Calcula el consumo de tu coche

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Los que tenemos coches antiguos no contamos con el ordenador de abordo que nos informa del consumo. Hay aplicaciones para móviles que ayudan a llevar un histórico de gasto (no sólo de combustible), y se puede ir apuntando lo que gastamos en gasolina, pero esto no equivale a consumo, debido a las variaciones de precios y a que el coche no consume siempre lo mismo. Después de darle unas cuantas vueltas, llegué a un método sencillo pero eficaz.

La primera consideración es que no podemos saber con exactitud cuánto combustible queda en el depósito antes de repostar, ya que el típico dial del cuadro de mandos no marca litros y tampoco es una tecnología punta que brille por su exactitud. Por tanto, aunque el surtidor nos dé los litros repostados, no sabremos cuántos litros habrá en total en el tanque.

La solución es repostar siempre en el mismo surtidor y dejar que la manguera pare al detectar que el combustible se acerca a la boquilla. Lo hará siempre de manera similar, por lo cual, podemos asegurarnos de que llenamos el tanque a la misma medida (o casi) cada vez y de ahí que el volumen de litros repostado en la segunda ocasión equivalga muy aproximadamente con lo consumido desde el primer repostaje. Ojo, si nos sirven el combustible, con los empleados que echan un poco más del tope para redondear la factura, porque esto fastidiará la medición…

Segunda consideración: Para evitar la excesiva evaporación de combustible, que atribuiríamos erróneamente al consumo, es mejor no llegar a la reserva y repostar a medio tanque. También podemos hacer trayectos de prueba (100, 200 kms) para llegar antes a una conclusión sin esperar a llegar a mitad del tanque.

Ejemplo práctico: Tenemos X gasolina en el coche, pero no sabemos cuántos litros son exactamente. Repostamos hasta el tope, hasta que pare la manguera, 53,5 litros. Conducimos unos 300kms y volvemos a repostar hasta el tope. Cuando la manguera para, marca 21.9 litros. Ahora sabemos que hemos consumido 21.9 litros para 300 kms. Para saber el consumo a los 100kms, el cálculo es sencillo en esta ocasión, 21.9/3=7.3 litros. Pero si el kilometraje no es una cifra redonda, como 381 kms o 221 kms, no sería tan fácil, habría que aplicar una regla de tres:

Litros repostados x 100/kilómetros recorridos.

Por ejemplo, si repostamos 23 litros tras recorrer 297.3 kilómetros:

23*100/297.3=7.74 (litros a los 100).

Así, por ejemplo, podremos calcular cuánto consumimos de más circulando a diferentes velocidades medias. En mi caso, hice los mismos trayectos (casa-trabajo-casa) durante 300kms a 80kms/h de media con un consumo de 7.75ls y en la segunda ocasión a 100kms/h de media con un consumo de 8.75ls. Subiendo la velocidad a 110 ó 120 el consumo se me dispara a 9.50, 10… ¿Recuerdas la polémica sobre el límite de 110? Definitivamente se ahorra combustible, puedo asegurarlo. Otra cosa es que a mí o a ti no te compense llegar a los sitios X minutos después.

Alquilar coche con GOLDCAR

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Recientemente, estando a punto de disfrutar de un viaje para el que tenía contratado un coche de alquiler con Goldcar como otras veces, alguien me manifestó su malestar con esta compañía. En su primer día de vacaciones, llegando al aeropuerto a última hora de la noche y cansados, se habían encontrado con la agria sorpresa de tener que pagar un importe adicional una vez llegados al mostrador de la compañía. Su intención era recoger el coche sin más problema y terminaron llevándose un disgusto. Quise explicarle a qué se debían los importes que había pagado, pero no logré convencerlo y seguramente no volverá a alquilar con Goldcar salvo que sea inevitable.

El problema se repite a menudo y sólo es neceario echar un vistazo por internet para comprobarlo. Goldcar acumula malas opiniones en multitud de foros y webs de viajes, casi siempre en torno al pago de servicios adicionales que cobran cuando el cliente acude a recoger el vehículo. Esta situación se produce por un motivo principal: Goldcar practica una política muy agresiva tanto de precios como de comunicación. Qué está incluído en el precio inicial no resulta del todo claro (también es cierto que no es la única, habría que decir que es un mal endémico en el sector). Y cuando el cliente se encuentra sin margen de maniobra en el mostrador, le ofrecen la cobertura adicional bajo insinuaciones de vandalismo en la zona, posibles accidentes… de manera que le meten el miedo en el cuerpo sobre la posibilidad de daños en el vehículo y tener que afrontarlos con la franquicia.

Por si fuera poco, muchas de sus reservas se tramitan a través de portales de terceros, como Rentalcars, Rumbo, etc., que a su vez, añaden confusión al comprador con textos de condiciones de alquiler genéricos que no siempre se ajustan a la particularidad de la compañía que finalmente prestará el servicio.

En mi experiencia como cliente, después de haber leído la letra pequeña de la compañía y entender cómo funciona, y tras haber comparado precios con otras ofertas, he optado por sus servicios en tres ocasiones y nunca he tenido ningún problema ni me he llevado ninguna sorpresa desagradable. Por ello, se me ocurrió tratar de ayudar a quien esté considerando alquilar con esta compañía para que tome una decisión con mayor información al respecto.

Qué incluye Goldcar en el precio que nos da en su web

Cuando hacemos una búsqueda por fechas, Goldcar nos ofrece diferentes vehículos por una clasificación interna (AA, BB, CC…) y un precio computado en días, junto al total. Por ejemplo, un vehículo CC a 15.47€/día por un total de siete días, 108.29€. Si finalizamos nuestra reserva sin añadir nada (sillas de bebé, GPS) pagaremos dicha cantidad y la reserva se dará por confirmada. Dicha reserva incluirá dos conceptos: El servicio “FlexFuel” y una cobertura parcial de daños con franquicia, CDW (collision damage waiver). Debemos conocer ambos conceptos para no llevarnos sustos.

“FlexFuel”

Goldcar ofrece el servicio FlexFuel como una facilidad a la hora de entregar el vehículo. Como dicen en su web, al recoger el coche nos cobrarán el importe del combustible, un tanque lleno, más un importe por gestión. El combustible es reembolsable parcial o totalmente, pero el gasto por gestión no. Ambos conceptos dependen de la clasificación del vehículo y la zona de recogida, y para conocer sus importes tenemos que entrar en http://www.goldcar.es/sdr. Pongamos por caso mi última reserva: vehículo CC recogido en Península. Me cargaron 92€ de los cuales 26€ pertenecían a la gestión del FlexFuel (no reembolsable) y 66€ al diésel.

Goldcar (como otras compañías) cobra el combustible bastante más caro que en gasolinera. La gente tiende a querer apurar aquello por lo que ha pagado, especialmente si lo ha hecho a regañadientes, pero es mucho más inteligente devolver el coche lleno tras repostar en la gasolinera más barata que elijamos. Cuando reposté, comprobé que el tanque del vehículo no era de más de 40 litros, ya que estando casi en reserva engulló unos 33 litros. Reposté a un precio de 1.089€/l en una gasolinera low cost (Eroski). Ni aun repostando los 40 litros del tanque habría llegado a pagar 66€. Si hubiese devuelto el coche en reserva, Goldcar me habría reembolsado sólo 1/8 de los 66€. Al devolverlo lleno, Goldcar me devolvió 8/8 (los 66€ totales) y por tanto, en realidad pagué el combustible al precio más conveniente, lo mismo que hago con mi coche particular.

CDW con franquicia

Para mí, la madre del cordero a la hora de alquilar un coche en cualquier compañía es el seguro.

Un seguro basado en franquicia nos hace responsables hasta una cantidad determinada en caso de incidente. Esta cantidad es la famosa franquicia, y queda bloqueada en nuestra tarjeta de crédito hasta concluído el alquiler. En la práctica, si incurriéramos en un desperfecto de 500€ con una franquicia de 950€, perderíamos los 500€; pero si el desperfecto fuera de 5000€ “sólo” pagaríamos 950€. Si no ocurre nada, perfecto; pero en caso de que tuviéramos que afrontar un incidente, nuestro alquiler y nuestro viaje podría salirnos carísimo. ¿Merece la pena correr el riesgo? Depende de cada uno. La alternativa es contratar la cobertura adicional, que Goldcar en particular llama “Relax”, y que es la que nos “ofrecen” a la hora de recoger el coche. En mi último alquiler fueron 20€/día por una semana, un total de 140€. Es una cobertura a todo riesgo y no tienes que preocuparte de nada más. Eso sí, depende de la clase de vehículo, así que si alquilas coches grandes y lujosos probablemente tendrás que pagar más.

