Bitácora

Alquilar coche con GOLDCAR

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Recientemente, estando a punto de disfrutar de un viaje para el que tenía contratado un coche de alquiler con Goldcar como otras veces, alguien me manifestó su malestar con esta compañía. En su primer día de vacaciones, llegando al aeropuerto a última hora de la noche y cansados, se habían encontrado con la agria sorpresa de tener que pagar un importe adicional una vez llegados al mostrador de la compañía. Su intención era recoger el coche sin más problema y terminaron llevándose un disgusto. Quise explicarle a qué se debían los importes que había pagado, pero no logré convencerlo y seguramente no volverá a alquilar con Goldcar salvo que sea inevitable.

El problema se repite a menudo y sólo es neceario echar un vistazo por internet para comprobarlo. Goldcar acumula malas opiniones en multitud de foros y webs de viajes, casi siempre en torno al pago de servicios adicionales que cobran cuando el cliente acude a recoger el vehículo. Esta situación se produce por un motivo principal: Goldcar practica una política muy agresiva tanto de precios como de comunicación. Qué está incluído en el precio inicial no resulta del todo claro (también es cierto que no es la única, habría que decir que es un mal endémico en el sector). Y cuando el cliente se encuentra sin margen de maniobra en el mostrador, le ofrecen la cobertura adicional bajo insinuaciones de vandalismo en la zona, posibles accidentes… de manera que le meten el miedo en el cuerpo sobre la posibilidad de daños en el vehículo y tener que afrontarlos con la franquicia.

Por si fuera poco, muchas de sus reservas se tramitan a través de portales de terceros, como Rentalcars, Rumbo, etc., que a su vez, añaden confusión al comprador con textos de condiciones de alquiler genéricos que no siempre se ajustan a la particularidad de la compañía que finalmente prestará el servicio.

En mi experiencia como cliente, después de haber leído la letra pequeña de la compañía y entender cómo funciona, y tras haber comparado precios con otras ofertas, he optado por sus servicios en tres ocasiones y nunca he tenido ningún problema ni me he llevado ninguna sorpresa desagradable. Por ello, se me ocurrió tratar de ayudar a quien esté considerando alquilar con esta compañía para que tome una decisión con mayor información al respecto.

Qué incluye Goldcar en el precio que nos da en su web

Cuando hacemos una búsqueda por fechas, Goldcar nos ofrece diferentes vehículos por una clasificación interna (AA, BB, CC…) y un precio computado en días, junto al total. Por ejemplo, un vehículo CC a 15.47€/día por un total de siete días, 108.29€. Si finalizamos nuestra reserva sin añadir nada (sillas de bebé, GPS) pagaremos dicha cantidad y la reserva se dará por confirmada. Dicha reserva incluirá dos conceptos: El servicio “FlexFuel” y una cobertura parcial de daños con franquicia, CDW (collision damage waiver). Debemos conocer ambos conceptos para no llevarnos sustos.

“FlexFuel”

Goldcar ofrece el servicio FlexFuel como una facilidad a la hora de entregar el vehículo. Como dicen en su web, al recoger el coche nos cobrarán el importe del combustible, un tanque lleno, más un importe por gestión. El combustible es reembolsable parcial o totalmente, pero el gasto por gestión no. Ambos conceptos dependen de la clasificación del vehículo y la zona de recogida, y para conocer sus importes tenemos que entrar en http://www.goldcar.es/sdr. Pongamos por caso mi última reserva: vehículo CC recogido en Península. Me cargaron 92€ de los cuales 26€ pertenecían a la gestión del FlexFuel (no reembolsable) y 66€ al diésel.

Goldcar (como otras compañías) cobra el combustible bastante más caro que en gasolinera. La gente tiende a querer apurar aquello por lo que ha pagado, especialmente si lo ha hecho a regañadientes, pero es mucho más inteligente devolver el coche lleno tras repostar en la gasolinera más barata que elijamos. Cuando reposté, comprobé que el tanque del vehículo no era de más de 40 litros, ya que estando casi en reserva engulló unos 33 litros. Reposté a un precio de 1.089€/l en una gasolinera low cost (Eroski). Ni aun repostando los 40 litros del tanque habría llegado a pagar 66€. Si hubiese devuelto el coche en reserva, Goldcar me habría reembolsado sólo 1/8 de los 66€. Al devolverlo lleno, Goldcar me devolvió 8/8 (los 66€ totales) y por tanto, en realidad pagué el combustible al precio más conveniente, lo mismo que hago con mi coche particular.

