El miedo a lo desconocido (cuando ese desconocido es internet).

Posted on

En la famosa “cena del miedo” que compartió un editor de obras copyleft con los máximos defensores del copyright en España (con la “asustante” ministra Sinde a la cabeza), una fotógrafa dijo indignada: “¡La gente se pone mis fotos de perfil en Facebook!”. Lo cual me lleva a preguntarme: ¿Qué diferencia hay entre eso y poner las fotos de una revista en la carpeta del instituto, como hemos hecho todos los que alguna vez fuimos al instituto con una carpeta, incluida la fotógrafa de la cena? Daba igual si éramos jebis, aficionados al cómic, o quinceañeras suscritas al SuperPOP; todos lo hicimos, y aquello constituía hacer una “publicación indebida” de dicho material con su correspondiente copyright, puesto que el mero propósito de aquellas imágenes, al igual que ahora en Facebook,  era que hablaran por nosotros de nuestros gustos, nuestros ídolos o qué cosas nos parecían dignas de vestir la imagen que tienen los demás de nosotros (porque iba a poner de ejemplo cuando cogíamos las fotos y hacíamos diversos collage temáticos para colgarlos como pósteres en nuestras habitaciones, pero alguien argumentaría que esto sería un uso privado y no público de las imágenes). Nadie se tiraba de los pelos en aquellos tiempos y ahora tampoco. Pero el desconocimiento de lo que es internet, como bien indica el autor del artículo, genera en estos defensores del copyright un miedo voraz que los devora por dentro, especialmente por la parte del sentido común, hasta el punto de que una simple carpeta (o book… o Facebook ) se les antoja como sinónimo de acto hiriente.

Otra pregunta… ¿De verdad alguien se siente tan violentado como autor y siente tan violado su derecho intelectual por ver que Fulanita Fulanitez se ponga una foto suya como avatar de Facebook? ¿De verdad algo así tiene visos de ser una actividad comercial no remunerada para el autor? ¿De verdad pretenden estos autores controlar quién coge qué imagen para usarla en qué acción privada, cuando nunca nadie quiso ni supo cómo controlar quién recortaba qué foto de qué revista para usarla en qué carpeta o qué collage? Imaginen la cara de esta fotógrafa si mañana tocaran a su puerta los miembros de cualquier grupo musical de su juventud y le exigieran un pago religioso por el uso de sus imágenes en aquella carpeta del “insti”, con sus correspondientes intereses por los años transcurridos sin percibir la justa retribución… O mejor: Sintiendo la llamada de la fotografía, no sería de extrañar que en su pubertad llevara varias de su elección y gusto en la carpeta, a la vista de todos… ¿Se habría abstenido de ponerlas si alguien le hubiera dicho que las estaba “robando”?

Cada vez que conozco cosas como estas creo que estas personas, estos autores instalados en la élite y la fama, viven en un estado de paranoia constante, producto de morar en una realidad paralela en la que cualquier conciencia de qué es la gente común y cuáles son sus intenciones detrás de acciones tan inocuas como las descritas, debe de ser pura casualidad. Mientras, eso sí, aquello para lo que debería servir el derecho de propiedad intelectual, es decir, para proteger a los autores frente a violaciones de los derechos comerciales de su obra por parte de las empresas u otros creadores, queda en seria duda cuando se producen plagios, inspiraciones no declaradas, usos ilegítimos… que no tienen solución o se resuelven con más perjuicio que ganancia para el autor o autores originales, como describí en la entrada anterior del blog.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s