Goldcar frente a la competencia

La responsabilidad de cualquier consumidor es preocuparse de comparar la oferta disponible. Alquilar un coche, pese a todas sus connotaciones, se toma demasiado a la ligera y la gente no lee ni las condiciones de las contrato ni la letra pequeña de las páginas web, y esto es un gran error. Para comparar las diferentes compañías y sus ofertas, es imprescindible hacerlo, ya que saltarnos información puede ocasionarnos gastos y dolores de cabeza. Más tarde o más temprano nos llevaremos un disgusto.

Mis razones para haber alquilado con Goldcar en las últimas tres ocasiones, tras comparar con la competencia, han sido:

Kilometraje ilimitado frente a otras compañías que limitan los kms. Puede que no lo necesites (planea tu viaje) pero en caso de que te pases de kilómetros, otras compañías los cobran a precio de oro. Por ejemplo, estuve mirando Thrifty, Budget, Avis, Atesa… que ofrecían entre 275 y 350 kilómetros/día.

La cobertura total (“Relax”) es realmente total. Otras compañías que ofrecen coberturas similares excluyen, por ejemplo, rotura de lunas, o el seguro personal, que ofrecen por separado.

Alquiler algo más barato para misma clase de vehículos.

Mi intención con esta entrada del blog no es animar a nadie a que alquile con Goldcar sin pensárselo dos veces, sino ahorrar disgustos a quienes alquilen con ellos o con cualquier otra compañía. Como consumidores, tenemos que ser egoístas y no casarnos con ninguna empresa, pero sobre todo, tenemos que informarnos correctamente sobre qué estamos comprando. Recordemos que firmamos un contrato por el cual aceptamos las condiciones del alquiler.

Feliz viaje.

La ausencia de contexto y el derecho a no ser ofendido

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Me he cruzado con un excelente artículo en inglés (Alexandra Petri, en el Wahsinton Post) y no puedo sino traducirlo. No soy traductor así que pido disculpas por adelantado por los fallos, que espero, sean pocos y no demasiado dolorosos.

Chris Rock, el conservadurismo en las universidades, “The Interview” y la economía de la indignación.

En un fragmento que no ha recibido suficiente atención de su muy compartida entrevista con Frank Rich, Chris Rock apunta con acierto un problema creciente:

Dejé de actuar en campus universitarios, y la razón es porque son demasiado conservadores… No en sus ideas políticas (no es que voten a los republicanos) sino en su mirada social y su voluntad de no ofender a nadie. Chicos criados en una cultura de “no vamos a jugar a puntos porque no queremos que nadie pierda”. O simplemente tratando de ignorar el hecho racial hasta el absurdo. No puedes decir “ese chico negro de ahí”, no. Es “el que lleva los zapatos rojos”. Ni siquiera puedes ofender como forma de ser inofensivo.

Este tipo de terror tan servil a causar ofensa no es exclusivo de los campus universitarios. Se extiende a los cómicos, porque cualquiera es capaz de grabar, transmitir y sacar de contexto sus actuaciones. Chris Rock dijo también:

Da miedo, porque lo que ocurre con los cómicos es que somos los únicos que practicamos frente al público. Prince no pone sus demos en la radio. Pero para un cómico, la “demo” es pública. Hay algunos lo suficientemente buenos para escribir el monólogo perfecto y salir con él, pero el resto lo trabaja y lo trabaja frente al público, y se puede convertir en un problema. Puede ser completamente ofensivo. Antes de que nadie tuviera un dispositivo de grabación podías decir algo que fuese demasiado lejos y dirías “oh, he ido demasiado lejos”, y simplemente quitarías esa parte. Pero cuando sabes que no tienes margen para cometer errores, produces actuaciones menos valientes, más mojigatas. No se te pueden ocurrir las ocurrencias que querrías que se te ocurrieran si te sabes vigilado.

De lo que habla Rock en ambos casos es de la desaparición del contexto.

Solíamos tener contexto cuando teníamos tiempo para leer las cosas por completo antes de sentirnos molestos con ellas. Ya no disponemos de semejante lujo.

2014, tal y como señala Slate, ha sido el año de la indignación. Hemos pasado de la cólera acerca de Lena Durham, a la cólera acerca de Uber, a la cólera acerca de las fotos de desnudos, y de vuelta al principio. Internet se nutre de la indignación. La indignación es una fuerza poderosa, tan renovable como el viento, igualmente capaz de arrasar con lo que encuentre a su paso. La fanfarronería sopla con fuerza.

La economía de la indignación va de la mano con la desaparición del contexto. El contexto es tan de 1995. Ahora llevamos un ritmo de noticias de 25 horas los siete días de la semana, y es físicamente imposible leer todo aquello sobre lo que todo el mundo habla. Así que elegimos la siguiente opción: Cabrearnos con fragmentos sacados de contexto a los que somos expuestos hasta que alguien es obligado a disculparse o pierde su trabajo, o cuando no, es silenciado.

Es malo para la comedia, es malo para la capacidad de expresión y es malo para las ideas.

La economía de la indignación es como “cenar con panteras”, citando a Oscar Wilde. Siempre estás a dos o tres centímetros de un tweet que acabe con tu carrera. Y mientras tanto, piensas que una indignación constante está bien, es justa y está justificada, que las voces que silencia y las opiniones que engulle son solo el precio a pagar por el debate civilizado. La gente que lo pierde todo “se lo tenía merecido”. Piensas eso hasta que te toca a ti.

Y uno de estos días, te tocará. ¿Recuerdas #CancelColbert?

En parte se debe a nuestra capacidad de atención. Es absurdamente pequeña. El otro día me abroncó un pez por distraerme con demasiada facilidad. Vamos rebotando de fragento en fragmento, asumiendo por opiniones ajenas que debemos molestarnos por ver un vídeo de dos minutos extraído de una entrevista de nueve horas que no hemos visto. Nos molesta lo que sí hemos visto y con eso debería ser suficiente.

Pensemos en la idignación causada por el libro de Lena Dunham. El libro salió en septiembre. Meses después, alguien leyó una parte y compartió el fragmento de la forma más controvertida posible, y entonces, una vez que había sido reducido a leña para la hoguera, todo el mundo se formó una opinión sobre él y hablo de ello hasta la extenuación.

Una cosa es tratar de no ser ofensivo. Eso es respetuoso. Otra cosa es pretender no ser ofendido jamás. Eso es imposible.

Ahora estamos en el punto en que, como dice Rock, no puedes ni siquiera ser ofensivo como forma de ser inofensivo. Estamos bajo el gobierno de los más finos de piel.

Fijémonos en lo que Greg Lukianoff, de FIRE, llama la “temporada de las des-invintaciones” en los campus de las universidades, el mismo fenómeno al que Rock hizo referencia. No es simplemente el “NO” a Ann Coulter; es “NO” a Bill Maher, el “NO” a gente tan relevante como Condolezza Rice, Christine Lagarde, Robert Birgeneau. Pronto, prevé Lukianoff, “la única gente a la que podrán invitar sin reticencias será a aquellos que no tienen nada que decir”.

“La gente a lo largo y ancho del mundo está llegando a asumir la placidez emocional e intelectual como si fuera un derecho”, escribe Lukianoff. “Esto es precisamente lo que cabe esperar cuando has enseñado a una generación entera a creer que tienen derecho a no ser ofendidos”.

La maquinaria de la indignación es tan maravillosa y está tan bien engrasada y es tan eficiente que es fácil creer que es correcta. En muchas ocasiones aisladas parece correcta: Tal cosa no debió decirse, o ese chiste no fue de buen gusto. Pero todas las ocasiones tejidas en red tienen un efecto silenciador.

Y sería interesante situar nuestra desaprobación en el mapa de la indignación actual (bueno, quizás la de ayer… los ritmos se mueven con mucha rapidez) sobre la retirada de “The Interview” de los cines. La indiganción fue dirigida en una dirección diferente de la habitual. Callarnos por una amenaza, sabemos, está mal. Eso es censura. Eso es nuestra libertad de expresión siendo cohartada. Eso no puede permitirse.