CDW con franquicia

Para mí, la madre del cordero a la hora de alquilar un coche en cualquier compañía es el seguro.

Un seguro basado en franquicia nos hace responsables hasta una cantidad determinada en caso de incidente. Esta cantidad es la famosa franquicia, y queda bloqueada en nuestra tarjeta de crédito hasta concluído el alquiler. En la práctica, si incurriéramos en un desperfecto de 500€ con una franquicia de 950€, perderíamos los 500€; pero si el desperfecto fuera de 5000€ “sólo” pagaríamos 950€. Si no ocurre nada, perfecto; pero en caso de que tuviéramos que afrontar un incidente, nuestro alquiler y nuestro viaje podría salirnos carísimo. ¿Merece la pena correr el riesgo? Depende de cada uno. La alternativa es contratar la cobertura adicional, que Goldcar en particular llama “Relax”, y que es la que nos “ofrecen” a la hora de recoger el coche. En mi último alquiler fueron 20€/día por una semana, un total de 140€. Es una cobertura a todo riesgo y no tienes que preocuparte de nada más. Eso sí, depende de la clase de vehículo, así que si alquilas coches grandes y lujosos probablemente tendrás que pagar más.

Goldcar frente a la competencia

La responsabilidad de cualquier consumidor es preocuparse de comparar la oferta disponible. Alquilar un coche, pese a todas sus connotaciones, se toma demasiado a la ligera y la gente no lee ni las condiciones de las contrato ni la letra pequeña de las páginas web, y esto es un gran error. Para comparar las diferentes compañías y sus ofertas, es imprescindible hacerlo, ya que saltarnos información puede ocasionarnos gastos y dolores de cabeza. Más tarde o más temprano nos llevaremos un disgusto.

Mis razones para haber alquilado con Goldcar en las últimas tres ocasiones, tras comparar con la competencia, han sido:

Kilometraje ilimitado frente a otras compañías que limitan los kms. Puede que no lo necesites (planea tu viaje) pero en caso de que te pases de kilómetros, otras compañías los cobran a precio de oro. Por ejemplo, estuve mirando Thrifty, Budget, Avis, Atesa… que ofrecían entre 275 y 350 kilómetros/día.

La cobertura total (“Relax”) es realmente total. Otras compañías que ofrecen coberturas similares excluyen, por ejemplo, rotura de lunas, o el seguro personal, que ofrecen por separado.

Alquiler algo más barato para misma clase de vehículos.

Mi intención con esta entrada del blog no es animar a nadie a que alquile con Goldcar sin pensárselo dos veces, sino ahorrar disgustos a quienes alquilen con ellos o con cualquier otra compañía. Como consumidores, tenemos que ser egoístas y no casarnos con ninguna empresa, pero sobre todo, tenemos que informarnos correctamente sobre qué estamos comprando. Recordemos que firmamos un contrato por el cual aceptamos las condiciones del alquiler.

Feliz viaje.

El relato indecente

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Permítanme que les cuente una pequeña anécdota: En cierta ocasión necesitaba comprar un par de zapatos nuevos, de los llamados “24 horas” (que al parecer es una marca comercial que ha terminado por denominar el género) para mi trabajo. Me acerqué a una tienda de ropa especializada, una “central de uniformes”, en las que además de ropa profesional de todo tipo, también tienen calzado variado para los sufridos pies de los trabajadores. Me probé un 46 y me quedaba largo, así que la dependienta me sacó otro par del 45 y finalmente me quedé con éstos. Volví al mostrador con ambas muestras, pagué el par elegido y me fui.

Justo antes de salir hacia el trabajo, pasadas unas horas de la compra, saqué los zapatos de la caja, ajusté los cordones, me los puse y me monté en el coche sin apenas caminar con ellos. Ya en el trabajo, notaba algo extraño en el pie derecho, como cierta holgura, pero como siempre me han quedado los zapatos más holgados en el pie derecho (o más justos en el izquierdo, que lo tengo un poco más ancho), no le di mayor importancia. Al cabo de un par de horas, en plena madrugada, la sensación de holgura me pareció mayor. Tanta, que miré los números en la suela y me di cuenta de que la dependienta había desparejado las dos cajas y me había dado un 45 para el pie izquierdo y un 46 para el pie derecho. Me cabreé considerablemente, porque ahora tendría que verme en la desagradable situación de devolver un zapato usado, aunque sólo fuera por ocho horas, y porque además tendría que ir de nuevo a la tienda, enfrentarme a la más que probable mala cara de la dependienta, pelear para que reconociera su error (inocente, pero suyo al fin y al cabo; y habitualmente las tiendas no reconocen sus errores) y porque estaba cansado y me iba a tener que acostar al menos dos horas más tarde de lo que tenía previsto.

