De plagios y no plagios

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Crear, según la RAE, es “producir algo de la nada”. Según esta definición, hay pocas personas en el mundo que puedan considerarse, plenamente, creadores. Pero relajando la interpretación del término, y dejando lugar a los espacios intermedios necesarios para licitar la inspiración en el proceso creativo, casi todo creador actual puede verse reflejado en otros creadores y ver sus obras reflejadas en las obras de otros. El contexto cultural, las fuerzas evocadoras, las ideas y sus proyecciones, que nos influencian a todos por igual, son poderosas, y en esta nuestra “aldea global”, comunes a muchos. La llamada intercontextualidad (si no me desvío en mi interpretación del palabro) consigna que todos, a pesar de provenir de realidades culturales diferentes, estamos sujetos a influencias análogas y que, por tanto, tenemos bastantes papeletas para producir obras similares he incluso tener ideas parecidas… pero, ¿sospechosas de plagio?

Distinguir entre plagio y legítima semejanza puede ser complicado cuando hablamos de conceptos como la sustancia o la esencia de una obra. Si ésta está sujeta a interpretaciones diversas, o a diferentes análisis, es difícil dar por hecho que el autor del supuesto plagio expresa exáctamente lo mismo que el autor plagiado. Pero cuando la obra es puramente figurativa, cuando la idea se representa claramente a través de una forma compuesta de forma reconocible, las dudas se despejan por sí solas. En este punto habría que dejar claro que la versión, el homenaje (como por ejemplo hace pintores diversos a “Las Meninas” de Velázquez o a la “Gioconda” de Da Vinci, o los directores de cine que homenajean escenas de otros directores), busca expresamente sugerir la autoría original y la complicidad del observador al percibirla. No se trata de un plagio porque no trata de hacer pasar como propia la obra ajena.

En estos días anda revolucionando a la comunidad de ilustradores en la red de redes la delación de varios casos de presunto plagio a manos de la misma autora, Elizabeth Nogales. Son los típicos casos que se destapan por pura casualidad, ya que encontrar adrede algo así teniendo en cuenta la profusión de internet es como buscar una aguja microscópica en un pajar mastodóntico…

Todo comenzó cuando el autor de unas ilustraciones originales, Puño, descubre en una revista de tirada nacional una composición hecha con sus ilustraciones:

Imagen publicada por Elizabeth Nogales…
Ilustración original de Puño...

Tristemente, y tal como explica el autor Puño en su blog, el consiguiente intercambio de e-mails terminó teniendo efectos contraproducentes, tanto por lo infructuoso de la llamada de atención a Elizabeth Nogales como, especialmente, desde que el autor cometió el error de hacerlos públicos, lo cual constituye delito… y por lo que ha sido denunciado por Nogales, en un giro perverso de los acontecimientos.

Pero este caso no pasó desapercibido para la comunidad de ilustradores en la red, y con miles de ojos escudriñando en la misma dirección, era cuestión de tiempo que si había algo más, saliera a relucir. La página anglosajona Bleeding Cool, en su sección Swipe File, se hizo eco hasta en dos ocasiones (aquí y aquí) de otros casos por parte de la misma autora. Si cabe, y en mi opinión, bastante más sangrantes que los de Puño… Pero como dicen en la propia página, queda a la discreción del observador juzgar hasta qué punto la obra de Elizabeth Nogales constituye o no plagio. Juzguemos, pues:

Imagen publicada por Nogales...
Imagen original de Alex Chery en DeviantArt

En las páginas de Bleeding Cool enlazadas con anterioridad tenéis más ejemplos. Casi todos los originales están sacados de la misma fuente, Deviant Art, que no tiene nada que ver con un buscador de imágenes al estilo Google. Se trata de una comunidad de creadores gráficos, desde el más modesto dibujante que envía a su galería dibujos a lápiz hasta profesionales de la infografía; lo cual aumenta, a mi juicio, las sospechas sobre la casualidad y las dudas sobre la causalidad, y destierra la sensación de que haya una explicación coherente que explique cómo llegaron dichas imágenes a manos de Nogales (o como dijo Nogales en su mail a Puño, de dónde las “fusila”).

Puedo entender el miedo al lienzo en blanco. Puedo entender el uso de imágenes ajenas como inspiración. Pero el “cortapega” con leves retoques a modo de maquillaje se me hace un tanto difícil de comprender. Es más: Yo diría que usar la misma idea, creada y representada de otra manera (o como nos decían en el colegio, explícalo con tus propias palabras) es incluso más fácil.

Un comentario sobre “De plagios y no plagios

    […] resuelven con más perjuicio que ganancia para el autor o autores originales, como describí en la entrada anterior del […]

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