos irresponsablemente a los réditos del sensacionalismo y seguidos de la turba ignorante, no les preocupa la patria, ni el país, sólo les preocupa el egoísta placer de intolerar, con abusiva suficiencia, al prójimo. Ya nos arrepentiremos todos, actores y testigos.

Por qué no pagaría por descargas directas.

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Ayer escribí una pequeña reflexión acerca de la nueva modalidad de pago de Spotify, titulada Por qué no pagaría por Spotify. Algunos amigos me comentaron en Facebook que, estando de acuerdo conmigo en lo respectivo a Spotify, prefieren pagar por servicios de descarga directa como Megaupload o Rapidshare, por encontrar una mayor versatilidad en estos servicios de descarga de archivos. Yo, en mi caso, nunca he visto con buenos ojos estas suscripciones.

No es cuestión de volver sobre las reflexiones que me hacen estar de acuerdo con la libre descarga de contenidos y la polémica de la mal llamada “piratería”, porque sería embarrar esta reflexión. Básicamente: Estoy a favor. Partiendo de este punto, siempre he entendido que las descargas se justifican en una cierta honestidad por parte del consumidor, que:

1- Se baja aquello que no puede comprar;

2- Compra un número determinado de artículos, dependiendo de su economía;

3- Consume más de lo que podría comprar aunque quisiera.

Internet ofrece una versatilidad universal. No hay oferta comercial que compita con ella. La comunidad de usuarios dedicada a transmitir y compartir contenidos, ya sean de pago o gratuitos, es una marea imparable y procesa una carga de trabajo que, de forma similar a la de una colonia de termitas, supera con creces la labor de entidades mayores y más poderosas sobre el papel. Ninguna compañía tiene la capacidad de realizar tantos lanzamientos ni de cubrir un catálogo tan inmenso como la scene y es habitual encontrar en internet aquello que no se puede encontrar en ningún otro sitio. Pero seamos justos: La scene consiste en su gran mayoría en usuarios desinteresados que no ven un duro por su trabajo porque los que generan el contenido (los creadores) tampoco lo ven y los que disfrutan de la labor de unos y otros (los consumidores) no lo tienen. Es una forma digna de operar. Y resulta tremendamente irónico (y triste) que, en el momento en que los usuarios deciden pagar por un contenido, el que reciba el dinero no sea el creador del contenido, sino un tercer agente que se aprovecha de la coyuntura y que en ningún momento, a diferencia de Spotify, remunera a los creadores o gestores de los derechos comerciales.

Las compañías de hosting de archivos realizan un servicio que se adapta a una demanda, sí. Pero ese servicio tiene alternativas, aunque haya que currárselas un poco, empezando por la descarga gratuita que ellos mismos ofrecen, con el único precio de tener un poco de paciencia; o los métodos de descarga p2p que ofrecen los mismos contenidos sin pagar a nadie: Bittorrent, eMule… pero de nuevo, basta con tomarse una mínima molestia de buscar el archivo y esperar a que se descargue. No es un esfuerzo mayor del que hicieron quienes permitieron que el contenido llegara hasta nosotros.

Siempre he pensado que las descargas en internet funcionaban éticamente porque en la ecuación no había un factor dinerario. Una vez introducido, creo que herimos gravemente la base de nuestros argumentos.