Finalmente el cambio lo hice sin mayor problema, aunque no sin malas caras. Lógico: Poniéndome en el lugar de la tienda, no sólo habían cometido un error de lo más tonto, sino que habían arruinado el segundo par que quedaba primero desparejado y ahora emparejado pero medio usado, por lo que era lógico que no les hiciera ninguna gracia. Pero reconocieron que no tuve otra opción: Ni podía dejar mi puesto para cambiarme de zapatos, ni podía ir a la tienda a las dos de la mañana.

De vuelta en casa, ya en la cama, mientras invocaba el sueño, pensé: ¿Cómo lo contará la dependienta? “¡Vino un tipo a devolver unos zapatos usados! ¡Qué poca vergüenza tiene la gente!”. Reducida la historia a la mínima expresión, puede parecer algo completamente diferente. Omitiendo el error para justificarse, aplicando un juicio de valor inmediatamente después, también. Lo he visto muchas veces en primera persona y en estos días lo veo continuamente en prensa y televisión. Imaginen el relato: “Se fue a trabajar y aunque se dio cuenta de la confusión, siguió usando los zapatos. Al día siguiente fue a la tienda y devolvió los zapatos, sin el más mínimo remordimiento por entregarlos desgastados, poniendo además el puesto de trabajo de la dependienta en peligro y haciéndola responsable de compensar al comercio del error con cargo a su nómina”. Tal cual.

En estos días se está hablando mucho de Pablo Iglesias, de su partido Podemos y de sus vínculos supuestos con Venezuela, entre otras tantas acusaciones. Todos los días se publican noticias y comentarios que reducen a la mínima expresión la información y amplifican la tendenciosidad con un enfoque sesgado. Al igual que mi pequeña anécdota, la realidad es manipulable mediante la elección de las palabras con que se describe. No es difícil imaginar el titular: “Pablo Iglesias devolvió unos zapatos usados en Alcampo”. Menudo hijo de su madre, el “coletas”.

Todo este ruido mediático, procedente de los medios conservadores, patrióticos, nacionalcatólicos y democristianos, tan píos ellos, es la sinfonía del relato indecente de la realidad que cada día martillea a la opinión pública española. Desde sus atriles no se hace periodismo porque no se informa de manera objetiva, ni tampoco se opina con honestidad, porque hacen la guerra con armas de tergiversación masiva y han declarado el “sin cuartel” a favor del Gobierno. Y si su guerra ya era cruenta frente a la izquierda rosa pálido del PSOE, frente a la izquierda rojo intenso de Podemos está al borde de llegar al punto de fusión.

Mientras a Pablo Iglesias se le acusa de haber “asesorado al régimen chavista de Venezuela” sin decir en qué ni con qué efectos, se oculta deliberadamente que España ha vendido todo tipo de armamento y equipamiento militar y antidisturbios a Venezuela durante años con PP y PSOE al frente del Gobierno. El relato indecente de la realidad también consiste en ocultar a la opinión pública aquello con lo que contrastar las verdades monolíticas y sectarias que se les pretende contagiar. Y lo que es peor: se transmite la idea de que un politólogo profesor de univerdad que comparte sus ideas teóricas con un gobierno extrajero es mucho más peligroso y dañino que las armas que ese gobierno pueda emplear en la práctica contra sus ciudadanos, salpimentado con la hipocresía y el cinismo de ser quienes satanizan los mismos que se lucran con el negocio del diablo. No será un medio conservador quien critique al Ministerio de Defensa ni a las empresas contratistas españolas que se lucran bajo su ala el que armen al régimen venezolano. Eso no; eso forma parte del juego del poder, que como sabemos, está por encima de la moral en minúsculas de los defensores de la moral en mayúsculas.

Los cambios

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Aún no me cabe en la cabeza por qué se ha sustituido algo con tanto recuerdo y solera por otra cosa tan genérica, tan falta de identidad propia y tan insulsa. Otro recuerdo de mi niñez barrido por el avance imparable de los cambios.

