Estar en deuda

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Pongamos por caso: Progenitores que creen en dar trabajo y responsabilidades a sus vástagos para enseñarles de qué va esto de la vida. El trabajo y el esfuerzo, la recompensa y la meta. La ocupación, las obligaciones, las responsabilidades. Que no se vive del aire, que hay que estar preparado para esforzarse y hacerse cargo del timón de la propia vida y quizás de las de otros. Pongamos por caso que estos padres encargan a un hijo que cuide el jardín, regularmente, entre los 12 y los 18 años, como se ve en las películas americanas, para que el niño-chaval aprenda un par de cosas, colabore y aporte a la familia. Imaginemos ahora que este chico, a los 18, decide emanciparse. Imaginemos que, grácilmente, decide exigirle a los padres que le den el dinero equivalente al coste de haber pagado a un jardinero durante 6 años.

Supongo que habremos pensado lo mismo. Este chico, además de tener el entendimiento afectado por la edad y las hormonas, no está teniendo en cuenta que lleva toda su vida mantenido. Que ha generado costes y disfrutado de bienes que no ha sufragado ni directa ni indirectamente. Y que el monto de todo ello ha sido bastante superior al aporte teórico de sus labores como jardinero. Que es él quien está en deuda con sus padres, y no al revés.

Ahora dejemos la ficción y acudamos a la realidad, que ya sabemos que es más tozuda. A mediados de julio leía una noticia que me dejó en estado de shock: El Tribunal Supremo sentenciaba que un señor iba a tener que “indemnizar” (entrecomillo porque no sé si será el término correcto en este contexto) a su ex-pareja por haberse dedicado durante 15 años a ser ama de casa y madre de una hija. La sentencia señalaba que la mujer, en caso de haber sido una asalariada, habría percibido por el trabajo unos 600 euros mensuales, que multiplicados por los 15 años de matrimonio, montaban unos 108.000 euros. Y que es él quien tiene que compensarla a ella porque supuestamente se benefició durante los años de matrimonio de la contribución de la mujer a la casa y a la unidad familiar.

Al igual que en el caso del hipotético jardinero adolescente, la realidad  no tiene ni pies ni cabeza. Vayamos por partes:

En primer lugar, habría que distinguir entre lo material y lo inmaterial. Se puede contabilzar el trabajo del hogar en relación con el coste de una empleada. El coste de “ser madre” no es contabilizable porque no se puede contratar a nadie para ejercer dicha función. Pero en este sentido, es obvio que el marido también ejerció de padre a pesar de trabajar fuera de casa, aunque no se dedicara a ello “en exclusiva”. Si esto no fuera así, tendríamos que admitir, en aras a la igualdad, que las mujeres trabajadoras no ejercen de madres (es más: Que en familias donde ambos progenitores trabajan, el niño no tiene quien le ejerza de padre o madre, pobre). Por tanto, exigirle una compensación como si llevara quince años desentendido de su vástago es abusivo y desmedido.

En segundo lugar, ¿En qué se basa el juez para afirmar que esta señora estuvo quince años dedicada en cuerpo y alma a sus labores con la férrea disciplina de un régimen laboral equivalente? El juez lo supone. Quizás la mujer era una madre modelo y una adicta a las labores del hogar, como quizás fue una madre convencional que se tomaba el cuidado de la casa con parsimonia y comodidad, exprimiendo más momentos para su solaz que el oficinista más vago e indolente. Lo que no se supone, porque queda constatado, es que el marido proveyó durante quince años para tres personas sin fallar un día.

En tercer lugar. No se vive del aire. Una madre soltera no subsiste con 600€ (ni siquiera una soltera sin hijos). Y eso lo sabe cualquiera. Por tanto, es más que lógico admitir, tras hacer un simple cálculo de ingresos menos gastos, que la mujer aportó menos a la economía familiar (del marido, vamos) de lo que se benefició de ella. Y si tenemos en cuenta el tren de vida que proveía el esposo a su mujer, más aún. ¿Quién está en deuda con quién?

Esta sentencia es fruto de la corriente revanchista del feminismo malentendido que está calando en el discurso de la conciencia social, que está convirtiendo algo necesario y positivo en una guerra de trincheras de mujeres contra hombres. No se busca la igualdad, sino la compensación histórica por los “crímenes del machismo”. Aunque de esos crímenes, en casos como este, no haya ni rastro. Ya ven el crimen de ser trabajador por cuenta ajena, salvo el crimen de sufrir a jefes, compañeros, horarios desmedidos, desplazamientos, desórdenes alimentarios, falta de descanso, presión, estrés, pasar pocas horas con tus hijos, tener poco tiempo libre…

P0cas cosas hay más tristes que trabajar para los demás y que no te lo reconozcan ni te lo agradezcan. Aunque el que te hagan culpable de ello por medio de una sentencia debe de estar a la par, como mínimo.

3 comentarios sobre “Estar en deuda

    Ana escribió:
    4 agosto, 2011 en 16:47

    No estoy de acuerdo con que este tema es moderno y revanchista perteneciente al rollito de la igualdad que nos intentan imponer. De nuevo no tiene nada. Desde que se aprobó el divorcio en España, el marido tenía que pagar una manutención a los hijos y a la mujer (SI ESTA NO TRABAJABA, que era lo más normal del mundo). Creo que lo estipulaban en dos años, hasta que ella encontrara trabajo.

    Entiendo también que si dejas de currar para dedicarte a la casa y a cuidar un hijo y tu susodicho coge y se pira con la secretaria (que anda que no hay casos) tampoco es lícito que te quedes en la puta calle porque el señor ha decidido cambiar de pareja.

    Insisto que con estos temas no se puede prejuzgar. Hay que saber qué condiciones tenía él y ella.

    Fdo: una que hizo justo todo lo contrario a lo que se oye por ahí…

    Santiago respondido:
    4 agosto, 2011 en 18:32

    Buenas🙂

    Que el marido pague una manutención a los hijos me parece estupendo. Que le pase un dinero a ella porque es quien se queda con ellos me genera dudas, pero bueno, lo doy por bueno también… Ahora, eso ya forma parte de la resolución judicial que, además, estima que el marido tiene que pagar más de 100.000 €uros por “quince años de trabajo en el hogar”, como si el marido fuera una empresa y la mujer una trabajadora.

    Esta sentencia no está cuestionando ni menoscabando lo que siempre han obtenido las mujeres en las separaciones (los niños, la casa y las compensaciones) sino añadiendo un concepto de “compensación” que no se sostiene, se mire por donde se mire.

    Ana escribió:
    5 agosto, 2011 en 00:21

    Bueno, es que más que una pensión parece una indemnización, como si fuera una empresa. Ojo con una frase “la mujer se queda con los niños y la casa”…no. La casa es DE LOS NIÑOS, siempre, ahora y después. Y por tanto hasta que los niños abandonen el hogar quien tiene derecho a vivir allí es la persona que tiene la guardia y custodia. En este caso es la mujer.

    De todos modos, están cambiando muchísimo las cosas. Ahora se estila la custodia compartida y hay casos de fliparlo. La casa es de los niños y los que entran 15 días sí y 15 días no son los padres (muy fuerte, conozco un caso y es de órdago).

    Como ves lo que sale en la prensa es lo más rocambolesco, está claro.

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