Cómic

Orgullo y satisfacción

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Cojan aire antes de responder: ¿Cuántos autores pueden publicar lo que les venga en gana, cuando les venga en gana y en el formato que les venga en gana?

Espiren.

Cojan aire de nuevo: ¿Cuántos autores venden más de 20.000 ejemplares en menos de 24 horas?

Suelten el aire.

Por último: ¿Cuántos autores pueden gestionar por sí mismos la distribución y el precio de su obra y manejar sus ingresos directamente?

Si terminaron de responder, ya pueden respirar tranquilos. Yo también respondo a las preguntas, tranquilamente y sin asfixiarme: Muy pocos.

Hace escasos días un grupo de artistas procedentes de la revista El Jueves sacó a la venta por internet, en formatos digitales y sin reflejo en papel, la obra Orgullo y Satisfacción, en la que dan rienda suelta a su crítica política y satírica hacia la monarquía parlamentaria española y sus representantes. Si no todo el material, parte del mismo tendría que haber integrado el ejemplar de El Jueves de la semana anterior, pero RBA, editora de la revista, obligó a hacer cambios en la portada y destruyó una tirada de 60.000 unidades con la original en la que aparecían miembros de la Familia Real caricaturizados. Ante este movimiento de (auto)censura editorial, Ágreda, Albert Monteys, Asier y Javier, Bernardo Vergara, Guillermo, Isaac Rosa, Iu Forn, Lalo Kubala, Luis Bustos, Malagón, Manel Fontdevila, Manuel Bartual, Mel, Paco Alcázar, Paco Sordo, Pepe Colubi, Triz… dejaron El Jueves y comenzaron la gestación de Orgullo y Satisfacción. Con el impulso de la idignación popular por la decisión de RBA, las redes sociales se hiceron rápidamente eco de la operación y la reacción de los artistas y se creó bastante expectación. Finalmente, Orgullo y Satisfacción se puso a la venta el 18 de junio y en pocas horas vendieron más de 20.000 ejemplares a un precio mínimo de 1.50€.

Como a tantos otros ciudadanos, la noticia sobre la censura a El Jueves me soliviantó, pero la noticia de que estos autores iban a poder hacer oir su voz de manera casi inmediata por un cauce alternativo me causó una sensación de alivio y agradecimiento por ese santo grial de la libertad que es internet. Como tantos otros, esperé a la salida de la obra y la compré por 3.00€, que aunque no sea gran cosa, es el doble de lo que pedían y más de lo que vale un ejemplar de El Jueves (que por cierto, he leído ocasionalmente en salas de espera y casas de familiares y amigos pero nunca adquirido). Una vez descargado, lo devoré en mi tablet en cuestión de minutos. Estaba disfrutando como un vil motherfucker de cada página cuando la última me golpeó la cara:

 

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Como podemos ver, para la última viñeta los artistas decidieron aludir a algo tan ajeno al tema de libro y de la polémica monárquica como “la piratería”. Como ocurría cuando te comprabas una película en DVD o blu ray, lo que obtienes por ser un sufrido pagador de cultura es que te llamen ladrón. Claro que la viñeta no alude a quienes han comprado el cómic directamente, pero es obvio que muchos de los que compramos cultura también la descargamos. Es el signo de los tiempos.

Pero lo que me parece más preocupante, y conecta directamente con las primeras palabras de este artículo, es que quienes sufren la piratería real a la que se han visto sometidos los artistas de los últimos dos siglos, es decir, la industria editorial que los exprime, manipula y censura a cambio de una fracción del beneficio, sigan emperrados en demonizar a sus benefactores directos, es decir, su público. Repito, más de 22.000 ejemplares vendidos en 24/48 horas, a un mínimo de 1.50€. Con esas cifras deberían estar más que agradecidos y sinceramente, debería importarles poco o nada que una fracción marginal de gente se descargue el cómic de “el emule”. Esas descargas son como las lecturas en una sala de espera o por préstamo, inevitables e inofensivas.

Ya he comentado muchas veces que el desconocimiento que tiene el artista medio de internet es abrumador. No ya de sus entresijos informáticos, sino de las posibilidades que tiene como medio de comunicación y expansión, pero también publicación. Seguramente los responsables de Orgullo y Satisfacción no van a aprender la lección y no van a cambiar el anticuado y triste sistema editorial por la autopublicación en internet en formato digital. Volverán a supedistarse a una industria que los trata como ganado y seguirán el guión de cargar contra los “piratas” cuando sepan que alguien ha leído algo suyo sin pagar. Como decía Pérez-Reverte en un artículo en el que cargaba contra “los del todo gratis”, si una novela se vende a 20 euros, el beneficio para el autor son 2 euros por cada libro. Pero claro (añado yo), que el autor se lleve sólo 2€ de 20€ facturados no es un robo al autor. El robo es que haya alguien que se lea el libro descargado (/ironic mode OFF).