Estar en deuda

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Pongamos por caso: Progenitores que creen en dar trabajo y responsabilidades a sus vástagos para enseñarles de qué va esto de la vida. El trabajo y el esfuerzo, la recompensa y la meta. La ocupación, las obligaciones, las responsabilidades. Que no se vive del aire, que hay que estar preparado para esforzarse y hacerse cargo del timón de la propia vida y quizás de las de otros. Pongamos por caso que estos padres encargan a un hijo que cuide el jardín, regularmente, entre los 12 y los 18 años, como se ve en las películas americanas, para que el niño-chaval aprenda un par de cosas, colabore y aporte a la familia. Imaginemos ahora que este chico, a los 18, decide emanciparse. Imaginemos que, grácilmente, decide exigirle a los padres que le den el dinero equivalente al coste de haber pagado a un jardinero durante 6 años.

Supongo que habremos pensado lo mismo. Este chico, además de tener el entendimiento afectado por la edad y las hormonas, no está teniendo en cuenta que lleva toda su vida mantenido. Que ha generado costes y disfrutado de bienes que no ha sufragado ni directa ni indirectamente. Y que el monto de todo ello ha sido bastante superior al aporte teórico de sus labores como jardinero. Que es él quien está en deuda con sus padres, y no al revés.

Ahora dejemos la ficción y acudamos a la realidad, que ya sabemos que es más tozuda. A mediados de julio leía una noticia que me dejó en estado de shock: El Tribunal Supremo sentenciaba que un señor iba a tener que “indemnizar” (entrecomillo porque no sé si será el término correcto en este contexto) a su ex-pareja por haberse dedicado durante 15 años a ser ama de casa y madre de una hija. La sentencia señalaba que la mujer, en caso de haber sido una asalariada, habría percibido por el trabajo unos 600 euros mensuales, que multiplicados por los 15 años de matrimonio, montaban unos 108.000 euros. Y que es él quien tiene que compensarla a ella porque supuestamente se benefició durante los años de matrimonio de la contribución de la mujer a la casa y a la unidad familiar.

Al igual que en el caso del hipotético jardinero adolescente, la realidad  no tiene ni pies ni cabeza. Vayamos por partes:

En primer lugar, habría que distinguir entre lo material y lo inmaterial. Se puede contabilzar el trabajo del hogar en relación con el coste de una empleada. El coste de “ser madre” no es contabilizable porque no se puede contratar a nadie para ejercer dicha función. Pero en este sentido, es obvio que el marido también ejerció de padre a pesar de trabajar fuera de casa, aunque no se dedicara a ello “en exclusiva”. Si esto no fuera así, tendríamos que admitir, en aras a la igualdad, que las mujeres trabajadoras no ejercen de madres (es más: Que en familias donde ambos progenitores trabajan, el niño no tiene quien le ejerza de padre o madre, pobre). Por tanto, exigirle una compensación como si llevara quince años desentendido de su vástago es abusivo y desmedido.

En segundo lugar, ¿En qué se basa el juez para afirmar que esta señora estuvo quince años dedicada en cuerpo y alma a sus labores con la férrea disciplina de un régimen laboral equivalente? El juez lo supone. Quizás la mujer era una madre modelo y una adicta a las labores del hogar, como quizás fue una madre convencional que se tomaba el cuidado de la casa con parsimonia y comodidad, exprimiendo más momentos para su solaz que el oficinista más vago e indolente. Lo que no se supone, porque queda constatado, es que el marido proveyó durante quince años para tres personas sin fallar un día.

En tercer lugar. No se vive del aire. Una madre soltera no subsiste con 600€ (ni siquiera una soltera sin hijos). Y eso lo sabe cualquiera. Por tanto, es más que lógico admitir, tras hacer un simple cálculo de ingresos menos gastos, que la mujer aportó menos a la economía familiar (del marido, vamos) de lo que se benefició de ella. Y si tenemos en cuenta el tren de vida que proveía el esposo a su mujer, más aún. ¿Quién está en deuda con quién?

Esta sentencia es fruto de la corriente revanchista del feminismo malentendido que está calando en el discurso de la conciencia social, que está convirtiendo algo necesario y positivo en una guerra de trincheras de mujeres contra hombres. No se busca la igualdad, sino la compensación histórica por los “crímenes del machismo”. Aunque de esos crímenes, en casos como este, no haya ni rastro. Ya ven el crimen de ser trabajador por cuenta ajena, salvo el crimen de sufrir a jefes, compañeros, horarios desmedidos, desplazamientos, desórdenes alimentarios, falta de descanso, presión, estrés, pasar pocas horas con tus hijos, tener poco tiempo libre…

P0cas cosas hay más tristes que trabajar para los demás y que no te lo reconozcan ni te lo agradezcan. Aunque el que te hagan culpable de ello por medio de una sentencia debe de estar a la par, como mínimo.