La gente normalmente señala que existe lo que se dice libremente y lo que se dice cobrando por ello, y mientras se supone que lo primero es libertad de expresión, no supone como tal lo segundo. No tienes derecho a usar una plataforma. Pero esto puede derivar por sendas peligrosas. En vez de aceptar la posibilidad de que algo pueda ser ligeramente ofensivo de camino a ser trascendente, cortamos cada árbol antes de poder ver cómo es el bosque. Ya sea por norma o por entendimiento implícito, esta fácil indignación (¡menos que leer!) limita el espectro de cosas que se hacen, se piensan y se experimentan. No es tan sólo una cuestión de que “The Interview” no se estrene en cines, o que “Pyongyang” de Steve Carell haya sido cancelada. ¿Qué hay de todo el resto de cosas que nos perderemos y de las que nunca sabremos?

Podemos decir que la censura es negativa cuando es una factor externo, digamos, Korea del Norte. Es un pensamiento generalizado que retirar “The Interview” de los cines ha sido un movimiento cobarde por parte de Sony. Pero cuando es algo que nos hacemos a nosotros mismos, el impacto es el mismo: silencio. Menos elección. Menos libertad para poner en orden tus ideas sobre algo que te preocupa. Menos valentía y más mojigatería, como decía Chris Rock.

El relato indecente

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Permítanme que les cuente una pequeña anécdota: En cierta ocasión necesitaba comprar un par de zapatos nuevos, de los llamados “24 horas” (que al parecer es una marca comercial que ha terminado por denominar el género) para mi trabajo. Me acerqué a una tienda de ropa especializada, una “central de uniformes”, en las que además de ropa profesional de todo tipo, también tienen calzado variado para los sufridos pies de los trabajadores. Me probé un 46 y me quedaba largo, así que la dependienta me sacó otro par del 45 y finalmente me quedé con éstos. Volví al mostrador con ambas muestras, pagué el par elegido y me fui.

Justo antes de salir hacia el trabajo, pasadas unas horas de la compra, saqué los zapatos de la caja, ajusté los cordones, me los puse y me monté en el coche sin apenas caminar con ellos. Ya en el trabajo, notaba algo extraño en el pie derecho, como cierta holgura, pero como siempre me han quedado los zapatos más holgados en el pie derecho (o más justos en el izquierdo, que lo tengo un poco más ancho), no le di mayor importancia. Al cabo de un par de horas, en plena madrugada, la sensación de holgura me pareció mayor. Tanta, que miré los números en la suela y me di cuenta de que la dependienta había desparejado las dos cajas y me había dado un 45 para el pie izquierdo y un 46 para el pie derecho. Me cabreé considerablemente, porque ahora tendría que verme en la desagradable situación de devolver un zapato usado, aunque sólo fuera por ocho horas, y porque además tendría que ir de nuevo a la tienda, enfrentarme a la más que probable mala cara de la dependienta, pelear para que reconociera su error (inocente, pero suyo al fin y al cabo; y habitualmente las tiendas no reconocen sus errores) y porque estaba cansado y me iba a tener que acostar al menos dos horas más tarde de lo que tenía previsto.

Finalmente el cambio lo hice sin mayor problema, aunque no sin malas caras. Lógico: Poniéndome en el lugar de la tienda, no sólo habían cometido un error de lo más tonto, sino que habían arruinado el segundo par que quedaba primero desparejado y ahora emparejado pero medio usado, por lo que era lógico que no les hiciera ninguna gracia. Pero reconocieron que no tuve otra opción: Ni podía dejar mi puesto para cambiarme de zapatos, ni podía ir a la tienda a las dos de la mañana.

De vuelta en casa, ya en la cama, mientras invocaba el sueño, pensé: ¿Cómo lo contará la dependienta? “¡Vino un tipo a devolver unos zapatos usados! ¡Qué poca vergüenza tiene la gente!”. Reducida la historia a la mínima expresión, puede parecer algo completamente diferente. Omitiendo el error para justificarse, aplicando un juicio de valor inmediatamente después, también. Lo he visto muchas veces en primera persona y en estos días lo veo continuamente en prensa y televisión. Imaginen el relato: “Se fue a trabajar y aunque se dio cuenta de la confusión, siguió usando los zapatos. Al día siguiente fue a la tienda y devolvió los zapatos, sin el más mínimo remordimiento por entregarlos desgastados, poniendo además el puesto de trabajo de la dependienta en peligro y haciéndola responsable de compensar al comercio del error con cargo a su nómina”. Tal cual.

En estos días se está hablando mucho de Pablo Iglesias, de su partido Podemos y de sus vínculos supuestos con Venezuela, entre otras tantas acusaciones. Todos los días se publican noticias y comentarios que reducen a la mínima expresión la información y amplifican la tendenciosidad con un enfoque sesgado. Al igual que mi pequeña anécdota, la realidad es manipulable mediante la elección de las palabras con que se describe. No es difícil imaginar el titular: “Pablo Iglesias devolvió unos zapatos usados en Alcampo”. Menudo hijo de su madre, el “coletas”.

Todo este ruido mediático, procedente de los medios conservadores, patrióticos, nacionalcatólicos y democristianos, tan píos ellos, es la sinfonía del relato indecente de la realidad que cada día martillea a la opinión pública española. Desde sus atriles no se hace periodismo porque no se informa de manera objetiva, ni tampoco se opina con honestidad, porque hacen la guerra con armas de tergiversación masiva y han declarado el “sin cuartel” a favor del Gobierno. Y si su guerra ya era cruenta frente a la izquierda rosa pálido del PSOE, frente a la izquierda rojo intenso de Podemos está al borde de llegar al punto de fusión.

Mientras a Pablo Iglesias se le acusa de haber “asesorado al régimen chavista de Venezuela” sin decir en qué ni con qué efectos, se oculta deliberadamente que España ha vendido todo tipo de armamento y equipamiento militar y antidisturbios a Venezuela durante años con PP y PSOE al frente del Gobierno. El relato indecente de la realidad también consiste en ocultar a la opinión pública aquello con lo que contrastar las verdades monolíticas y sectarias que se les pretende contagiar. Y lo que es peor: se transmite la idea de que un politólogo profesor de univerdad que comparte sus ideas teóricas con un gobierno extrajero es mucho más peligroso y dañino que las armas que ese gobierno pueda emplear en la práctica contra sus ciudadanos, salpimentado con la hipocresía y el cinismo de ser quienes satanizan los mismos que se lucran con el negocio del diablo. No será un medio conservador quien critique al Ministerio de Defensa ni a las empresas contratistas españolas que se lucran bajo su ala el que armen al régimen venezolano. Eso no; eso forma parte del juego del poder, que como sabemos, está por encima de la moral en minúsculas de los defensores de la moral en mayúsculas.

Orgullo y satisfacción

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Cojan aire antes de responder: ¿Cuántos autores pueden publicar lo que les venga en gana, cuando les venga en gana y en el formato que les venga en gana?

Espiren.

Cojan aire de nuevo: ¿Cuántos autores venden más de 20.000 ejemplares en menos de 24 horas?

Suelten el aire.

Por último: ¿Cuántos autores pueden gestionar por sí mismos la distribución y el precio de su obra y manejar sus ingresos directamente?

Si terminaron de responder, ya pueden respirar tranquilos. Yo también respondo a las preguntas, tranquilamente y sin asfixiarme: Muy pocos.

Hace escasos días un grupo de artistas procedentes de la revista El Jueves sacó a la venta por internet, en formatos digitales y sin reflejo en papel, la obra Orgullo y Satisfacción, en la que dan rienda suelta a su crítica política y satírica hacia la monarquía parlamentaria española y sus representantes. Si no todo el material, parte del mismo tendría que haber integrado el ejemplar de El Jueves de la semana anterior, pero RBA, editora de la revista, obligó a hacer cambios en la portada y destruyó una tirada de 60.000 unidades con la original en la que aparecían miembros de la Familia Real caricaturizados. Ante este movimiento de (auto)censura editorial, Ágreda, Albert Monteys, Asier y Javier, Bernardo Vergara, Guillermo, Isaac Rosa, Iu Forn, Lalo Kubala, Luis Bustos, Malagón, Manel Fontdevila, Manuel Bartual, Mel, Paco Alcázar, Paco Sordo, Pepe Colubi, Triz… dejaron El Jueves y comenzaron la gestación de Orgullo y Satisfacción. Con el impulso de la idignación popular por la decisión de RBA, las redes sociales se hiceron rápidamente eco de la operación y la reacción de los artistas y se creó bastante expectación. Finalmente, Orgullo y Satisfacción se puso a la venta el 18 de junio y en pocas horas vendieron más de 20.000 ejemplares a un precio mínimo de 1.50€.