Seamos claros: El autor podría poner el libro a la venta en internet en formato digital y de manera autónoma por 2 ó 3 euros y ganaría lo mismo o más sin que los piratas reales, la industria, metiera la mano en su bolsillo. Pero los mass media son muy influyentes y poderosos, y todos los autores quieren salir en la foto y consideran que no trabajar para el sistema significa el ostracismo. Nada más lejos de la realidad.

 

 

‘No Ordinary Family’: Entre ‘Heroes’ y ‘Smallville’.

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El pasado día 28 de septiembre la cadena norteamericana ABC estrenó el piloto de ‘No Ordinary Family’, en pocas palabras, la historia de una familia normal y corriente que adquiere superpoderes.

Desde hace algunos años, gracias a los adelantos en el campo de los efectos especiales en el cine, la industria del entretenimiento ha venido apostando fuertemente por las historias basadas en superhéroes (X-Men, Spider-Man…) o seres sobrehumanos quizá no tan heróicos (El Increíble Hulk). Pero nadie esperaba que este salto se diera también a la pequeña pantalla hasta que el boom de la post-producción digital asaltó igualmente los estudios de televisión.

Sin que hubiera habido adaptaciones realmente meritorias de cómics a televisión, hace unos años la cadena NBC dió la campanada con un producto que bebía de todas las aguas comiqueras habidas y por haber, ‘Heroes’. En ella cualquier lector habituado a los cómics de superhéroes reconocería todo tipo de referencias (¿intencionadas?) y similitudes, no sólo en los personajes, sino también en las tramas y los arcos argumentales. Lamentablemente, tras la prometedora primera temporada, la cadena y los responsables de la serie o bien no supieron o no quisieron dar una continuidad lógica y progresiva a la serie y dejaron que las siguientes temporadas se perdieran a la deriva a la vez que el público se alejaba con indiferencia. Una de las cosas que más me enojaron como espectador fue que, además de seguir la mecánica de ‘Lost’ de añadir interrogantes sin resolver los previamente planteados, ‘Heroes’ era una serie de superhéroes en la que no se veían superpoderes. Quizás por ahorrar dinero, quizás por rentabilizar indefinidamente la exptectación del público… casi nunca se veían enfrentamientos, luchas, peleas, acción superheróica, en definitiva. Está bien que los superhéroes sean personajes con una florida vida interior y numerosas cuitas existenciales, y esto sirve perfectamente a la exaltación del género… pero todo cómic de superhéroes, incluso los más grandes ejemplos de literatura comiquera firmados por genios como Alan Moore, intercalan entre elaborados y sesudos diálogos la necesaria acción que identifica a los superhéroes como lo que son en ultimísimo término (baste un ejemplo: ‘Miracle-Man’, del citado Moore).

Esta tarde, mientras veía el capítulo piloto de ‘No Ordinary Family’, aplaudí la apuesta de sus productores y guionistas. No creo que me exceda al decir que sólo el piloto contiene más acción y despliegue visual de superpoderes que las dos primeras temporadas de la malograda ‘Heroes’. Por lo tanto, primer juego a su favor. Ahora vamos con el resto.

‘No Ordinary Family’, al igual que ‘Heroes’, es un obvio producto referencial. La familia Powells (leánlo en voz alta y estarán leyendo, casi, powers) es un cruce entre Los Cuatro Fantásticos y Los Increíbles; algún personaje secundario que aparece en la serie podría hacer plantearse a Marvel iniciar un litigio en los tribunales. Por tanto, tendremos que admitir que originalidad no hay mucha. En cuanto al dibujo de los personajes, la serie retrata a la familia Powells desde un punto de vista tradicionalista y cómico de forma que sea un producto televisivo familiar. No parece que las tramas vayan a estar encaminadas a la transgresión sino al más puro y ligero entretenimiento aventurero, y aunque difícilmente se puede juzgar más allá de un episodio piloto, que los productores y guionistas sean los mismos que han firmado ‘Smallville’ puede llevarnos a imaginar, dejando a parte el target preadolescente que lastraba a esta, que ‘No Ordinary Family’ va a ser un producto atractivo para los aficionados a los cómics de superhéroes pero no tan ambicioso ni transgresor como otros que se han podido disfrutar en los últimos años.

En cuanto al reparto, lo encabeza Michael Chiklis (si querías café, toma dos tazas… el que interpretó a Benjammin J. Grimm, La Cosa de Los Cuatro Fantásticos, en el cine), a los que los afortunados amantes de la extraordinaria ‘The Shield’ conocemos como Vic Mackey, y Julie Benz, vista en otro excelente producto televisivo: ‘Dexter’.

Ahora sólo falta esperar con los dedos cruzados que ‘No Ordinary Family’ haga honor a las expectativas.