Los ‘perroflautas’ del 15M

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Reconozco que no soy muy amigo de determinadas tendencias. Entre ellas hay una que suele ponerme en alerta, por mucho que  intente evitarlo: El conjunto de estética y forma de vida llamado genéricamente (y con mala baba) perroflautismo. No haré una descripción para no caer en maniqueísmos, pero ustedes saben. Y si no, tendrán su propia idea.

Como digo, hay tendencias comunales o grupales que no me suelen gustar. A mi juicio tienen más de impostura que de postura, tanto ideológica como de personalidad, cuando en el fondo vienen a servir para lo mismo, construirnos una armadura ante la falta de encaje con la que nos vemos a nosotros mismos dentro de la sociedad. Debajo de esa armadura hay, por supuesto, individuos, cada uno con su maravilloso e hiperpoblado mundo interior. Pero si algo nos caracteriza, como animales sociales, es que tendemos a ser gregarios y a adoptar dinámicas grupales.  Por ello a veces es fácil que, sin quererlo y de forma inconsciente, imitemos determinadas actitudes y maneras, de forma que un observador externo pueda trazar una línea con la que homogeneizar un conjunto de individuos bajo una misma imagen. Sería, lo que llamamos normalmente, un prejuicio. Algo fácil de propiciar cuando todo el mundo viste la misma armadura, traje o uniforme.

De la gente que ha participado en las sentadas de Sol y otras ciudades españolas, por lo visto y oído, se podría decir que ha habido una importante presencia de perroflautas. Estudiantes, jóvenes desempleados, supongo que ni-nis también, con esas ropas alternativas, esos peinados, esas actividades lúdico-festivas (nunca faltará el malabarista greñudo y descamisado) y esas proclamas idealistas tan de manual… un buen puñado de personas que poco tienen que ver, a priori, con el trabajador asfixiado por los pagos de la hipoteca, responsable de una familia, baqueteado en decenas de trabajos y empresas diferentes (o en uno sólo al que dedicó su vida, para verse despedido de cualquier manera tanto tiempo después) que en los últimos años ha sido el principal afectado por la Crisis y que está sumido en la amargura y la descreimiento. Muchos de los que han criticado a la gente de Sol han sido especialmente incisivos en esto.

Y es cierto que muchos de los que han participado en las manifestaciones son jóvenes idealistas sin experiencia real en el sistema que critican, o muy poca. Basta con haber tenido dieciocho años, haber sentido dentro la convicción de que las cosas estaban “superclaras”, haberse puesto a currar en trabajos basura y tener ahora más de treinta y estar más quemado que el cenicero de un bingo. Uno reconoce los patrones al oírlos hablar, se reconoce la poca separación del cuadro, la falta de visión general, cómo todo está clarísimo a esas edades por la falta de los matices que da la experiencia, que con los años te va haciendo dar pasitos atrás de forma que vamos viendo más y más del cuadro hasta hacernos una idea general.

Sin embargo, el enfoque con el que hay que afrontar estas manifestaciones no es ese. No es denunciar lo fácil (en teoría) que lo tienen los jóvenes inexpertos para salir a la calle a protestar por problemas que apenas han empezado a sufrir. La reflexión a hacer, y muy seriamente, es por qué los demás, los que ostentan merecidamente el puesto de sufridores oficiales de la Crisis, no han (no hemos) hecho ni dicho nada; por qué han tenido que salir en tromba los que menos motivos tenían para hacerlo en nuestro lugar. La paradoja es tal, como si en un estado de represión moral y religiosa, salieran monjes célibes a luchar por la libertad sexual de un pueblo resignado a fornicar a oscuras, pero más convencido del derecho a criticar a los protestantes por su condición de asexuados que de luchar por si mismo.

Quizás no es que estos jóvenes de Sol estén usurpando el grito de protesta, sino que el resto hemos usurpado el pasotismo, la falta de iniciativa y el estar a verlas venir propia de la adolescencia. La falta de valentía, de ánimo y propósito para luchar por los derechos de todos, perroflautas o no, está instalada entre las clases más afectadas por toda esta locura de ignominia macroeconómica. Cada vez estamos más y más constreñidos entre prerrogativas neoliberales e intereses incompatibles con los ideales sociales más básicos conquistados en el pasado siglo. ¿Son los perroflautas los que no saben de lo que hablan o son los demás los que no saben por qué callan?