Como a tantos otros ciudadanos, la noticia sobre la censura a El Jueves me soliviantó, pero la noticia de que estos autores iban a poder hacer oir su voz de manera casi inmediata por un cauce alternativo me causó una sensación de alivio y agradecimiento por ese santo grial de la libertad que es internet. Como tantos otros, esperé a la salida de la obra y la compré por 3.00€, que aunque no sea gran cosa, es el doble de lo que pedían y más de lo que vale un ejemplar de El Jueves (que por cierto, he leído ocasionalmente en salas de espera y casas de familiares y amigos pero nunca adquirido). Una vez descargado, lo devoré en mi tablet en cuestión de minutos. Estaba disfrutando como un vil motherfucker de cada página cuando la última me golpeó la cara:

 

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Como podemos ver, para la última viñeta los artistas decidieron aludir a algo tan ajeno al tema de libro y de la polémica monárquica como “la piratería”. Como ocurría cuando te comprabas una película en DVD o blu ray, lo que obtienes por ser un sufrido pagador de cultura es que te llamen ladrón. Claro que la viñeta no alude a quienes han comprado el cómic directamente, pero es obvio que muchos de los que compramos cultura también la descargamos. Es el signo de los tiempos.

Pero lo que me parece más preocupante, y conecta directamente con las primeras palabras de este artículo, es que quienes sufren la piratería real a la que se han visto sometidos los artistas de los últimos dos siglos, es decir, la industria editorial que los exprime, manipula y censura a cambio de una fracción del beneficio, sigan emperrados en demonizar a sus benefactores directos, es decir, su público. Repito, más de 22.000 ejemplares vendidos en 24/48 horas, a un mínimo de 1.50€. Con esas cifras deberían estar más que agradecidos y sinceramente, debería importarles poco o nada que una fracción marginal de gente se descargue el cómic de “el emule”. Esas descargas son como las lecturas en una sala de espera o por préstamo, inevitables e inofensivas.

Ya he comentado muchas veces que el desconocimiento que tiene el artista medio de internet es abrumador. No ya de sus entresijos informáticos, sino de las posibilidades que tiene como medio de comunicación y expansión, pero también publicación. Seguramente los responsables de Orgullo y Satisfacción no van a aprender la lección y no van a cambiar el anticuado y triste sistema editorial por la autopublicación en internet en formato digital. Volverán a supedistarse a una industria que los trata como ganado y seguirán el guión de cargar contra los “piratas” cuando sepan que alguien ha leído algo suyo sin pagar. Como decía Pérez-Reverte en un artículo en el que cargaba contra “los del todo gratis”, si una novela se vende a 20 euros, el beneficio para el autor son 2 euros por cada libro. Pero claro (añado yo), que el autor se lleve sólo 2€ de 20€ facturados no es un robo al autor. El robo es que haya alguien que se lea el libro descargado (/ironic mode OFF).

Seamos claros: El autor podría poner el libro a la venta en internet en formato digital y de manera autónoma por 2 ó 3 euros y ganaría lo mismo o más sin que los piratas reales, la industria, metiera la mano en su bolsillo. Pero los mass media son muy influyentes y poderosos, y todos los autores quieren salir en la foto y consideran que no trabajar para el sistema significa el ostracismo. Nada más lejos de la realidad.

 

 

6 desagradables verdades que te harán mejor persona

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(Este artículo es una traducción libre de este artículo original en Cracked)

Puedes dejar de leer si tu trabajo va de maravilla, estás contento con tu vida y eres feliz con tus relaciones personales. Que tengas un buen día, amigo, este artículo no es para ti. Estás haciendo las cosas bien, estamos orgullosos de ti. Para que no sientas que has perdido el tiempo al hacer clic en esta entrada, aquí tienes una foto de Lenny Kravitz vistiendo una bufanda gigante.

Para el resto de la gente, vamos a intentar algo: Nombra cinco cosas destacables de ti mismo. Escríbelas o simplemente dilas en voz alta. Pero ojo, no vale decir cosas que eres (p.e., soy un buen tío, soy honrado), sino cosas que haces (p.e., gané un campeonato nacional de ajedrez, hago el mejor chili de Massachusetts). Si no te resulta fácil, bueno, esto es para ti, y te va a joder escucharlo. Mi única defensa es que desearía que alguien me lo hubiera dicho a mi allá por 1995.

#6. Al mundo sólo le preocupa lo que puede obtener de ti.

Digamos que la persona que más quieres acaba de recibir un disparo. Está tirada en la calle, desangrándose y gritando de dolor. Un extraño se acerca y dice “¡Apártense!”. Mira la herida de bala de tu ser querido y saca una navaja… va a operar ahí mismo, en plena calle.
“Muy bien, ¿quién es el herido?”

Tú preguntas, “¿Es usted médico?”. El extraño dice, “No”. Tú dices, “pero, usted sabe lo que hace, ¿verdad? Es usted un médico militar retirado, o…” En este momento el extraño se ofende. Te dice que él es un buen tipo, que es honrado, que es puntual. Te dice que es un buen hijo con su madre, y que tiene una vida rica llena de hobbys divertidos y hace hicapié en que nunca dice palabrotas. Confundido, le dices “¿Y qué cojones tiene eso que ver con que mi mujer/marido/mejor amigo/familiar esté aquí tirado desangrándose? ¡Necesito a alguien que sepa tratar una herida de bala! ¿Puede usted hacerlo o no?”. Entonces el extraño se irrita… ¿Por qué estás siendo tan frívolo y egoísta? ¿No eres capaz de valorar ninguna de sus otras cualidades? ¿Acaso no acabas de escuchar que él siempre se acuerda del cumpleaños de su novia? Con todas las cosas buenas que él hace, ¿realmente importa si tiene conocimientos de cirugía?

En un momento de pánico, coges al extraño por los hombros con tus manos ensangrentadas y lo sacudes, gritando, “Sí, le digo que nada de esas tonterías importan, porque en esta situación en concreto, lo que necesito es a alguien que sepa parar la hemorragia, maldito tarado gilipollas”.
“No lo pillo… ¿Vale si me pongo una bata de laboratorio? Un momento, sólo deja que…”
Y esta es mi terrible verdad sobre el mundo adulto: Te encuentras en esa situación cada día. Sólo que tú eres el idiota de la navaja y la víctima que se desangra es la sociedad en su conjunto. Si quieres saber por qué la sociedad te da de lado, o por qué no consigues el reconocimiento que crees que mereces, es porque la sociedad está llena de gente que necesita cosas. Necesita casas, comida, entretenimiento, relaciones sexuales satisfactorias. Tú has llegado en esa situación de emergencia, con tu pequeña navaja, por el simple hecho de nacer. En el momento en que llegaste al mundo, entraste a formar parte de un sistema diseñado puramente para resolver las necesidades de la gente.
“Aquí tienes la mierda que pediste. Ahora lárgate”

O bien procuras satisfacer esas necesidades desarrollando un conjunto de habilidades únicas o el mundo te rechazará, sin importar lo bueno, generoso y educado que seas. Serás pobre, estarás solo, te quedarás fuera a la intemperie. ¿Te parece esto miserable, zafio o materialista? ¿Es que el amor y la bondad no importan? Por supuesto que importan, siempre que cubras las necesidades de los demás. Porque verás…

#5. Los hippis estaban equivocados

He aquí la mejor escena de la historia del cine:

Para los que no podáis ver el video, es el famoso discurso que Alec Baldwin da en la obra maestra Glengarry Glenn Ross. El personaje de Baldwin (que es el malo de la película) se dirije a una habitación llena de individuos y les hace un agujero nuevo en el culo, diciéndoles que serán despedidos a menos que “cierren” las ventas que se les han asignado:

“¿Eres una buena persona? No me importa una mierda. ¿Un buen padre? ¡Que te jodan! Ve a casa a jugar con tus hijos. Si quieres trabajar aquí, cierra“.

