Por qué no pagaría por Spotify

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Spotify, que no hace muchos meses anunciaba su crecimiento en número de usuarios y volumen de negocio, anunció hace poco que limitará el uso y disfrute de los usuarios free y que parte de los servicios que ofrecía, como la escucha ilimitada de canciones a cambio de forzosa publicidad, pasarán a ser parte de la oferta de pago. Ahora, un usuario de la modalidad gratuita sólo podrá escuchar cada canción un máximo de cinco veces, entre otras limitaciones. Las reacciones en internet no se han hecho esperar y se está formando una bola de nieve de acusaciones y reproches.

En primer lugar, me resulta curioso que la industria por un lado nos machaque con los productos que quiere vender, obligándonos en la práctica a escuchar decenas y hasta cientos de veces canciones que no nos gustan (quién no ha terminado hasta los huevos del último fenómeno comercial de la radio y la televisión, y en el mismo servicio Spotify), cuando por otro lado impone el límite de escuchas en su cliente de streaming. La música es suya y se la follan cuando quieren, por supuesto, pero eso no quita que no podamos quejarnos del sinsentido, que no encierra otra cosa que dirigir las ventas.

Por otro lado, no me gusta Spotify porque no me parece un catálogo perfecto, ni siquiera rayano en la perfección (que ya sé que es imposible, pero hay grados de acercamiento, sobre todo basados en la voluntad). De las veces que lo he usado, he observado discografías incompletas, preeminencia de recopilatorios y grandes ausencias tanto de artistas consagrados que no han cedido sus derechos (Metallica, Led Zeppelin…) como de otros artistas que son demasiado “no famosos” (The Steepwater Band, Five Horse Johnson…) para estar en las listas. Pagar para tener en cualquier parte la música que ya tengo en cualquier parte tras pasar mi colección de CD’s originales a un magnífico mp3 de Sony me parece una tontería y un gasto inútil. Si quiero algo como Spotify es para escuchar bandas y discos nuevos que no tengo y no conozco, pero de los que he leído alguna referencia en algún momento en algún sitio, y que con un Spotify al lado, resultaría fácil explorar. Pero mi decepción ha sido mayúscula en numerosas ocasiones.

En tercer lugar… ya hablé en una ocasión sobre el acuciante problema que existe en la Industria Musical con la obsesión por el volumen. La conocida como Loudness War afecta también a Spotify, y dejando a un lado la baja calidad de los mp3 que sirve al cliente (que mejora pagando, obviamente) para alguien con el oído mínimamente entrenado se nota que las canciones están amplificadas a niveles que, como dirían en La loca guerra de las Galaxias, son absurdos. Entiendo que esto, para el común de los usuarios, sea una queja supérflua de friki musical, pero es el servicio el que se tiene que adaptar al usuario y no al revés. Yo cuando paso la música a mi mp3, normalizo todas las canciones aplicando valores de ReplayGain. Spotify utiliza la convencional “normalización”, que no sólo no me convence, sino que resulta en un aumento mayor del volumen. Y a mí entre una cosa y otra se me atraganta la oferta de esta compañía.

Entiendo que a las sucesivas críticas que está generando la decisión de Spotify también se sucedan voces de reproche hacia los usuarios que ponen el grito en el cielo. Ejemplos gráficos dan en el clavo:

…Y no dejan de tener cierta razón. A la gente le cuesta pagar. Pero también tengamos en cuenta, olvidando la picaresca y la caradura española, que el mercado español es un mercado acostumbrado el abuso. A los consumidores españoles se nos suele cobrar lo mismo más caro y con peor servicio, y se nos suele cobrar por todo, al mismo tiempo que somos de los países con renta per cápita más baja de Europa. Pero no sólo eso: En los países donde tienen mayor poder adquisitivo, tanto las telecomunicaciones como los contenidos de ocio suelen estar mucho más baratos, tanto que hasta sale muy a cuenta comprar por internet, gastos de envío incluídos, ahorrando a veces hasta la mitad del dinero. Por tanto, veo en parte lógico que la gente se cabree. 5€ no son nada, dicen algunos, pero para muchos, son cinco euros más añadidos a un gasto de por sí desproporcionado en la tarifa de datos del móvil y la tarifa de internet del fijo (ambas necesarias para disfrutar Spotify), las entradas abusivas del cine, el precio de la gasolina, el recibo de la luz, la inflación… Y suena a la típica chufla para sacar dinero que de repente te digan que lo que estabas usando no lo vas a poder usar y que vas a tener que pagar.

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