Miércoles…

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Con el examen del día 14 cada vez más cerca cualquier excusa era buena para solazarse y eludir responsabilidades (hincar los codos), así que el día me llevó por diferentes webs, programas y noticias.

La mañana comenzó con la entrevista en Los Desayunos de TVE al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Entre otros temas, confirmó la conexión ETA-FARC, cosa que ya se había mencionado en el pasado pero quizá no había sido corroborada por fuentes oficiales colombianas (desconozco este dato en concreto), y afirmó haber “invitado” a los empresarios españoles a invertir en infraestructuras en Colombia “ya que aquí parece que no pueden invertir debido a la situación”, lo cual me sonó a un mal chiste, aunque no será culpable el señor Santos de que no tenga gracia… Si no hay dinero para invertir, no hay dinero para invertir; sería un movimiento sardónico que las mismas empresas que agarran el monedero en España hicieran las Américas en estos momentos, dejando a los españoles con un palmo de narices y los bolsillos cada vez más vacíos. Aunque muy probablemente esté ocurriendo ya mismo.

Por otro lado, tras la entrevista de la ministra Sinde en el programa de Buenafuente (al que han criticado en su Twitter por la falta de punch, cosa que hizo enrocarse al humorista en una actitud defensiva) leemos en la prensa nuevas declaraciones de la fatal ministra: La ley Sinde impedirá acceder a webs de descargas ‘ilegales’ alojadas fuera de España”. Algunos comentarios de la noticia daban la bienvenida al lector a la República Popular China, mientras otros anunciaban con mucha esperanza que los ingenieros del software libre encontrarán la receta mágica para saltarnos las prohibiciones. No soy tan optimista como el segundo comentarista, pero sí tan pesimista como el primero. Y para los que achacan la Ley Sinde al PSOE, no olvidemos que el PP votó a favor de la misma, ni se opuso (novedad) ni se abstuvo, lo cual quiere decir que en su Gobierno habrían ordenado algo similar, si no peor. Los intereses industriales no tiene color ni sigla política (o tal vez color verde y sigla ‘$’), pero extienden sus garras sin miramientos sobre los escaños que deberían representar a los consumidores, los votantes, y no a un grupúsculo oligárquico alejado de la realidad. Aunque claro, qué son los políticos sino otra oligarquía alejada de la realidad.

Hablando de lo cual, noticia de ElPais.com: “El suegro de Arenas cobró del fondo de los ERE por asesorar en Santana”. La noticia, que confirma hasta qué punto se extendió el mangoneo y la sinvergüenza en Andalucía con este asunto, tiene especial relevancia teniendo en cuenta las declaraciones de González-Pons hace apenas dos meses:

“El dinero se destinó a pagar jubilaciones millonarias a los amiguetes del PSOE andaluz (…) Sabemos que todas las personas beneficiadas son cercanas al PSOE”.

Qué grande. Por las hemerotecas muere el pez… pero nada tan grande hoy (quizá mañana, confiamos en González-Pons y su capacidad para el exabrupto) como la necedad negacionista y ciega en su máximo esplendor exhibida por el columnista Carlos Rodríguez Braun (La Razón). La oleada de denuncias y reclamaciones de hombres y mujeres que fueron objeto de robo y secuestro cuando eran bebés recién nacidos y que fueron entregados a otras familias en condiciones ilegales y oscuras ha destapado un escándalo sin precedentes. Pero para este señor, “no hubo ni un caso de niños robados”, cuando las denuncias privadas ya superan el medio millar. Pero sus argumentos para negar los casos se basan en la habitual conspiración judeo-masónica, siempre tan apañada, de los sectores de izquierda anticlericales y anticatólicos y razonamientos tan delirantes como este:

“Un momento, señora: ¿usted se dejaría robar un hijo? Es imposible”

Esto es como negar los asesinatos y la existencia de los asesinos con un “Un momento, señora: ¿usted se dejaría quitar la vida? ¡Es imposible!”. Y como no podía ser de otra manera, aludiendo a partos, madres y bebés, Rodríguez Braun aprovechó para meter con calzador el tema del aborto. Genio y figura.

Por último, los dos vídeos del día: El nuevo y tristemente impresionante testimonio gráfico del tsunami de Japón y la no menos espectacular colisión de dos aviones en el JFK de Nueva York. Ambos vídeos muestran cómo las grandes fuerzas arrollan todo lo que encuentran a su paso.