Es brutal, grosero y raya en lo socipático, pero también es una expresión realista y cruda de lo que el mundo espera de ti. La difrerencia es que… en el mundo real, la gente considera que hablarte así está mal y por ello ha decidido que es mejor dejar que fracases.

Getty

Esta secuencia cambió mi vida. Si supiera cómo hacerlo, la pondría como tono de alarma para despertarme cada mañana. Alec Baldwin fue nominado al Oscar por la película y sólo salía en esa escena. Como gente más inteligente que yo ha destacado, la genialidad de ese discurso es que la mitad de la gente que ve la escena piensa: “Vaya, debe de ser horrible tener un jefe así” y la otra mitad piensa, “¡Sí, joder, salgamos a vender esas putas casas!”

O, como dicen en el blog The Last Psychiatrist:

“Si estuviéramos en esa habitación, algunos entenderían la situación como parte del trabajo, y se contagiarían de la fuerza del mensaje, incluso valorando positivamente la vehemencia del jefe: “¡Este tío es genial!”; mientras otros se lo tomarían de forma personal: “este tío es un gilipollas, no tiene derecho a hablarme así”, o siguiendo la maniobra estándar cuando el narcisismo se enfrenta con un poder superior, echaríamos humo en silencio, fantaseando sobre cómo encontrar la manera de delatar su hipocresía. ¡Qué satisfacción!”

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Ese párrafo pertenece a una reveladora crítica de los “hipsters” y su aparente dificultad para encontrar trabajo (aunque no le hace justicia resumirlo así, mejor lee el artículo entero), y el tema es que la diferencia en esas dos actitudes (indispuesto frente a motivado) determina en gran manera si tendremos éxito o no en la sociedad. Por ejemplo, algunas personas quieren responder a ese discurso con la frase de Tyler Durden en Fight Club: “Tú no eres tu trabajo”.

Pues bien, en realidad, sí lo eres. Por descontado, tu “trabajo” y la forma en la que te emplees no tienen por qué ser la misma cosa, pero en ambos casos no eres sino la suma total de tus habilidades útiles. Por ejemplo, ser una buena madre es un trabajo que necesita habilidades. Es algo que una persona puede hacer y que es útil para otros miembros de la sociedad. Pero no te equivoques: Tu “trabajo”, aquello útil que haces por otras personas… es todo lo que eres.

Hay una razón por la que los cirujanos consiguen más reconocimiento que los guionistas de comedias. Hay una razón por la que los mecánicos son más reconocidos que los hipsters en paro. Hay una razón por la que tu trabajo se convierte en tu etiqueta si tu muerte sale en las noticias (“quáterback de la NFL muere en suicidio/asesinato”). Tyler dijo “Tú no eres tu trabajo”, pero también fundó y dirigió una exitosa fábrica de jabones y se convirtió en el líder de un movimiento político y social internacional. Él era por supuesto su trabajo.

Era la moraleja que nadie pareció pillar de la película.

O piénsalo de este modo: ¿Recuerdas cuando Chick-fil-A se declaró en contra del matrimonio homosexual? ¿Y cómo a pesar de las protestas, sigue vendiendo millones de sandwiches cada día? No es porque el país esté de acuerdo con ellos, es porque hacen bien su trabajo fabricando deliciosos sandwiches. Y eso es todo lo que importa.

No tiene por qué gustarte. A mí no me gusta cuando llueve el día de mi cumpleaños. Llueve y punto. Las nubes se forman y hay precipitaciones. La gente tiene necesidades y quienes resuelven esas necesidades son valorados. Estos son los mecanismos simples del universo y no dependen de lo que nosotros queramos.

Esto es ridículo. ¿No he cometido ni un sólo delito y me pasa esto?

Si protestas diciendo que tú no eres un capitalista superficial y materialista y que no estás de acuerdo en que el dinero lo sea todo, sólo puedo decir, ¿quién dijo nada de dinero? No estás comprendiendo el sentido más amplio de todo esto.

 

#4.  Lo que produces no tiene que hacer dinero, pero tiene que beneficiar a los demás.

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Probemos con un ejemplo no monetario para que no te quedes atascado en el dinero. El sector demográfico al que se dirige Cracked está fuertemente formado por hombres jóvenes de veintipocos años. Por lo tanto, en nuestros foros y en muchos de los mensajes privados que me llegan leo varias docenas de historias al año de tipos que sufren y están solos e insisten en que las mujeres no se les acercan a pesar de que son los tíos más majos del mundo. Podría explicar lo erróneo de este planteamiento, pero mejor será que lo haga Alec Baldwin:

En este caso, Baldwin es la mujer atractiva que tienes en el punto de mira. Ella no te lo pondrá tan claro como él (la sociedad nos enseña a no ser así de sinceros con los demás) pero la ecuación es la misma. “¿Un buen tio? ¿A quién le importa una mierda? Si quieres trabajar aquí, cierra

Entonces… ¿Qué ofreces? Porque la chica tipo Zooey Deschanel de la librería con la que sueñas despierto se pasa una hora dándose crema en la cara cada noche y se siente culpable cuando almuerza cualquier cosa que no sea ensalada. Será cirujano dentro de diez años. ¿Y tú?

Pues soy el puto amo en “captura la bandera”…

“¿Qué, entonces estás diciendo que no puedo conseguir chicas como esa a menos que tenga un buen trabajo y gane mucho dinero?” No, tu cerebro llega a esa conclusión para que tengas una excusa para descartar a cualquiera que te rechace, para pensar que están siendo superficiales y egoístas. Estoy preguntando ¿qué ofreces? ¿Eres inteligente? ¿Interesante? ¿Talentoso? ¿Ambicioso? ¿Creativo? Ok, ahora bien, ¿qué haces para demostrar esos atributos a los demás? No digas que eres un buen tío, eso es lo mínimo. Las chicas guapas tienen a “buenos tíos” alrededor 36 veces al día. El paciente se está desangrando en plena calle. ¿Sabes cómo operar o no?

“¡Pues yo no soy machista, ni racista, ni egoísta ni superficial ni agresivo como todos esos gilipollas que hay por ahí!”

Lo siento, sé que escuchar esto es duro, pero si todo lo que puedes hacer es enumerar una lista de defectos ajenos que no tienes, apártate del paciente. Hay un chico guapo e ingenioso con una prometedora carrera listo para hacerse cargo y operar.

¡Espera! ¡Te dije que no te pegaría!

¿Esto te rompe el corazón? Muy bien, ¿y ahora qué? ¿Vas a lamentarte por ello, o vas a aprender a parar una hemorragia? Depende de ti, pero no te quejes de que las chicas guapas se enamoren de capullos; se enamoran de esos capullos porque ellos tienen otras cosas que ofrecer. “¡Pero sé escuchar!” ¿Seguro? ¿Por sentarte silenciosamente al lado de una chica guapa para estar cerca de ella (y pasar cada segundo pensando lo suave que será su piel)? Adivina, hay otro tío en su vida que también sabe hacer eso, pero además toca la guitarra. Decir que eres un buen tío es como si el eslógan de un restaurante fuera “nuestra comida no te pondrá enfermo”. Eres como un estreno de cine cuyo título es “Esta película está en español” y el subtítulo es “Se ve claramente a los actores”.

Creo que es por esto por lo que puedes ser un “buen tío” y aun así sentirte fatal contigo mismo. Especificamente…

#3. Te odias a ti mismo porque no haces nada.

 

“Entonces, qué quieres decir, ¿que tendría que leer un libro sobre cómo ligar?”

Sólo si el primer capítulo del libro es “Empieza a convertirte en el tipo de persona que las chicas quieren tener alrededor”.

“Vamoooooos… sé que escondí una botella de vodka por aquí”

Porque ese es el paso que suele saltarse… siempre se dice “¿Cómo puedo encontrar trabajo?” y no “¿Cómo puedo convertirme en el tipo de persona que los empresarios buscan?”. Se piensa “¿Cómo voy a gustar a las chicas guapas?” en vez de “¿Cómo me convierto en el tipo de persona que gusta a las chicas guapas?”. Porque claro, la segunda premisa podría significar dejar algunas de tus aficiones favoritas y prestar más atención a tu aspecto, y Dios sabe qué más. Incluso podrías tener que cambiar tu personalidad.

“¿Pero por qué no puedo encontrar a alguien a quien le guste tal y como soy?”, preguntarás. La respuesta es “porque los humanos necesitan ciertas cosas”. ¿La víctima está desangrándose y tú te limitas a mirarla y quejarte de que las heridas de bala no se curan solas? Otro vídeo:

Todo el que ha visto este vídeo se ha sentido un poco más feliz, aunque no por las mismas razones. ¿Puedes causar el mismo efecto en la gente? ¿Por qué no? ¿Qué te impide ponerte un tanga y una capa y subirte a un escenario y agitar tu pene frente al público? Ese tío conoce el secreto para tener éxito en la vida: Que hacer lo que sea que pueda llamarse eso… es mejor que no hacer nada.

“¡Pero es que no destaco en nada!” Bien, tengo buenas noticias: Échale horas suficientes de práctica y serás más o menos bueno en cualquier cosa. Yo era el peor escritor del mundo cuando era niño. Sólo era un poco mejor a los 25. Pero mientras  fracasaba miserablemente en mi profesión, escribí en mi tiempo libre durante ocho años seguidos, un artículo a la semana, antes de llegar a hacer algún dinero con ello. Me llevó 13 años ser lo suficientemente bueno como para entrar en la lista de los más vendidos de The New York Times. Probablemente me costó unas 20.000 horas de práctica pulir mi mala escritura.

¿No te hace demasiada gracia emplear todo ese tiempo en desarrollar una habilidad? Bueno, tengo buenas noticias y malas noticias. Las buenas noticias son que el mero hecho de hacer algo te ayudará a salir de tu burbuja. Soporté años de tedioso trabajo de oficina porque sabía que estaba aprendiendo a hacer algo único mientras tanto. La gente abandona porque se tarda mucho en ver los resultados, porque no son capaces de ver que el proceso ES el resultado.

Las malas noticias son que no tienes otra alternativa. Si quieres trabajar aquí, cierra.

Porque en mi modesta opinión, no te odias a ti mismo porque tengas baja autoestima, o porque otra gente sea cruel contigo. Te odias a ti mismo porque no haces nada. Ni siquiera tú te quieres a ti mismo “tal como eres”… es por eso que sufres y me mandas mensajes privados preguntándome qué creo que deberías hacer con tu vida.

Paso 1: Levántate.

Haz el cálculo: ¿Cuánto tiempo dedicas a lo que han hecho otros (TV, música, video juegos, internet) frente a lo que haces tú mismo? Sólo uno de los dos te otorga valor como ser humano.

Y si no te gusta escuchar esto y respondes con algo que escuchaste de niño y que suena parecido a “¡Es el interior lo que importa!”, entonces lo único que puedo decir es…

#2. Tu interior importa en la medida de lo que consigas hacer gracias a él

Estando en el negocio en el que estoy, conoces a docenas de aspirantes a escritor. Se consideran a si mismos escritores, se presentan en sociedad como escritores, saben que en lo profundo de su ser, tienen alma de escritores. Lo único que les falta es ese pequeño detallito… escribir alguna puñetera cosa.

Pero, ¿realmente importa eso? ¿Es tan importante “escribir cosas” para considerar quién es un escritor y quién no lo es?

Por el amor de Dios, sí.

He conocido “escritores” que han producido menos texto que lo que hay en la lista de la compra de esta mujer.

Hay una réplica típica a todo lo que he dicho hasta el momento, y para cualquier voz crítica en tu vida. Es esa cosa que te dice tu ego para evitarte tener que hacer el trabajo duro de mejorar: “Sé que en el fondo soy una buena persona”. También puede formularse como “Sé quién soy” o “Tengo que ser yo mismo”.

No me malinterpretes; quién eres lo es todo. El tipo que construyó de cero una casa para su familia lo hizo por ser quien era. Toda cosa mala que has hecho en tu vida comenzó con un impulso negativo, algún pensamiento rebotando dentro de tu cabeza hasta que actuaste en consecuencia. Y toda cosa buena que hayas hecho es lo mismo. Quién eres es la metáfora para la tierra de la cual crecen tus frutos.

¿Te has fijado cómo la cámara apunta hacia arriba, y no hacia la base del árbol?

Pero he aquí lo que todo el mundo ha de saber, y lo que muchos de vosotros no aceptáis:

“Tú” no eres nada salvo tu fruto.

A nadie le importa tu tierra. “Quién eres en tu interior” no significa nada salvo aquello que produce para los demás.

En tu interior, eres una persona compasiva. Fantástico. ¿Se traduce eso en hacer algo al respecto? ¿Llega a tu conocimiento una terrible tragedia en tu sociedad y dices “Oh, esos pobres niños. Hacedles saber que están en mi pensamiento”? Porque si es así, que te jodan. Averigua qué necesitan y ayuda para que lo obtengan. Cien millones de personas vieron el vídeo “Kony” y prácticamente todos ellos llevaron a esos pobres niños africanos “en sus pensamientos”. ¿De qué sirvió la energía conjunta de todos esos “pensamientos”? Para una puta mierda. Mueren niños cada día porque millones de personas nos decimos a nosotros mismos que sentir compasión es lo mismo que actuar en consecuencia. Es un mecanismo interno controlado por la parte vaga de tu cerebro para evitarte el tener que hacer algo de verdad.

“Sólo quiero que sepa que la llevo en el pensamiento. Buena suerte. Hágame saber si eso la cura”.

¿Cuántos de vosotros estáis actualmente en la situación de andar diciendo “¡Ella/él se sentiría atraído por mí si supiera lo interesante que soy!” ¿En serio? ¿Cómo se manifiestan al exterior todos vuestros interesantes pensamientos e ideas? ¿Qué te llevan a hacer? Si la chica o el chico de tus sueños pusiera una cámara oculta que te siguiera a todos sitios durante un mes, ¿quedaría impresionado/a con lo que vería? Recuerda que no puede leer tu mente, sólo puede observarte. ¿Querría formar parte de esa vida?

Todo lo que te pido que hagas es aplicar el mismo rasero contigo mismo que aplicas a los demás. ¿No tienes un amigo religioso cuyo único gesto de ayuda a los demás es “rezar una oración”? ¿No te toca la moral? Ni siquiera entro en si las oraciones funcionan o no; no cambia el hecho de que ellos eligen ayudar en una manera en la que no tienen que moverse del sofá. Se abstienen de cualquier vicio, tienen buenos pensamientos, su interior es todo lo puro que puede ser, pero ¿que fruto da esa tierra? Deberían saberlo mejor que nadie… he copiado la metáfora del fruto de la Biblia. Jesús dijo algo así como “un árbol se juzga por su fruto” repetidas veces. Por supuesto, Jesús nunca dijo “si quieres trabajar aquí, cierra“. No, él dijo “Cada árbol que no de un buen fruto se corta y se arroja al fuego”.

La gente no reacciona bien cuando se les dice esto, igual que los comerciales no reaccionaron bien cuando Alec Baldwin les dijo que necesitaban echarle pelotas o resignarse a limpiarle los zapatos. Lo que nos lleva al último punto…

#1. Todo tu interior luchará contra el esfuerzo de mejorar.

La mente humana es un milagro, y nunca la verás emplearse con más belleza que cuando lucha contra la evidencia de que necesita cambiar. Tu psique está equipada con capas y capas de mecanismos defensivos diseñados para abatir cualquier cosa que quiera evitar que todo siga igual. Pregúntale a cualquier adicto.

Por lo que incluso ahora, algunos de los que estáis leyendo esto os encontrais conque vuestro cerebro os bombardea con razones para rechazarlo. Desde mi experiencia, puedo ver que esas razones vienen a ser algo así como…

*Interpretación intencionada de la crítica como un insulto

“¿Quién es este tío para llamarme vago e inútil? Una buena persona nunca me hablaría así. Escribió todo esto para sentirse superior a mí y hacerme sentir mal por cómo llevo mi vida. ¡Voy a pensar mi propia crítica para igualar las cosas!”

*Centrarse en el mensajero para evitar escuchar el mensaje

“¿Quién es ESTE tío para decirme a MÍ cómo vivir mi vida? ¡Ni que él fuera un santo! No es más que un don nadie de internet. Voy a encontrar algo sobre él con lo que reafirmarme de que es estúpido y que todo lo que dice son estupideces. Este tipo es tan pretencioso que me dan arcadas. ¡Vi su viejo video de rap en YouTube y sus rimas son una porquería!”

*Centrarse en la forma para evitar escuchar el fondo

“Voy a buscar en el artículo hasta encontrar algún chiste que resulte ofensivo sacado de contexto y hablaré y opinaré sólo sobre eso. He escuchado que una simple palabra ofensiva puede hacer pasar desapercibido el resto del libro”.

*Pintar las cosas de color de rosa

“¡Las cosas no están tan mal! Sé que amenacé con suicidarme el mes pasado, pero ahora me siento mejor. Es totalmente posible que si sigo igual que hasta ahora, las cosas mejoren más tarde o más temprano. Tendré mi gran oportunidad, y si sigo haciendo favores a esa chica guapa, al final le gustaré!”

*Pretender que cualquier esfuerzo por mejorar de alguna forma signifique traicionarte a ti mismo

“Ajá, ¿así que se supone que tengo que deshacerme de todos mis cómics manga y empezar a ir al gimnasio seis horas al día y darme un bronceado falso como todos esos gilipollas de Jersey Shore? Porque claro, ESA ES LA ÚNICA ALTERNATIVA”.

Y muchas más. Recuerda, la tristeza es cómoda. Es por lo que tanta gente la prefiere. La felicidad necesita esfuerzo.

Y también necesita valor. Es increíblemente cómodo saber que mientras no crees nada, nadie podrá criticar lo que hayas creado.

Es mucho más fácil sentarse a criticar las creaciones de otros. Esta película es estúpida. Los niños de esa pareja son unos malcriados. La relación de esa otra pareja es un desastre. Ese ricachón es un superficial. Este restaurante es una mierda. Este articulista de internet es un capullo. Mejor dejo un comentario hiriente para exijir que lo despidan. Ves, he creado algo.

Oh, espera, ¿se me olvidó mencionarlo? Cualquier cosa que trates de crear o desarrollar, ya sea un poema, una nueva habilidad, o una nueva relación… te encontrarás inmediatamente rodeado de no-creadores que lo denostarán. Quizás no lo harán en tu cara, pero lo harán. Tus amigos borrachuzos no quieren que te vuelvas abstemio.  Tus amigos gordos no quieren que empieces una dieta y hagas ejercicio. Tus amigos parados no querrán ver que te embarcas en una carrera.

Simplemente recuerda que únicamente están expresando su propio miedo, ya que denostar el trabajo de otros es una excusa más para no hacer nada. “¿Por qué debería crear yo nada cuando las cosas que crean otros apestan? Podría haber escrito una novela ya, pero voy a esperar a tener algo bueno, ¡no quiero escribir algo como Luna Nueva!”. Mientras no produzcan nada, su trabajo será siempre perfecto y estará por encima del reproche. O si producen algo, se encargarán de hacerlo guardando las distancias. Harán algo intencionadamente malo para dejar claro a todo el mundo que ese no es el verdadero fruto de su esfuerzo. El verdadero fruto de su esfuerzo habría sido impresionante. No como la porquería que haces tú.

Lee los comentarios a nuestro artículo. Cuando se vuelven desagradables, es siempre desde el mismo ángulo: Cracked tiene que despedir a este columnista. Este capullo tiene que dejar de escribir. No hagáis ningún video más. Al final siempre es “Dejad de crear. Esto es diferente de lo que yo habría hecho, y la atención que estáis recibiendo me está haciendo sentir mal conmigo mismo”.

No seas esa persona. Si eres esa persona, no seas esa persona por más tiempo. Esto es lo que hace que los demás te odien. Esto es lo que hace que te odies a ti mismo.

¿Qué harías con esto? ¿Perseguir brujas o inaugurar las Olimpiadas?

Qué tal esto: Un año. El fin de 2014, esa es nuestra meta. O un año a partir de la fecha en que leas esto. Mientras otra gente te dice “¡Hagamos una propuesta de Año Nuevo para perder 10 kilos!” yo te digo que te comprometas a hacer ALGO, joder… Desarrollar una habilidad, adquirir una mejora para tu caja de herramientas humana, y ser lo suficientemente bueno en ello para impresionar a la gente. No me preguntes el qué… maldita sea, escoge algo al azar si no sabes qué hacer. Toma clases de kárate, o baile de salón, o alfarería. Aprende a usar el horno. Construye una pajarera. Aprende a dar masajes. Aprende un lenguaje de programación. Rueda una peli porno. Hazte superhéroe y lucha contra el crimen. Comienza un videoblog en YouTube. Escribe para Cracked.

Pero la clave es, no que te centres en conseguir algo grande para ti mismo (“Voy a encontrar una novia, voy a hacerme rico…”) sino que simplemente te centres en dotarte de una habilidad que te haga tan sólo un poco más interesante y valioso para otras personas.

Hostia puta, ¡aprendiendo español puedo hablar con 400 millones de personas con las que antes no podía!

“No tengo dinero para tomar clases de cocina”. Entonces busca en el puto Google “cómo cocinar”. Ahora han filtrado el porno, es más fácil que nunca. Joder, tienes que acabar con esas excusas. O ellas acabarán contigo.

‘Gravity’

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No hace muchas semanas el trailer de ‘Gravity’ (Alfonso Cuarón, 2013) me cogió totalmente por sorpresa en la sala de cine, momentos antes de ver esa oda a los mechas que es ‘Pacific Rim’ (Guillermo del Toro, 2013). Llevo un tiempo desconectado de la actualidad cinematográfica y ni siquiera sabía que existía el proyecto, y el trailer me dejó sin aliento. Me pareció soberbia la escena que adelantaban y sobre todo, lo minimalista del trailer, que mostraba lo justo para dejar con la boca abierta y con ganas de más.

Llegó el día de que se estrenara en los cines y por fin pude disfrutar de la cinta, en un 3D que refundaba su concepción comercial a fin de convertirse en un elemento más de la narración. Una narración fastuosa, hiperbólica, inmersiva y técnicamente sobresaliente, al servicio de un mensaje de hondo calado expuesto de manera honesta y abierta: Renacer tras la adversidad, superar el vacío existencial y tomar el control de nuestra existencia.

Atención, a partir de aquí describo e interpreto la trama con detalle. Esta entrada está dirigida a quien ya ha visto la película. Si no es tu caso, por favor, no sigas leyendo y corre al cine.

Primera parte.

El personaje de Sandra Bullock, la doctora Ryan Stone, es una brillante profesional que se ve abocada en ambarcarse en una misión espacial después de que la NASA cancelara la inversión en su laboratorio y le ofreciera el puesto de ‘mission specialist’ como salida. Durante unas tareas de mantenimiento del telescópio Hubble, el Control de Misión en Houston informa a los astronautas que debido a la destrucción de un satélite se ha producido una nube de escombros que viaja en órbita terrestre a miles de kilómetros por hora. En principio, parece que no se cruzarán en su camino, pero pasados unos minutos, Houston advierte que los resultados de la explosión han causado una reacción en cadena imprevisible al dañar otro satélite que a su vez también viaja despedazado hacia su posición, con el grave peligro que esto implica. Sin casi tiempo para reaccionar, los tripulantes de la nave espacial tienen que ponerse a salvo, pero es demasiado tarde y la nube de escombros acaba con la vida de varios de ellos, destroza la nave y pone a la doctora Stone y al veterano comandante Matt Kowalsky (George Clooney) en una desesperada lucha por sobrevivir.

Tras la primera catástrofe, Kowalsky arriesga su vida para rescatar a Stone, que ha salido despedida hacia el vacío y se encuentra en estado de shock, incapaz de tranquilizarse y tomar el control de la situación, tan siquiera de comunicarse por radio. Kowalsky no sólo la rescata físicamente, sino que actúa de ancla emocional y psicológica gracias a su veteranía y madurez mientras toma la iniciativa de cara a la supervivencia de ambos. En definitiva, se alza como una figura paternal sobre una Stone inhabilitada para cuidar de sí misma, atrapada por el temor y la inseguridad, retraída a un estado de infantilidad. Iniciando una maniobra arriesgada de acercamiento a los restos de su nave, con objeto de rescatar el cadáver de un compañero y pedir ayuda, ambos viajan por el vacío conversando sobre sus vidas. Kowalsky trata de que Stone mantenga la calma y controle su respiración para que no acabe con sus ya diezmadas reservas de oxígeno, cosa que apenas logra.

Durante el desplazamiento, Stone confiesa a Kowalsky que perdió a su hija de cuatro años por un golpe en la cabeza ocasionado por un simple tropiezo. La insignificancia y lo fortuito del accidente es tan desproporcionado a su fatal desenlace que el impacto emocional devastó aún más a Stone. Admite que desde entonces vive como un autómata una existencia fría y vacía, una vida más propia de una máquina que de un ser humano. “Voy allí donde me dicen. Mi vida es levantarme, coger el coche, y conducir. Simplemente, conduzco”. El plan es alcanzar al ISS y utilizar la Soyuz para la reentrada. Desafortunadamente, la cápsula desplegó el paracaidas y esto impide una reentrada segura, por lo que tendrán que utilizarla para llegar a la estación china y utilizar su cápsula para la reentrada.

La nube de escombros completa un giro orbital y les sorprende de nuevo cuando han alcanzado los restos de la ISS. La fuerza del choque provoca una fuerza centrífuga que amenaza con enviarlos a ambos a la deriva y Kowaslky decide sacrificarse para que Stone consiga aferrarse a la nave y sobrevivir. Kowalsky desancla el mosquetón que le unía a Stone, y metafóricamente, rompe el vínculo que los mantenía unidos. Mientras se aleja a la deriva, Kowalsky le radia mensajes de ánimo, fuerza y coraje para que Stone luche por su vida. Ella logra aferrarse a la Estación a pesar de la traumática pérdida. Al límite de su resistencia, observa que el paracaídas de la Soyuz está enredado en la ISS y se ve obligada a desconectarlos. Logra llevarlo acabo y entrar por una esclusa. Acuciada por la falta de oxígeno del traje y la experiencia traumática que ha vivido, siente la necesidad de despojarse de él como ritual de limpieza, se desnuda y adquiere una posición fetal que la relaja y tranquiliza mientras respira profundamente. Es un nuevo comienzo para la doctora Stone, ahora en un estado de “gestación” previo a su renacimiento.

Segunda parte.

El objetivo de Stone es operar la nave Soyuz que está acoplada a la ISS para llegar hasta la estación china Tiangong. Stone se mueve por el interior de la nave de manera pausada y tranquila, sientiéndose a salvo, pero al poco de entrar en la ISS, los daños causados por la nube de escombros provocan un incendio que se extiende por toda la estructura. Stone tiene que luchar contra el fuego y la destrucción para alcanzar la Soyuz de manera desesperada. Su esfuerzo da resultado y logra alcanzar el habitáculo, dentro del cual se prepara para desacoplarse de la estación. No entiende las instrucciones ni el cuadro de mandos escrito en ruso, pero tiene unas nociones básicas gracias a unos ejercicios de entrenamiento que actúan a modo de instinto primario y opera los cohetes. La fatalidad se hace presente de nuevo cuando la falta de combustible no le permite llevar a cabo su plan. Stone sucumbe y se rinde. Decide suicidarse e inicia la decompresión de la cabina para morir indoloramente por hipoxia. Entrando en la somnolencia debida a la falta de oxígeno, Stone tiene una alucinación en la que Kowalsky aparece en la Soyuz y le revela cómo usar los cohetes auxiliares de aterrizaje para impulsar la cápsula hacia la Tiangong. La alucinación entremezcla el recuerdo soterrado del entrenamiento sobre la Soyuz con el recuerdo reciente de la persona de Kowalsky, lo que revela que su subconsciente está tomando el control de su instinto de supervivencia. Con fuerzas renovadas, Stone pone rumbo a la Tiangong. Debido a que la estación comienza a caer hacia la Tierra, Stone es incapaz de acoplar la Soyuz. Con valentía, voluntad de sobrevivir y con su nueva actitud se eyecta de la Soyuz y valiéndose de un extintor como método de propulsión, alcanza la cápsula china Shengzou, asumiendo un riesgo inconmesurable. Sin la más mínima pista al estar todo en chino, un idioma que desconoce por completo, reúne coraje e instinto y opera la cápsula. Lleva a cabo la reentrada rodeada de escombros de la Tiangong, que se ha deshecho en la entrada, en una nube de partículas similar a una lluvia de meteoritos y emerge del mar en un paisaje prehistórico, alejado de cualquier signo de civilización. Debido a la estancia en el espacio, lucha por ponerse en pie venciendo su propio peso y se alza como un ser humano completamente nuevo.

Análisis.

Toda la primera parte está cargada de simbología sobre el estado de incompetencia emocional de Stone y su insuficiencia personal. Su dependencia de Kowalsky, materializada por la cuerda que los une y las veces que le salva la vida es tan patente como el contraste entre la personalidad de uno, equilibrado, maduro, de vuelta de todo y capaz de disfrutar de cada pequeña o gran cosa que se le pone delante, y una doctora Stone apática, autómata, anclada en su luto interior. La segunda mitad de la película expone una tesis incontestable: No se puede vivir en un trauma constante, alimentándonos diariamente de la autocompasión y comportándonos como máquinas poco más que meramente funcionales. El personaje de Bullock quedó devastado por la pérdida que sufrió y desde entonces está alimentándose del drama personal, consumiéndose a sí misma. Es insegura, siente miedo, se colapsa. Lo expone perfectamente hablando con Clooney: “Mi vida es levantarme, coger el coche, y conducir. Simplemente, conduzco”. El paradigma de estar muerto en vida, de huir hacia delante, de ser un fantasma de lo que fue en otro tiempo y que simplemente, vaga. Y esta tesis concluye que eso no es humano y quien lo sufre está deshumanizado. Lo humano es luchar, superar adversidades y levantarse cuantas veces haga falta. Levantarse es rehacerse, y rehacerse es renacer. Por eso Bullock nace de nuevo en una alegoría diáfana (deliberadamente clara) cuando tiene que superar su propia muerte, no la física sino la psicológica, que asume cuando intenta suicidarse bajando los niveles de oxígeno de la Soyuz. Toda su gestación comienza desde el momento en el que tiene que tomar las riendas de la situación: Clooney muere porque la figura paternal, protectora, vinculante, aquella que la ata a un estado de dependencia y por lo tanto, debilidad y vulnerabilidad confortables, tiene que desaparecer para que se valga por ella misma. Y la catársis del personaje a través de su gestación regresiva se convierte en alegoría de la especie humana. No en vano, cuando Bullock ameriza y alcanza tierra firme, el lugar está completamente desprovisto de civilización, un paisaje que aparenta ser una estampa de ese mundo en el que comienza la evolución de las especies. Bullock llega del espacio en una “lluvia de meteoros” como se especula que llegó la vida a la Tierra. Interesantísimo el planteamiento de fondo, Bullock se va enfrentando no sólo a su gestación regresiva como un modo de reinicio vital, sino a la involución de la especie humana en conjunto, dada la lucha que lleva a cabo con las máquinas al principio y luego con elementos más profanos como el fuego o el agua.

El componente más sensible de la narración, la hija de Stone y su patética muerte, cimentan el trauma que la tiene sumida en una “no existencia”. Tenía que ser la negación de la muerte más traumática, la de alguien a quien ella dio la vida, el punto de partida inequívoco de una historia que se cierra cuando la protagonista aprende a querer seguir viviendo y a volver a nacer cuantas veces hagan falta. Un círculo perfecto.

Tratando estos temas, Cuarón, de forma muy inteligente, otorga un papel tangencial a la espiritualidad. La religión, retratada por un sencillo Buda presente en la Shengzou que Stone advierte durante la reentrada, es decir, al final de su proceso personal (cuando Stone ha completado su renacimiento y es autosufciente), actúa como elemento externo, de acompañamiento, pero nunca como acicate de la protagonista ni como ayuda activa. Stone lo consigue todo por sí misma y desprovista de otra fé más que la que tiene en sus propias capacidades.

En definitiva, ‘Gravity’ es una apuesta por nosotros mismos.